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Editorial

El agua: nuestra gran riqueza

Claudia Robles Maragaño [email protected]


 Por La Tribuna

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El lago Laja es nuestra gran reserva para la generación eléctrica pero también dependen de él, innumerables actividades asociadas al riego, las labores productivas, agrícolas y turísticas.

Su correcta administración, a juicio de los regantes, está condicionada a la conformación de la esperada Junta de Vigilancia, que aseguran, permitiría una correcta y adecuada distribución para que, en la época de sequía o escasez, afecte a todos por parejo, bajo el amparo de la ley.

El lago Laja, es el embalse más grande del país y una de las mayores fuentes de energía eléctrica de Chile. En años críticos, era tal su condición, que en una de las peores crisis, hizo mermar las aguas que caían por el conocido salto que lleva su nombre, enseñando una de las peores postales de la historia, con tímidos hilos que caían desde la altura, quedando sólo en el recuerdo los imponentes saltos de agua, que atraían a cientos de turistas a hacer un alto en la ruta para refrescarse en sus aguas o tomarse fotografías.

Los enemigos de la cuenca son el cambio climático, las sequías y los proyectos que pretenden llevarse el agua de ella.

Para los usuarios del río Laja, la condición sólo se puede enfrentar en la unidad, trabajando en favor de nuestra región, de la provincia, de nuestra cuenca, comunidades y del mundo rural.

Actualmente se espera que los años de conversaciones entre los involucrados en el uso de las aguas, lleguen a buen puerto, y que prime el bien común, dejando atrás las discusiones y las promesas, logrando finalmente concretar la anhelada conformación de la Junta de Vigilancia del río Laja. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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