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Editorial

El canal de todos y para todos

TVN es un gran canal, nuestro orgullo que lleva la señal a todo el mundo y que ha estado en los episodios más importantes de la historia moderna. Para sacar adelante esta señal hay que ser menos político y comenzar a crear y soñar las nuevas ideas.


 Por La Tribuna

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Caminar por los pasillos de TVN no debe ser nada fácil. La incertidumbre de los despidos es una ruleta rusa, es decir, a cualquiera le puede tocar. La televisión actual, sacudida fuertemente por la llegada de los contenidos on line o servicios de streaming, la han hundido cada vez más. Prácticamente, en Chile no hay ninguna señal que no esté con cifras rojas. Algunos más extremos, piensan que la televisión como la conocemos desaparecerá en el transcurso de algunos años, y puede que así sea.

Ahora bien, cuando se habla de televisión pública, saltan muchas voces hablando de la calidad que tienen que tener sus contenidos. Sin embargo, TVN es un canal que debe autofinanciarse, por lo tanto, debe entrar sí o sí a la competencia por el rating para lograr ganar avisaje publicitario que permita los suficientes ingresos para pagar técnicos, administrativos y los rostros que, todos sabemos, tienen muchas veces ingresos altísimos por trabajar un par de horas.

El gran problema es que, entre toda la mesa directiva, pareciera que la única preocupación es su conformación política, y se deja de lado la importancia de generar nuevas ideas.

Los grupos creativos han migrado uno a uno a otros canales y éste se está quedando poco a poco sin sus grandes talentos.

Ahora, comienza a surgir el miedo de la privatización. A veces esta última permite que empresas mal administradas por los gobiernos de turno se estabilicen, pero en el caso de la televisión pública es totalmente necesaria para la democracia.

Asimismo, las señales regionales permiten -como ninguna otra- estar en todos lados, como un férreo compromiso de hacer esta televisión llamada “el canal de todos” y que eso se sienta en la población.

La gran tarea que tiene TVN, tanto a nivel de directorio como de profesionales, es ser capaz de volver a reencantar. En los 90, la lealtad al canal era tal, que las personas se sentían traicionando a la señal si veían una teleserie de la competencia. Eso hoy se ha perdido.

De lo contrario, quedarán pocas opciones. Una de ellas es cambiar completamente el tipo de programación del canal y hacerlo más cultural y educativo, no luchando contra el rating. Pero esta acción espantará a los avisadores y la crisis se agudizará, por lo que terminará siendo, igual que el transantiago, salvada cada cierto tiempo por las arcas fiscales. No es la idea.

TVN es un gran canal, nuestro orgullo que lleva la señal a todo el mundo y que ha estado en los episodios más importantes de la historia moderna. Para sacar adelante esta señal hay que ser menos político y comenzar a crear y soñar las nuevas ideas.

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