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Editorial

Memoria del ex Liceo de Hombres


 Por La Tribuna

El ex Liceo de Hombres de Los Ángeles, ahora conocido como Liceo A-59 o Bicentenario, es parte del alma más representativa de la capital de la provincia de Biobío. No en vano, es la institución local más antigua que perdura y continúa más vigente que nunca hasta nuestros días.

Su puesta en marcha fue un verdadero rayo de luz en medio de épocas convulsas, una bocanada de aire fresco en tiempos en que, básicamente, se luchaba por subsistir en medio del aislamiento y la incertidumbre.

Sólo las familias más acomodadas podían darse el lujo de pagar la educación de sus hijos en colegios de Concepción, Chillán o Santiago. La mayor parte de la población, que vivía en la miseria, no sabía leer ni escribir.

Pese a la urgencia de contar con un establecimiento educativo, recién en 1864 se obtuvo el compromiso formal de las autoridades nacionales para que Los Ángeles tuviera un Liceo dedicado a la formación de sus niños y jóvenes. Sin embargo, el cumplimiento de dicho compromiso tardó un lustro en hacerse realidad. Falta de recursos e innumerables trabas burocráticas fueron dilatando su implementación. Recién, con el decreto N° 16 del 26 de enero de 1869, formalmente se creó el Liceo de Hombres, llamado entonces “liceo de segunda clase provincial de Arauco”. También se designó a su primer rector, Diego Recabarren, cuyo nombre se puede encontrar en un pasaje de la población O’Higgins.

En marzo de ese año se realizaron las primeras clases, específicamente en el costado sur de la plaza de armas, adyacente a los terrenos que ocupaba el regimiento (donde ahora están los edificios públicos). Después, estuvo en una propiedad de la señora Adelaida Gómez, por calle Colón, sobre el estero Quilque. Otro lugar fue la casa de la familia Contreras, en Colón con Caupolicán. También se hicieron clases en las instalaciones donde ahora se encuentra el hotel Alcázar y que, en su tiempo, albergó al hermoso del edificio de la intendencia, destruido por el terremoto de 1939.

Recién en 1923, cuando se terminó de construir el imponente edificio situado en el costado norte de la Plaza de Armas, los estudiantes por fin terminaron su itinerancia y contaron con un lugar definitivo y pensado para fines educativos. Años más tarde se le añadió el internado. En 1967, se produjo el último traslado hasta las instalaciones de la avenida Ricardo Vicuña donde se encuentra en la actualidad.

En sus aulas se educaron generaciones de jóvenes que después, fueron un aporte sustantivo para el desarrollo del territorio y el país. Desde científicos hasta Presidentes de la República, como Carlos Dávila, incluidos dos premios nacionales de literatura, entre otra larga lista de personalidades.

De ahí que sea tan valioso el esfuerzo de la Corporación Cultural Municipal de Los Ángeles para rescatar la memoria de ese establecimiento educacional. A través de una convocatoria, se invita a los ex alumnos a compartir las imágenes de ese tiempo, así como a recopilar los relatos de las viviendas en esta verdadera institución angelina. Se agradece el esfuerzo porque a partir de ese trabajo, será posible reconstruir la vida de ese lugar no solo desde la perspectiva de la institución, sino que a partir de lo que fue su razón de ser, de sus propios protagonistas, de los alumnos que llenaron sus aulas.

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