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Editorial

PSU buena o mala es lo que hay

“Nadie puede asegurar que el pensamiento de los que rinden la PSU puede ser transcrito a un papel. Es decir, no sabemos si piensa y si lo hace, no sabemos si sabe expresarlo”.


 Por La Tribuna

Este lunes más de 295 mil personas comenzaron a rendir la Prueba de Selección Universitaria, un filtro obsoleto que ni siquiera nos permite saber si nuestros estudiantes razonan.

Es más, entre alternativas, nadie puede asegurar que el pensamiento de los que rinden la PSU puede ser transcrito a un papel. Es decir, no sabemos si piensa y si lo hace, no sabemos si sabe expresarlo. Por eso en otros países escriben ensayos para postular a la universidad.

Otra idea que se nos viene a la cabeza es que los alumnos, pese a que lo hemos hablado mil veces, no se juegan la vida en un solo test y aquí ya no es culpa del sistema, ni de la educación ni de los políticos, aquí es nuestra culpa al presionar de esa forma a un niño y niña (la gran mayoría viene saliendo de cuarto medio) que parece adulto y adulta, pero que en rigor están en una de las etapas complicadas de la vida, como es salir de la adolescencia para entrar a la juventud.

La necesidad, sin lógica razonable, de querer que una persona se juegue la vida en una prueba carece de todo sentido, más cuando los índices de deserción del primer año de educación superior avalan todas estas razones.

Otro punto importante es presionar sin saber qué es realmente lo que aman nuestros hijos e hijas a tal punto que muchos rinden la prueba para satisfacer a los padres y arriesgan su felicidad por no fallar a quienes, saben, dan todo por ellos y ellas.

No se trata de hacer que cambie la percepción de la vida, únicamente usted sabe lo que es bueno para su familia, se trata de ayudarle a amar a sus hijos sin presiones, de darle más oportunidades, porque en el Chile de hoy, eso se puede. Los jóvenes pueden tener más oportunidades que jugarse la vida en la PSU.

Hoy hay gratuidad, hay becas, diferentes universidades e institutos de calidad y otros de dudosa calidad, pero ahí están.
Hoy no estamos en tiempos donde sólo ser abogado, médico o ingeniero podría hacer de un estudiante un hombre próspero y exitoso en materia económica, hoy estamos en el tiempo de permitir la felicidad que es el único camino para ser grande.

En el Chile actual, aquel que trabaja en lo que ama es una persona próspera que tiene buena situación económica y que puede ayudar al crecimiento de la familia, la comuna, la provincia, la región y el país.

No queremos más profesionales cesantes que estudiaron obligados, muchos de ellos llenan pubs y se han convertido en un cliente de jornadas inventadas por el comercio como los “happy hours”.

Escuche a sus hijos, hable con ellos, trate de entenderlos. Recuerde que usted también rindió la Prueba de Actitud Académica o el Bachillerato, pero eran otros tiempos. La felicidad no está en el éxito, sino en hacer lo que uno ama.

 

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