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Editorial

Ciclistas en peligro

 Se pretende que la accidentabilidad baje, pero de la manera tan simple en que se puso en marcha la normativa, sin sociabilizar, lo más probable es que aumente. Los ciclistas están obligados a ir por la calle, en vez de las veredas y las consecuencias pueden ser desastrosas.


 Por La Tribuna

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La entrada en vigencia de la nueva Ley de convivencia vial, que pretende dar un orden a las diferentes formas de circulación que está teniendo la ciudadanía, en la práctica, es muy difícil de aplicar. Esto porque no existe una real conciencia y cultura, ni siquiera entre los propios automovilistas, por lo cual, es muy complejo que se respete a los usuarios de las bicicletas.

La provincia de Biobío, tiene más de 350 mil habitantes y una impactante cifra de vehículos que supera las 100 mil unidades. Se tiende a pensar que muchos de estos automóviles son de empresas, pero eso es un mito. El 90% corresponde a particulares.

Frente a esta cifra del parque vehicular, sumado a las ciudades saturadas y la nueva normativa sin campaña de concientización, definitivamente, se está exponiendo a los ciclistas a graves accidentes e incluso la muerte.

Para quienes transitan por Los Ángeles, en más de una oportunidad han visto como los ciclistas son sacados de la vía por autos o micros. Ahora, al ir por la calle, se transforman en estorbo para quienes tienen la costumbre de acelerar en los espacios que se abren o en los semáforos en luz amarilla.

Nadie podría decir que el espíritu de la ley es negativo. Todo lo contrario. Apunta a crear mayor conciencia y eso es indiscutible. Sin embargo, los chilenos necesitamos que nos digan por todos lados que hay que tener el cambio de cultura.

Se pretende que la accidentabilidad baje, pero de la manera tan simple en que se puso en marcha la normativa, sin sociabilizar, lo más probable es que aumente. Los ciclistas están obligados a ir por la calle, en vez de las veredas y las consecuencias pueden ser desastrosas.

Deberíamos ser una sociedad un poco más empática con este tipo de cambios positivos, pero lamentablemente, cuando nos vemos enfrentados a estas normativas tan comunes en los países desarrollados, mostramos nuestro lamentable retraso social.

Al gobierno le toca una tarea. Para dictar leyes que cambian la forma de vida de las personas, se requiere de un trabajo mayor y no sólo que se concentre en Santiago o las grandes capitales regionales. Chile es más grande que eso.

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