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Editorial

Femicidios: el eco de un llamado social

Marcela Vidal Rebolledo


 Por La Tribuna

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Los delitos deben ser sancionados dependiendo de las causales, sin embargo, cuando estos atentan contra una vida, ¿qué debemos esperar?

Vanessa Castillo fue una sobreviviente de femicidio que puede contar otra historia y esbozar nuevas sonrisas, a diferencia de otras mujeres de nuestro país que no tuvieron dicha oportunidad. Sin embargo, después de ser brutalmente atacada, su agresor, expareja y padre de sus dos hijos arriesga una pena de tan solo 10 años y un día bajo la causal de femicidio frustrado.

Diez años que equivalen a soportar una vida con recuerdos dolorosos y una recuperación llena de torturas, luego de recibir cerca de 19 puñaladas en diferentes partes de su cuerpo y pasar por otras operaciones de complejo carácter, que la tuvieron por horas y minutos entre la vida y la muerte.

Una historia que, por muy cruda que sea, todos distinguen en medio de la prensa, campañas y portales. Sin embargo, en la vida real es poco percibida y nadie se atreve a denunciar por temor o vergüenza de acercarse a las víctimas, que guardan en ciertas actitudes una mochila con pesares, carencias, miedos y un mar de confusiones que se mantienen en una mezcla de sentimientos como el amor y el miedo a ser dañadas ellas o sus seres queridos.

Sentimiento, hechos y causas similares que llevaron a la actual cifra nacional de 42 mujeres que murieron el 2018 y otras seis que se sumaron en lo que va de este año.

Un índice que equivale a madres, hijas, primas o amigas que no tuvieron la oportunidad de seguir con sus proyectos y metas, ni podrán contar una historia que deje una enseñanza a tantas otras que se esconden en una sociedad que ignora muchas cosas.

Entre estos escasos casos hay algunas historias como las relatadas por Vanessa, quien hoy esconde bajo su femineidad las cicatrices de un arma blanca, o como las de Nabila Rifo, quien jamás podrá volver a ver la luz, y otras que se guardan en el anonimato, sin embargo, todos estos casos convergen en la necesidad de realizar necesarias denuncias o asistencia profesional para poder darlos a conocer.

Denunciar, una palabra que para muchas mujeres que viven esta realidad es casi imposible por temor, necesidad o miedo a dejar todo un mundo que rodea a una familia o a un entorno que muchas veces pareciera perfecto en actitudes, y una historia de vida plena.

Un acto que muchas veces puede salvar una vida, sobre todo en una semana en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, fecha que recuerda a nivel mundial la importancia de los derechos de la mujer y la igualdad de género frente a los hombres, y cómo el rol de cada uno en la sociedad debe ser íntegro, igualitario y marcado por los respetos.

Sin embargo, en nuestro país, ante la sangre de mujeres derramada ante sus parejas, este día se vuelve un eco de voces que quieren frenar una marcha de tristeza y llagas que no se pueden sanar en cuerpo y alma.

Para aquellas sobrevivientes, sin duda hay que exigir más justicia que impregne en dichas sentencias la justicia para aquel mínimo porcentaje de mujeres que logró seguir adelante por una cuestión del destino.  

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