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Fuertes históricos junto al río Biobío se proyectan como polo de turismo creativo y desarrollo local

por Jeremy Valenzuela Quiroz

La iniciativa busca poner en valor más de 30 estructuras patrimoniales en la cuenca, integrándolas a circuitos turísticos que involucren a comunidades, emprendedores y servicios locales. El objetivo es dinamizar la economía y fortalecer la identidad territorial.

Fuertes históricos junto al río Biobío se proyectan como polo de turismo creativo y desarrollo local / La Tribuna

En la cuenca del Biobío, donde desde el siglo XVII se levantaron numerosos fuertes como parte de la estrategia del gobernador Alonso de Ribera para consolidar una línea defensiva en plena Guerra de Arauco —con el río Biobío como frontera natural entre el mundo español y el territorio mapuche—, persiste una huella histórica que define la identidad del territorio.

Estos enclaves, emplazados a lo largo del curso fluvial y en puntos estratégicos de la provincia, no solo marcaron un límite geopolítico, sino que dieron origen a dinámicas culturales y sociales que aún perduran.

Hoy, ese patrimonio comienza a ser revalorizado desde una nueva mirada. Lejos de quedar relegados al abandono o a la contemplación pasiva, los antiguos fuertes emergen como piezas clave para reconstruir el vínculo entre historia, territorio y comunidad.

Su ubicación, estrechamente ligada al río Biobío, los posiciona como nodos capaces de articular rutas, relatos y experiencias en torno a la memoria y la identidad local.

En este contexto, surge una propuesta que busca proyectar estos espacios hacia el futuro, integrándolos a un modelo de turismo creativo que trasciende la lógica tradicional.

La iniciativa apunta a transformar los fuertes en puntos de encuentro activos, donde la historia dialogue con la vida contemporánea a través de la cultura, la gastronomía, la artesanía y las tradiciones propias de cada localidad.

Más que una intervención patrimonial, se trata de una estrategia de desarrollo territorial que reconoce en el pasado una oportunidad.

La puesta en valor de estos sitios permitiría no solo preservar la memoria histórica de la región, sino también dinamizar economías locales, visibilizar comunidades y posicionar al Biobío como un destino donde el patrimonio cobra sentido a través de la experiencia.

LA FRONTERA

Ese es el objetivo del proyecto Territorio Creativo La Frontera, una iniciativa que propone mirar estos espacios no solo como patrimonio histórico, sino como una puerta de entrada para activar comunidades completas.

La apuesta no es menor. En la provincia existen más de 30 fuertes, aunque solo algunos —como los de Nacimiento y Santa Juana— se mantienen en buen estado. El resto, en distintos niveles de deterioro, plantean un desafío tanto técnico como de gestión.

"Lo primero es hacer un buen mapeo, saber dónde están, en qué condiciones y cuáles son sus posibilidades", explicó Carlos Guerrero, uno de los impulsores del proyecto. La tarea no es simple: hay estructuras en terrenos privados, forestales y públicos, lo que obliga a ordenar el escenario antes de pensar en intervenciones.

Pero más allá de la restauración física —que en muchos casos es compleja y costosa—, el foco está puesto en algo distinto: dotar a las propias comunidades de herramientas para poner en valor su historia.

"No se trata de transformar todos los fuertes en museos, sino en espacios de encuentro", señala Guerrero. La idea es que cada localidad pueda construir un relato que conecte con el visitante a través de su identidad actual: la artesanía, la gastronomía, el vino o las tradiciones locales.

UN NODO PARA ACTIVAR LOCALIDADES

En este modelo, los fuertes funcionan como un ancla. Un punto de interés que permite visibilizar localidades que, de otra forma, quedarían fuera del mapa turístico.

"Son un nodo desde el cual podemos mostrar todo lo que pasa hoy en esos lugares", resume Guerrero. Así, sectores como Mesamávida, Santa Fe o San Carlos de Purén podrían desarrollar actividades propias, festivales o circuitos que involucren a emprendedores, transportistas, alojamientos y cultores locales.

La lógica es simple: atraer visitantes con la historia, pero retenerlos con la experiencia.

A partir de ese enfoque, cada localidad tendría la posibilidad de construir una oferta diferenciada, vinculada a su identidad y a sus recursos propios.

Desde rutas gastronómicas hasta ferias costumbristas o experiencias asociadas al entorno natural, el desafío está en generar propuestas que prolonguen la estadía de los visitantes y distribuyan los beneficios en el territorio.

En esa línea, el fortalecimiento de redes locales aparece como un factor clave. La articulación entre emprendedores, servicios turísticos y organizaciones comunitarias permitiría consolidar circuitos sostenibles, donde el patrimonio actúe como punto de partida para un desarrollo que integre cultura, economía y cohesión social.

TURISMO CREATIVO

Más allá de la contemplación del patrimonio, esta propuesta busca transformar la relación entre visitantes y territorio, promoviendo experiencias donde la participación activa se convierte en el eje del desarrollo turístico. En ese marco, el turismo creativo se posiciona como una herramienta capaz de conectar identidad, cultura y economía local de manera sostenible.

El concepto que sustenta esta iniciativa es el turismo creativo. A diferencia del turismo tradicional, donde el visitante observa, aquí se busca que participe activamente.

Desde la Red Nacional de Territorios Creativos, su directora Teresa Díaz expresó que estos activos patrimoniales son "la excusa perfecta" para activar economías locales.

"Ya tener los fuertes es una ventaja enorme. Desde ahí puedes desarrollar gastronomía, artesanía, producción local. Es la puerta de entrada para un desarrollo mucho más amplio", sostiene.

Díaz agregó que el éxito de este tipo de iniciativas depende de una gobernanza amplia, basada en el modelo de "cinco hélices": sector público, privado, academia, comunidad organizada y, especialmente, artistas y creadores.

La clave, dijo, es que el proyecto no dependa de una sola institución ni de los ciclos políticos, sino que se sostenga en el tiempo como una estrategia territorial compartida.

VINCULAR A LA ACADEMIA Y LA COMUNIDAD

El vínculo entre conocimiento técnico y saber local se plantea como un elemento clave para fortalecer la puesta en valor del patrimonio, permitiendo que la historia no solo sea investigada, sino también comprendida y apropiada por las propias comunidades.

Así, uno de los desafíos más relevantes aparece en aquellos fuertes donde solo quedan vestigios. En esos casos, el proyecto contempla un rol articulador: acercar a universidades, historiadores y arqueólogos a comunidades que no cuentan con recursos para investigar su propio patrimonio.

"La idea es que el conocimiento se genere y luego vuelva al territorio", explica Guerrero. Ese proceso permitiría reconstruir relatos históricos que luego puedan ser utilizados como base para experiencias turísticas o culturales.

OPORTUNIDAD PARA LA ECONOMÍA LOCAL

La iniciativa no solo busca rescatar el patrimonio, sino también generar encadenamientos productivos que permitan diversificar la economía en torno a recursos y saberes locales, fortaleciendo el desarrollo de pequeñas y medianas iniciativas.

Desde el mundo vitivinícola, por ejemplo, pequeños productores de Nacimiento —muchos de ellos artesanales— podrían integrarse a estas rutas y ganar visibilidad.

"Hay mucho productor que ha quedado en el anonimato, con venta local. Mientras más gente llegue, todos se benefician", comentó Eleodoro Ríos, gerente administrador de la Cooperativa Campesina de Los Notros.

En esa línea, se propone replicar modelos como la gastronomía "100K", donde la mayor parte de los insumos proviene de un radio cercano, fortaleciendo así las economías locales.

UN PROYECTO DE LARGO ALIENTO

La iniciativa ya suma al menos tres años de trabajo previo y ahora busca ampliar su red de colaboradores, integrando nuevos actores públicos y privados.

El desafío, coinciden sus impulsores, es construir un relato común que permita posicionar a la antigua frontera del Biobío como un destino turístico en sí mismo, al nivel de otros polos consolidados del país.

Las condiciones, aseguran, están dadas: existe identidad, patrimonio, redes en formación y una historia potente —con luces y sombras— que puede ser contada.

Más que un proyecto puntual, se trata de una apuesta de largo plazo. Una que busca que cada fuerte, más allá de su estado de conservación, se transforme en un punto de encuentro para las comunidades.

La iniciativa busca potenciar la existencia de los fuertes para que el Biobío deje de ser solo un lugar de paso y comience a consolidarse como un territorio donde la historia y la creatividad para impulsar el turismo y el crecimiento del territorio.

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