Crónica Ciudadana

El camino de un joven angelino que entrena en México y apunta a Estados Unidos

El proceso contempla entrenamientos diarios en el extranjero, competencias en el circuito juvenil mexicano y una próxima cita internacional en Estados Unidos programada para septiembre. Su madre, Bárbara Osorio, describe un camino marcado por disciplina, apoyo familiar y decisiones que han permitido sostener este desafío deportivo.

El camino de un joven angelino que entrena en México y apunta a Estados Unidos, cedida
El camino de un joven angelino que entrena en México y apunta a Estados Unidos / FUENTE: cedida

A los 16 años, Martín Acuña dejó Los Ángeles para cumplir un sueño que pocos en Chile se atreven: jugar fútbol americano a nivel competitivo. Hoy entrena todos los días en México con un equipo campeón juvenil y en septiembre viajará a Estados Unidos para disputar un torneo internacional. Una historia que comenzó frente a la televisión y que su mamá resume: "cuando hay esfuerzo, perseverancia y motivación, los sueños sí se pueden cumplir".

UN GUSTO QUE NACIÓ DE NIÑO, FRENTE A LA PANTALLA  

Martín no eligió el fútbol ni el básquetbol. Su pasión siempre fue el fútbol americano. "De chico siempre tuvo esa atracción por eso. Veía programas, veía partidos, eso le gustaba mucho a él", recuerda Bárbara. El problema era la distancia entre el sueño y la realidad: en Los Ángeles no existe ningún club de fútbol americano. En Chile hay pocos, concentrados mayoritariamente en Santiago. Para un niño de provincia, era un deporte lejano, solo visible por televisión.

Aun así, Martín se lo aprendió todo. Sabía jugadas, posiciones, reglas. Lo estudiaba sin poder practicarlo. "No le gustaba nada más que este deporte, en realidad", dice su mamá. Esa obsesión sana lo llevó al gimnasio desde temprano. Martín desarrolló un físico de deportista: alto, fuerte, con fuerza natural. Ese detalle, sin saberlo, marcaría su futuro.

LAS PRIMERAS PUERTAS Y LA PRIMERA FRUSTRACIÓN  

Cuando la familia entendió que el sueño era serio, Bárbara empezó a tocar puertas. Llamó a varios clubes. Encontró uno en Concepción, reconocido por la Federación Nacional de Fútbol Americano. Lo inscribieron. Pero la logística era brutal: entrenamientos una vez por semana, viajar desde Los Ángeles a Concepción, costo de pasajes, tiempo. "Era un costo mayor y un tiempo que no podíamos hacerlo siempre", reconoce Bárbara. 

El club lo federó igual, lo respaldó, pero Martín apenas podía entrenar. Seguía viendo partidos por TV, acumulando teoría sin cancha. Para cualquier otro adolescente, eso habría sido el fin del sueño. Para Martín fue solo una pausa.

MÉXICO: LA CONEXIÓN QUE CAMBIÓ TODO  

A finales de 2025 la familia viajó a México. En ese viaje, Martín conoció a un chico de su edad que jugaba fútbol americano en un club local. La conversación fue inmediata. "¿Te gusta el fútbol americano?", le preguntó. Martín respondió con toda su pasión. El amigo lo invitó esa misma tarde a conocer el club, a presentarse ante los coaches.

Martín entró al campo. Lo probaron en peso, vieron su físico, su disposición. Los entrenadores no lo dudaron: lo llamaron inmediatamente para integrarse. Le entregaron una carta de respaldo para validar su inscripción si volvía. "Así se abrió esa puerta para que él pueda participar ahí", cuenta Bárbara.

La familia regresó a Chile, pero el sueño de Martín se hizo más fuerte. "Mamá, quiero volver a México". Tenía 16 años y Bárbara pensó que podía ser algo pasajero. No lo fue. Era "más intenso, él más quería participar".

EL SACRIFICIO FAMILIAR

Tomar la decisión no fue fácil. Martín es el menor de tres hermanos y la familia siempre fue muy unida y cercana. Dejar la casa, el colegio y el país implicaba un quiebre. Pero también implicaba madurez. Bárbara y su esposo lo conversaron: "cómo lo vamos a hacer, qué podemos hacer, no podemos dejarlo solo". La decisión fue que su papá lo acompañara a México, porque al ser menor de edad necesitaba un adulto responsable. Bárbara se quedó en Los Ángeles apoyando desde la distancia.

Hubo que retirarlo del colegio en Chile. En México el régimen es exigente: clases en la mañana, entrenamientos todos los días en la tarde. "El colegio es en la mañana y el entrenamiento en la tarde. Eso es lo principal", explica Bárbara. Ahora buscan un establecimiento educacional allá para que Martín no detenga sus estudios.

BLACKTREILES, EL RESPALDO DESDE CHILE  

Aunque Martín juega en México, su "casa deportiva" sigue siendo Blacktreiles de Concepción. El club lo federó, lo inscribió en la Federación Nacional y ha estado detrás de todo el proceso. "Son su casa deportiva de Chile. El mismo hecho de federarlo fue muy bueno para que Martín viaje federado y con ese respaldo", agradece Bárbara.

El apoyo ha sido clave porque el fútbol americano es un deporte caro. Equipamiento, viajes, inscripción: todo suma. "Es un deporte bastante caro", admite la mamá. El financiamiento ha corrido principalmente por cuenta de la familia, con el respaldo logístico del club.

Martín juega en la Organización de Fútbol Americano del Sureste, en categoría juvenil. Su equipo ha sido campeón varios años seguidos. Él ya tiene su posición, entrena con disciplina y viaja por México representando a su club. 

El próximo paso es gigante: en septiembre el equipo viaja a Estados Unidos para competir en un torneo internacional. Será su primera experiencia fuera de México, midiendo su nivel contra jugadores de otro país.

Martín no pierde de vista su origen. "Siempre orgulloso de su casa, de su ciudad, de su familia, de Los Ángeles. Dice: esa es mi casa, ese es mi país, mi ciudad". Pero sabe que su entorno ya no le daba para seguir creciendo. Tuvo que cruzar la cordillera para que el sueño tuviera cancha.

¿CUÁL ES EL OBJETIVO DE MARTÍN? 

Bárbara lo dice sin dudar: "Llegar a ligas mayores". En cada entrenamiento llegan coaches de equipos más grandes a observar jugadores. Martín está en la mira. Sueña con becas universitarias y, más adelante, con la NFL. Ya ha tenido la oportunidad de conocer algunos jugadores profesionales.

Bárbara valora la madurez de su hijo menor. "Nosotros siempre fuimos de mucha familia, muy cercanos, muy unidos, y dejar la familia costaba. Pero yo veo su madurez a sus 16 años: lo ha tomado con responsabilidad, lo ha hecho, ha cumplido, sigue esforzándose, quiere más". Esa constancia la deja tranquila: "Está en el lugar correcto. Va por un buen camino".

Para cerrar, Bárbara deja un mensaje doble: para los jóvenes que sueñan con deportes poco tradicionales y para las madres que, como ella, deben decidir entre el miedo y el apoyo.

"Yo como mamá feliz. Uno siempre como papá quiere apoyar los sueños de nuestros hijos, siempre y cuando sean cosas que los vayan a hacer surgir, crecer como persona. Si hay algo que siempre les digo: nunca olvides tus valores. Somos una familia cristiana, eso nos encamina a aferrarnos a Dios, a poner a Dios primero. Y creo que eso es lo lindo: poder apoyar a nuestros hijos cuando ellos lo necesitan, cuando quieren que los sueños sí se puedan cumplir. Cuando hay esfuerzo, cuando hay perseverancia, cuando hay motivación correcta, a pesar de la lejanía, la soledad muchas veces, el querer estar acompañado... ese sacrificio tiene su recompensa".

Martín Acuña hoy no solo juega fútbol americano. Representa a Los Ángeles en una liga donde casi no hay chilenos. Lleva su provincia en el casco. Y demuestra que, aunque en Chile el fútbol americano no sea masivo, sí puede nacer un talento capaz de cruzar fronteras.

Su historia apenas comienza. La próxima parada es Estados Unidos. Después, quién sabe. Pero si algo enseñó Martín a los 16 años es que los sueños lejanos se alcanzan cuando se entrenan todos los días, aunque la cancha quede en otro país.




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