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Capa de ozono


 Por La Tribuna

Una de las primeras manifestaciones de los cambios experimentados en el mundo por las acciones del hombre fue el debilitamiento de la capa de ozono, situación especialmente sensible en nuestro país debido a que las consecuencias de este fenómeno se hicieron particularmente notorias en esta parte del globo terráqueo.

Esta capa natural de gas presente en la parte superior de la atmósfera protege a los seres humanos y a otros seres vivos al ser capaz de filtrar la radiación ultravioleta (UV) del sol que, de lo contrario, es nociva para la vida en la tierra.

Cuando aún no se escuchaba hablar del concepto de cambio climático, en la opinión pública nacional se instaló en los años 80 y 90 la idea de un agujero en la capa de ozono que se concentraba en la zona sur y austral de nuestro país. Era la consecuencia directa del uso de los clorofluorocarbonos (CFC), ampliamente empleados en los sistemas de refrigeración a nivel mundial.

En el contexto actual, este asunto cobra especial relevancia por lo que representa asumir un desafío ambiental de semejante envergadura, pero que debe considerarse en su globalidad.

De ahí que cada 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, tema que ahora se liga indefectiblemente al cambio climático, los gases de efecto invernadero, la vulnerabilidad climática y el dióxido de carbono.

El académico e investigador Sebastián Elgueta hizo notar que, si bien la agricultura chilena ha buscado adaptarse a la vulnerabilidad climática mediante el uso de mallas, rafias, cintas, invernaderos, micro/macro túneles, mulch de plástico y films agrícolas, para incrementar la calidad de frutas y hortalizas, existe una paradoja frente al destino final de estos materiales. Es que, según el experto, una cantidad significativa de los plásticos agrícolas se terminan quemando en Chile, dando origen a un serio problema ambiental que también deteriora la capa de ozono producto de esa combustión.

A pesar de tener en vigencia la Ley de Responsabilidad Extendida del Producto (REP), el especialista sugiere que, a nivel país, se deben crear políticas públicas, reglamentos y nuevos sistemas de vigilancia ambiental que permitan dar seguimiento a los impactos de estos materiales debido a la combustión y generación de micro-plásticos que pueden afectar los cuerpos de agua, la fertilidad del suelo y los alimentos.

Ciertamente que para generar estas instancias, es imperativo tener la colaboración e integración de varios ministerios, no solo el de Medio Ambiente, sino también los de Agricultura y Salud.

El objetivo de estas mesas interministeriales es convocar a todos los actores público-privados que son parte de la cadena de valor del plástico agrícola en Chile. Uno de los productos de estas instancias de discusión y diálogo son la generación de Acuerdos de Producción Limpia (APL), así como centros de acopio, procesamientos y reciclaje, no solo a nivel de la Región Metropolitana, donde se concentra la mayor parte de esta infraestructura, sino que a lo largo del país, además de instancias de fomento para valorizar estos residuos bajo el concepto de economía circular.

Bajo el escenario actual, si se incrementa el uso del plástico en la agricultura chilena siguiendo modelos intensivos como en Europa, tendremos un efecto boomerang. Por una parte, se tendrá una reducción de plásticos de un uso a nivel país, sin embargo, habrá residuos de plásticos provenientes de la agricultura, lo que podría generar un impacto mayor en la debilitada capa de ozono.

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