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La Tribuna

Palín: Deporte nacional que aún se conserva

por Sebastián Díaz

Con la idea de mejorar las relaciones y preparar el estado físico para las guerras, se creó este juego, similar a la chueca de origen vasco.

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El palín es un encuentro social que el pueblo mapuche practica desde hace siglos para fortalecer las relaciones políticas, espirituales y culturales entre las comunidades (lof) y sus autoridades (longko).En él se comparte el juego, los alimentos y la conversación.

La palabra proviene de la bola con que se practica. En mapudungun, pali es todo objeto redondo que crece en forma natural en los árboles, o que se elabora manualmente. Palín es entonces el acto de jugar con el pali.

El cronista español Gerónimo de Vivar, el padre jesuita Luis de Valdivia, y el escritor Alonso de Ovalle, coincidieron en que era un rito social instituido antes de la llegada europea al territorio.

Debido a que en sus crónicas lo asimilaban al juego de origen castellano denominado chueca, historiadores decimonónicos como Diego Barros Arana y Tomás Guevara lo popularizaron bajo ese nombre.

En un análisis que incluye la revisión de fuentes históricas, literarias y etnográficas desde 1598 hasta 1992, el investigador y profesor de Educación Física, Carlos López (2011), resume las principales razones para convocar un palín:

Simular una guerra para mejorar la destreza y resistencia en el combate.

Realizar un ritual acompañado de un guillatún. En este caso, el juego no tiene carácter competitivo pues se enmarca en una rogativa comunitaria.

Resolver controversias al interior de una comunidad o entre ellas.

Deporte recreativo, jugado entre los miembros de un mismo lof para preparar un partido.

Competencia profesional, disputada por jugadores y representantes de distintos grupos.

La invasión española y la ocupación del territorio por parte del Estado chileno intentaron despojar al palín de sus contenidos sociales, espirituales y políticos con el fin de reducirlo a un deporte.

Con el objetivo de revertir este proceso y revitalizar su práctica, en la segunda mitad del siglo XX muchas comunidades comenzaron a recuperar sus elementos tradicionales y a destacar su carácter ritual, adscrito a las normas esenciales de la religiosidad y del Az-Mapu o sistema jurídico mapuche (Ñanculef, 1992).

En esa misma orientación, el Museo Mapuche de Cañete creó un paliwe o campo de juego, destinado al uso de comunidades locales y estudiantes que deseen aprender su práctica.

En 2004 el juego del palín fue reconocido como "deporte nacional" por el Estado de Chile, hito que permitió a sus cultores crear clubes, postular a fondos públicos, y organizar su primer campeonato un año después en Santiago.

Pese a que la declaratoria expresó un reconocimiento oficial de gran importancia para su desarrollo, al mismo tiempo afirmó su calidad de simple deporte recreacional al quitarle los elementos rituales y espirituales que revestía su práctica original.

PALÍN: CARACTERÍSTICAS DEL JUEGO TRADICIONAL

Difundido en todo el territorio mapuche entre los siglos XV y XVIII, el palín se practicó desde Santiago a Chiloé de acuerdo a una reglamentación bastante homogénea y sin mayores variaciones lingüísticas.

Cada encuentro era un gran acontecimiento que comenzaba con ceremonias, preparativos rituales y de comida en los días previos, y en los que participaban activamente mujeres, niñas y niños, jóvenes y ancianos de la comunidad convocante y visitante.

Con el fin de asegurar su victoria, los jugadores o palife confeccionaban su weño y luego iban donde un dagunfe o curandero, que le aplicaba ungüentos al bastón para que cobrara vida y resistiese los golpes.

También era común que acudieran a la machi para preguntar quién vencería. Si ellas acertaban ganaban prestigio, por lo que se situaban al lado contrario del equipo que apoyaban y hacían señas al pali para que fuera en su dirección y se anotaran puntos. Este rito se conocía como Maichil Palin y era considerado una suerte de "barra sagrada".

Cada jugador tenía un contendor o kon que lo marcaba durante el encuentro. Esta dupla de rivales se mantenía en las citas siguientes, por lo que entre ambos se generaba un lazo que perduraba y se fortalecía en las comidas y rituales sucesivos.

Según Carlos López, el ideal del joven mapuche era llegar a ser un famoso guerrero y un destacado palife, por lo que desde niños aprendían sus reglas y lo practicaban frecuentemente.

La cancha podía medir más de un kilómetro, se jugaba a pies descalzos y no existían arcos, arqueros ni árbitros. El objetivo era hacer avanzar la bola con un bastón hacia la meta contraria hasta que pasara por el sector denominado rayas o txipal, lo cual equivalía a una anotación.

En caso de empate, se perdían los puntos ganados y se empezaba de cero. Por eso las partidas podían durar hasta tres o cuatro días, pues un equipo sólo obtenía la victoria si marcaba cuatro puntos seguidos.

La ocupación del territorio por el Estado chileno impactó profundamente en el palín, pues cambió el espacio físico y la forma de convivencia mapuche. La aplicación de la Ley de Radicación y Entrega de Títulos de merced alteró los terrenos comunitarios, por lo que las medidas de la cancha deben hoy ajustarse a las tierras con que cuenta cada comunidad.

Por ejemplo, en los torneos de Lumaco de 1980 y 1981, el paliwe constaba de 180 metros de largo por 12 de ancho, mientras que en otras ocasiones se han utilizado espacios de 125x30, o de 250x20.

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