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Crónica

Matrimonio que dejó de estudiar en octavo básico enfrenta unido nueva etapa de escolarización

Por diferentes circunstancias, debieron dejar la escuela en el sector rural de Los Ángeles


 Por La Tribuna

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El espíritu de sacrificio y las ganas de salir adelante permitieron al matrimonio compuesto por Rosa Parra Almendras (42) y Juan Jara Garrido (45) terminar su enseñanza media, y enfrentar nuevos desafíos, siempre con el férreo apoyo de sus hijos.

Durante dos años, caminaron 6 kilómetros, tres veces a la semana para trasladarse entre su casa, en el campo, y la sede vecinal de “El Álamo”, donde se impartía un programa de nivelación de estudios. No importaba el frío, el calor, la lluvia o el cansancio propio de su jornada. Tenían una meta clara y definida: concluir por completo la enseñanza media.

Juan y Rosa viven en el KM 11 en el sector Llano Verde, camino a Antuco, junto a sus hijos, Juan de 9 años; Sebastián de 13,  Pilar de 21 años, técnico en educación parvularia y la pequeña Javiera, la nieta de 6 años.

Juan, dejó la escuela para incorporarse a trabajar y Rosa también se alejaba del sistema, principalmente por la falta de recursos económicos y la distancia entre su domicilio y la escuela.

Al paso de los años Juan y Rosa decidieron iniciar una vida juntos. Vinieron los hijos, alejándose todavía aún más la posibilidad de retomar sus estudios. Entre los cuidados a los niños, los quehaceres de la casa y el salir a trabajar siempre sumaban las razones para postergar sus planes, pero llegó un momento en que todo cambió.

EL DESAFÍO

Ha pasado un año desde que el matrimonio logró terminar la enseñanza media y reconocen que se enfrentan a mejores alternativas de trabajo.

Rosa reconoce que aunque hubo días difíciles, tenían muchas motivaciones. “Fue gratificante. El aprender resultó bastante más fácil de lo que nosotros habíamos pensado y nuestros hijos nos ayudaron bastante. Uno como padre, tiene que darles el ejemplo y qué mejor ejemplo para los hijos que demostrarles que cumplimos una meta y con mucho esfuerzo”.

Agregó “teníamos que caminar mucho para llegar a la sede y muchas veces llegábamos mojados o con frío, pero con sacrificio las cosas sí se pueden”.

Rosa y Juan, por entusiasmo no se quedaron en el camino y con gran optimismo salían de su hogar con destino a la sede, donde los esperaban sus profesores, que por dos años les entregaron nuevos conocimientos para enfrentar de mejor forma la vida.

“Los hijos mayores, Sebastián y Pilar nos ayudaron muchísimo. A Sebastián, le encanta el inglés, así que fue en el ramo que más nos ayudó. También mi hija mayor que, por supuesto, nos ayudó mucho en las tareas, a estudiar, prepararnos para los exámenes pero también con el cuidado de sus hermanos menores, que era muy importante para que nosotros pudiéramos estudiar tranquilos y terminar nuestra meta”.

Actualmente Rosa trabaja en la escuela “Santa Clara” de Chacayal Norte y su esposo realiza labores en el área agrícola. “Gracias a que pude terminar mi enseñanza media, hoy día estoy trabajando en una escuela. Me desempeño como encargada de biblioteca. Mi esposo sigue trabajando en el campo. En el área agrícola, el terminar su educación le ha servido muchísimo porque ha logrado desarrollar otras habilidades aplicadas al riego tecnificado. Entonces los estudios sí le sirvieron muchísimo igual”.

Indica también que el acceder a mejorar su nivel de estudios, con nuevas metas pendientes, les ha permitido ayudar y entender la condición de Sebastián, “él tiene autismo y nos ha servido muchísimo el tema de habernos educado porque tenemos más herramientas para conocer de su condición y apoyarlo como familia. Aprender es algo muy importante para la familia. Una oportunidad que no hay que perder. Es todo gratis. Nos dan todo. Es muy importante terminar los estudios y sobre todo un ejemplo para nuestros hijos”.

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