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Editorial

Restricción vehicular


 Por La Tribuna

La restricción en el tránsito vehicular en las ciudades de Chillán y Chillán Viejo se comenzó a implementar a mediados del año pasado como parte del conjunto de medidas para contener la movilidad, a raíz del aumento de contagios de Covid-19 en las urbes mayores de la región de Ñuble.

Fue parte de una campaña elaborada solo en ese territorio que consideró otras disposiciones cuyo propósito estuvo limitado a responder a la compleja situación sanitaria por la pandemia. Se inició en junio de 2020 y fue levantada a fines de abril de este año.

A raíz de la creciente congestión vehicular en Chillán, que se replica en la ciudad de Los Ángeles, es que los alcaldes de ambas comunas, Camilo Benavente y Esteban Krause, respectivamente, han planteado la necesidad de implementar esa medida.

Es que la pandemia ha sido también el detonante del aumento de vehículos circulando por las calles, empujado por los retiros de los fondos previsionales y como una forma de evitar las aglomeraciones en el transporte público.

Ambos jefes comunales han lanzado dicha propuesta en el entendido que así se conseguirá reducir los niveles de circulación para calles y avenidas que se han visto sobrepasadas en su capacidad de soportar más móviles. Se trata de un problema que año a año se va incrementando.

A modo de ejemplo, si a fines de los años ’80 en Los Ángeles se pagaban cinco mil permisos de circulación anuales, en este 2021 fueron más de 60 mil. Y sin contar con que a la capital provincial arriban cientos de automóviles, buses y camiones desde las comunas vecinas, lo que supone una presión adicional a las calles de la ciudad.

Ciertamente que las aglomeraciones, congestiones y tacos, especialmente en las horas peak, son parte de la cotidianeidad en la vida en las grandes urbes que deben realizar ingentes inversiones en calles y avenidas para mejorar la conectividad vial.

En ese marco, hay que tener presente que la eventual implementación de la restricción vehicular es una medida parche, una medida de temporal para resolver un problema evidente pero que no se debe concebir como una solución en sí misma.

La decisión de implementar esta restricción, según precisaron las autoridades del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, está dentro de las atribuciones del gobernador regional que deberá manifestar su punto de vista, al menos en lo que compete a Los Ángeles.

Sin embargo, más allá de su implementación práctica, se deben propiciar soluciones de fondo. Porque la decisión de limitar la circulación genera el efecto de que las familias ya no se conforman con un vehículo, sino que procuran tener otro que evite esas restricciones.

En consecuencia, la clave está en fortalecer el transporte público y en propiciar otras modalidades de traslado, como la bicicleta. Se necesitan taxibuses que cumplan con estándares de calidad de servicio y de frecuencia de viajes que se conviertan en una verdadera opción para los usuarios.

Los Ángeles es parte de la veintena de ciudades intermedias en el país que, dado su tamaño, aún están a tiempo de ser intervenidas con políticas públicas profundas y efectivas para facilitar el traslado de las personas. Eso obliga a planificar, desde ya, la ciudad con una mirada de largo plazo que responda a ese requerimiento. Ahí debe estar el foco.

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