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Editorial

Fase 4


 Por La Tribuna

Cuando en abril y mayo pasado la pandemia del Covid-19 estaba en su peak, se vislumbraba como demasiado lejano volver a algo parecido a la normalidad.

En esos días tan aciagos, los contagios por jornada subían como la espuma y los casos de contagiantes se mantenían en niveles francamente preocupantes. Lo peor sucedía en los hospitales donde los equipos médicos recibían a diario a pacientes contagiados que necesitaban atención especializada debido al agravamiento de su estado de salud. En los casos más extremos, necesitaban apoyo de ventiladores mecánicos para respirar y mantenerse con vida. Sin embargo, pese a los desesperados esfuerzos del personal de Salud, muchos no pudieron soportarlo y fallecieron.

Como si el calvario de la enfermedad no fuera suficiente, los parientes de los fallecidos debían consolarse con despedirlos a la distancia o en un número muy reducido debido a las estrictas restricciones establecidas por la Autoridad Sanitaria.

En la perspectiva del tiempo, esas jornadas fueron francamente terribles y no existe un punto de referencia para comparar lo vivido. Quizás solo se pueda homologar a lo vivido con otras pandemias ocurridas hace tantas décadas atrás que parecen haber quedado en el olvido.

Cuando iniciamos el octavo mes de este año, el panorama es diametralmente opuesto. Afortunadamente en estos últimos dos meses, los indicadores sanitarios comenzaron a experimentar una lenta pero sostenida mejora que ha derivado en que los casos diarios y los de contagiantes se reduzcan a los niveles de hace más de un año cuando la pandemia recién estaba en ciernes. Lo más positivo es que, por fin, ha bajado la cantidad de casos graves y, aparejado a lo anterior, la presión sobre la Red Asistencial que durante meses estuvo viviendo una situación extrema. 

Poco a poco, las comunas de Biobío fueron saliendo de su confinamiento total para dar paso a paulatinos levantamientos de las medidas de restricción de desplazamiento. En la jornada de ayer lunes, el Ministerio de Salud informó que Los Ángeles avanzó a fase cuatro, es decir, desde el miércoles se tendrá la alternativa de mayores aforos en espacios privados y públicos. De esta manera, la capital provincial se suma a Antuco, Santa Bárbara y Mulchén que ya gozaban de semejante estatus. El resto de las comunas de Biobío transita hacia estados similares de libertad y solo es cuestión de tiempo para que el desconfinamiento sea más progresivo.

Sin duda que se trata de un hecho tremendamente positivo después de tantos meses de temor e incertidumbre. Un alivio para quienes debieron estar encerrados por meses que pueden volver a recorrer los parques y plazas, para los emprendimientos que subsistieron apenas a los cierres forzosos y que ahora, observan una luz al final de ese largo túnel que ha sido la pandemia.  

Sin embargo, en este caso corre una premisa que no se debe perder de vista en ningún momento: a mayor libertad, más responsabilidad. Hasta no tener la absoluta certidumbre que el Covid-19 ha sido totalmente controlado, no se debe bajar la guardia. El uso de mascarillas, el lavado o sanitización de manos y evitar las aglomeraciones, aunque repetidas hasta el hartazgo, debe ser una norma obligatoria. No queda otra opción. No existe una alternativa distinta. Ser responsable es tarea de todos.

Especial Coronavirus

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