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Editorial

A cuidar los discursos

Nuestro país ha caído en una intolerancia tal que sólo se intenta imponer la postura de unos por sobre otros, perdiéndose la capacidad de llegar a consensos, situación que sólo genera más violencia y destruye cualquier causa, por noble que sea.


 Por La Tribuna

17-05-2018_20-30-141__1

En el último tiempo, las movilizaciones han tomado un curso curioso –por decir lo menos- respecto a lo que tradicionalmente vemos en las calles. Esta vez son las mujeres quienes, alzando la voz, han exigido respeto, que no las acosen y no se dé tratos sexistas en las aulas.

 

La polémica se ha instalado en la opinión pública tras la marcha a torso desnudo que unas estudiantes de la Pontificia Universidad Católica realizaron por las calles de la capital.

 

Para algunos, esta forma de protestar de las estudiantes es una contradicción con el discurso que profesan, ya que se exhiben fomentando la “cosificación de la mujer”, mientras para otros, el hecho es una muestra de que hombres y mujeres son iguales.

 

Más allá de los hechos que ocuparon las portadas, lo preocupante de todo es lo que viene después, cuando se debaten estos actos en la sociedad, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Ahí, muchas veces el discurso de desmorona.

 

Consideremos el siguiente ejemplo: si una persona, cualquiera que sea, mujer u hombre, discrepa de la opinión de las jóvenes que se están movilizando y manifiesta su parecen en las redes, inmediatamente esta persona es acribillada con denostaciones e improperios por quienes defienden las acciones reivindicatorias de las manifestantes. Eso es un absurdo.

 

En uno de los lienzos que se exhibieron en la marcha realizada en la ciudad de Concepción se indicaba lo siguiente: Todas las mujeres contra todas las violencias. ¿Qué ocurre con quienes apoyan los objetivos de la marcha, pero no apoyan esa movilización ni la forma en que se realiza? Pues bien, muchas de estas personas están recibiendo insultos y ofensas.

 

Nuestro país ha caído en una intolerancia tal que sólo se intenta imponer la postura de unos por sobre otros, perdiéndose la capacidad de llegar a consensos, situación que sólo genera más violencia y destruye cualquier causa, por noble que sea.

 

Para que una sociedad salga adelante no sólo debe haber un punto de vista, eso es autoritario y poco democrático. Las discusiones o debates se ganan con argumentos sólidos presentados respetuosamente; en cambio, un insulto borra de cuajo el valor de una postura sobre cualquier tema, por muy ciertas que sean las palabras.

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