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Editorial

Cien personas más a la calle

El desempleo no puede seguir. Parte del trabajo de gobernar es entregar soluciones concretas y menos canastas familiares. Un trabajo levanta a la familia, mientras que el asistencialismo se acaba, y t


 Por La Tribuna

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La cesantía en la provincia de Bío Bío se ha transformado en el talón de Aquiles para los últimos gobiernos, y nadie ha podido hacer algo para evitarlo. Las cifras globales de las 14 comunas que comprende el territorio hablan de 9,7 por ciento de desempleados y en la ciudad de Los Ángeles ya pasó la barrera del 10,1%.

Durante la jornada de ayer se anunció la quiebra definitiva de la Sociedad Comercial Bioleche Limitada. Con ello, un centenar de trabajadores quedará sin sus puestos de trabajo.

El cierre de empresas y los despidos producen complicaciones más graves que el hecho en cuestión.

Estar sin trabajo no afecta por igual a todas las personas. Se debe tener en cuenta, especialmente, las diversas variables que confluyen al momento en que llega una noticia como esa: la edad, el tiempo en la empresa, las cargas familiares. Pero, sin embargo, hay un factor mucho más determinante y es que no todos tienen la fuerza de voluntad para recomenzar. La personalidad es el elemento substancial en la superación de la crisis.

Estar desempleado es, sin duda alguna, algo desesperante, especialmente cuando el dinero no es para uno, sino para mantener una familia o los hijos. En el empleo está la esperanza de la casa propia, de la educación, del alimento diario.

En la provincia de Bío Bío, la inseguridad que provoca la cesantía es algo que se está viviendo en carne propia por miles de personas que no tienen dónde trabajar. La modernidad, la automatización de procesos o la falta de proyectos son parte de las causas que han llevado a la zona a las magras cifras que ostenta.

Las autoridades deben tomar medidas urgentes de una vez por todas y dejarse de pelear por las irregularidades vergonzosas que han cometido o por jugar a quién tiene la razón y deben centrarse en este tipo de inconvenientes que son gravísimos para una potencia agrícola y forestal, como se nos hace llamar.

La psicóloga Trinidad Aparicio, quien desarrolló un extenso estudio sobre el desempleo, sacó conclusiones importantes que los gobernantes y los generadores de empleo deben conocer. Según la profesional, la cesantía tiene una gran repercusión en el ámbito familiar. Puede producir gran tensión y desestabilizar las relaciones afectivas, perjudicándolas de manera importante.
La pérdida de empleo, agrega Trinidad Aparicio, también produce una reducción de las relaciones sociales. Inevitablemente, se pierde el contacto con aquellas personas que son imprescindibles para poder desarrollar ese trabajo. Por otro lado, las dificultades económicas disminuyen los contactos sociales, no hay tanta disponibilidad para salir a cenar, ir de copas o realizar actividades que supongan un gasto y eso genera una sociedad triste, depresiva y encerrada.

El Gobierno y las empresas deben buscar los mecanismos para frenar esta pandemia. No puede ser que la gente no tenga dónde trabajar y, más aún, que ocurra lo que pasó en Bioleche.

Cada paso que se dé en bien de la comunidad -las reformas, los proyectos de emprendimiento, las iniciativas gubernamentales- deben ser estudiadas de forma clara y efectiva para que no afecten al empleo. De la misma manera, las empresas deben aprender ir paso a paso y no engolosinarse con un crecimiento imposible y desmedido, porque lo que rápido se hace, rápido se va.

Los cambios son importantes, siempre y cuando vayan de la mano de las personas que construyen las comunidades.

Parte de la cultura de muchas ciudades son sus fábricas o industrias. Es el caso de Laja con la industria del papel o San Rosendo con su pasado ferroviario.

El desempleo no puede seguir.

Parte del trabajo de gobernar es entregar soluciones concretas y menos canastas familiares. Un trabajo levanta a la familia, mientras que el asistencialismo se acaba, y todo vuelve a cero.

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