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La Tribuna

Histórica semillería de Los Ángeles baja sus cortinas tras 51 años de historia

por Jeremy Valenzuela

Fundada en 1975 por Luis Jara Quiroz, la tradicional semillería acompañó por décadas el desarrollo agrícola de la zona. A sus 84 años, su propietario decidió retirarse debido a problemas de salud, poniendo fin a un negocio familiar que marcó generaciones de agricultores angelinos.

Luis Jara realizó sus estudios básicos entre escuelas rurales y urbanas de Los Ángeles, completando posteriormente su formación en el Instituto Comercial, donde obtuvo el título de contador en 1958. / gentileza

Durante más de medio siglo, cientos de agricultores, jardineros y vecinos de Los Ángeles cruzaron las puertas de la Semillería El Progreso en busca de semillas, consejos y la atención cercana de su propietario.

Hoy, tras 51 años de funcionamiento ininterrumpido, el histórico negocio familiar cerró definitivamente sus puertas debido a los problemas de salud de su fundador, Luis Jara Quiroz.

EL ORIGEN

Ubicada en calle Villagrán Nº 321, la semillería formó parte del paisaje comercial angelino desde el 23 de enero de 1975, cuando Luis Jara decidió transformar su experiencia como agricultor en un emprendimiento que terminaría acompañando el desarrollo agrícola de la provincia durante décadas.

Según relata su hijo, Claudio Jara, la idea nació en una época en que Los Ángeles vivía un importante crecimiento ligado a la actividad agrícola. Observando la necesidad de contar con un comercio especializado, comenzó a buscar proveedores en Santiago, donde se encontraban los principales centros experimentales del país.

Con el paso del tiempo amplió su oferta con semillas importadas desde Holanda y fue ganando una clientela que reunía desde pequeños productores hasta grandes agricultores de toda la región.

"La agricultura era el motor económico de la zona y mi padre vio una oportunidad para entregar un servicio especializado", recuerda Claudio.

UN APORTE AL CRECIMIENTO DE LA CIUDAD

La historia de la semillería también está ligada al desarrollo urbano de Los Ángeles. Entre sus clientes figuraron importantes agricultores locales, empresas y organismos públicos.

De acuerdo con la familia, El Progreso, suministró parte de las semillas utilizadas para la formación de áreas verdes en avenidas emblemáticas de la ciudad, entre ellas Vicuña Mackenna y Ricardo Vicuña, cuyos prados comenzaron a desarrollarse durante las décadas de 1980 y 1990.

El período de mayor crecimiento llegó precisamente en los años ochenta, cuando el sector agrícola experimentó un fuerte impulso tras la recuperación económica del país.

Pese al éxito alcanzado, el negocio mantuvo siempre una escala familiar. Nunca se expandió más allá de su tradicional local en calle Villagrán, una decisión que permitió conservar una atención personalizada que se transformó en uno de sus principales sellos.

UN NEGOCIO QUE HIZO SURGIR UNA FAMILIA

Luis Jara tenía 33 años cuando abrió la semillería. Antes de emprender, ya trabajaba en actividades agrícolas y administraba terrenos donde cultivaba trigo y avena.

Los ingresos obtenidos gracias al negocio permitieron sacar adelante a su familia, construir su vivienda y financiar la educación de sus cuatro hijos, quienes actualmente son todos profesionales.

Durante más de cinco décadas fue él mismo quien atendió el local día tras día y, según su hijo, ni las enfermedades ni las dificultades económicas lograron alejarlo de su rutina.

"Mi papá, aunque estuviera resfriado o con fiebre, iba a trabajar igual. Nunca conoció las vacaciones porque nunca quiso tomarlas", comenta su hijo.

EL GOLPE MÁS DIFÍCIL

A lo largo de su historia, la semillería también enfrentó momentos complejos. Uno de los más duros ocurrió hace aproximadamente cinco años, cuando un grupo de delincuentes irrumpieron en su local durante la noche y lo desmantelaron casi por completo.

De acuerdo con el relato de su hijo, la pérdida fue considerable y obligó a la familia a reorganizar sus finanzas para seguir adelante. Gracias al apoyo de proveedores históricos y a acuerdos de pago especiales, lograron reponer mercadería y mantener funcionando el negocio, que era el mayor impulso anímico para su dueño.

"Fue un momento muy crítico, pero logramos salir adelante", recuerda Claudio.

EL MOMENTO DE DESCANSAR

La decisión de cerrar no estuvo relacionada con problemas económicos ni con falta de clientes. El principal motivo fue el estado de salud de Luis Jara, quien este 21 de junio cumplirá 84 años.

Claudio Jara revela que la discapacidad auditiva y la artrosis que afecta las piernas de su padre comenzaron a dificultar cada vez más su trabajo diario. Aun así, pese a las dificultades y enfermedades que arrastra desde hace años, continuó atendiendo hasta este sábado 13 de junio, cuando finalmente bajó las cortinas de manera definitiva.

Su hijo asegura que "para la familia no fue una decisión fácil", ya que después de dedicar prácticamente más de la mitad de su vida al negocio, "convencerlo de dejar la actividad comercial tomó tiempo".

"Era su pasión. No quería quedarse en la casa. Nosotros como hijos le dijimos que ya era momento de descansar y disfrutar la vida", señala Claudio.

Ahora, el objetivo de la familia es acompañarlo en una nueva etapa, lejos de los horarios de atención y las preocupaciones del comercio.

EL LEGADO DE 51 AÑOS DE HISTORIA

Aunque la Semillería "El Progreso" ya no abrirá nuevamente sus puertas, su historia sigue presente en varias generaciones de agricultores y clientes que durante décadas encontraron allí orientación, productos especializados y una atención cercana.

Para sus hijos, el principal legado que deja Luis Jara no son solamente los años de trabajo o el éxito comercial alcanzado, sino los valores que transmitió a su familia.

"La cordialidad, la amabilidad, la responsabilidad y la honradez son las enseñanzas más importantes que nos dejó nuestro padre", afirma Claudio.

Tras 51 años de historia, la semillería se despide de la comunidad angelina, poniendo fin a una tradición comercial que acompañó el crecimiento de la ciudad y que hoy queda en la memoria de quienes la conocieron.

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