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Editorial

Teletón 2016: no podemos olvidarla

Gabriel Hernández Veloso. Director Diario La Tribuna


 Por La Tribuna

02-12-2016_20-02-31GabrielHernández

Este fin de semana, como ocurre desde 1978, se realiza uno de los eventos chilenos de exportación que más nos llena de orgullo. Se trata de la cruzada de 27 horas de amor, llamada Teletón.

Esta actividad solidaria, que reúne a los medios de comunicación, a los rostros de la radio y la televisión, al sector empresarial y a cada uno de los habitantes de este país, es una de las muestras más claras y ejemplificadoras que unidos se pueden lograr grandes cosas.

Hoy Chile está altamente polarizado debido a las posturas políticas de cada sector. Hemos vivido años de eternas discusiones y conflictos. Se perdió la confianza en las instituciones y nuestras autoridades, en vez de ponerle punto final al problema, han agudizado en conflicto, sin embargo, la Teletón se ha mantenido al margen y está más viva que nunca.

La meta es alta. En esta ocasión se busca reunir la suma de $30.601.978.621, lo que se ve difícil, pero como cada jornada solidaria, no imposible.

Sin embargo, hay una tarea más importante que el dinero y que tiene que ver con el trabajo a largo plazo que realizamos como sociedad en materia de inclusión. En este aspecto, laboralmente nuestras personas en situación de discapacidad, enfrentan un complejo escenario.

Según el artículo 26 de Trabajo y Empleo de la Organización Internacional del Trabajo, “los Estados Partes reconocen el derecho de las personas con discapacidad a trabajar, en igualdad de condiciones con las demás; ello incluye el derecho a tener la oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo libremente elegido o aceptado en un mercado y un entorno laborales que sean abiertos, inclusivos y accesibles a las personas con discapacidad. Los Estados Partes salvaguardarán y promoverán el ejercicio del derecho al trabajo, incluso para las personas que adquieran una discapacidad durante el empleo, adoptando medidas pertinentes, incluida la promulgación de legislación”. Este punto es preocupante, puesto que en nuestro país, de las personas con algún grado de discapacidad mayores de 15 años con posibilidades de trabajar, sólo el 29,2% tiene un contrato remunerado.

Por lo tanto, debemos ser claros. Nuestro ejercicio no puede ser tan conformista como depositar en una cuenta bancaria, sin mirar la realidad y con sólo eso darse por satisfecho.

Para que una sociedad prospere, la integración de toda persona que esté calificada para ejercer una función en una institución pública o privada, debe ser tomada en cuenta, sin discriminación alguna. Si logramos dar este paso como país, le habremos dado valor a la cruzada solidaria, única en el mundo.

Finalmente, en materia de infraestructura, el Estado debe hacerse cargo del problema. No puede ser que se haga tanto discurso acerca de la integración y en nuestros propios edificios públicos haya que subir a la gente en brazos a hacer sus trámites porque no han sido capaces de instalar un ascensor. Al menos el municipio local ha abordado el tema con un poco más de responsabilidad y está trabajando el concepto de ciudad inclusiva.

En conclusión, para que podamos hablar de una plena inclusión de las personas en situación de discapacidad, todo se traduce en dos palabras, oportunidades y dignidad. 

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