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La Tribuna

El crimen de profesoras en Cuñibal inspira la primera novela de la periodista Paz Ávalos

por Claudia Fuentes

Paz Ávalos González, estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Sebastián, en Concepción. Como periodista, trabajó en la ciudad de Los Ángeles, en diversos medios radiales, escritos y audiovisuales.

Paz Ávalos González, estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Sebastián, en Concepción. Como periodista, trabajó en la ciudad de Los Ángeles, en diversos medios radiales, escritos y audiovisuales. / cedida

Un caso que aún permanece en la memoria de la provincia de Biobío es el punto de partida de la primera novela de Paz Ávalos González, periodista que trabajó en la ciudad de Los Ángeles, en diversos medios radiales y audiovisuales, y que el año 2010 emigró a Buenos Aires, donde se recibió de profesora de Letras.

Desde el otro lado de la cordillera la autora, en entrevista con diario La Tribuna, dio a conocer detalles de la obra, inspirada en el crimen de las profesoras del fundo Cuñibal, y que se construye desde su experiencia en Los Ángeles.

¿Cómo nace la inquietud por escribir ficción?  ¿Fue un proyecto que venías trabajando hace años o surgió de manera más reciente?

Este proyecto nació en mi tiempo laboral en Los Ángeles. Trabajaba en un medio pequeño y a veces el trabajo periodístico era escaso. En esa época no pensaba en escribir una ficción. Pero trabajaba cubriendo de todo un poco.

Yo tenía la idea de investigar casos policiales conmovedores y, entre otros, el caso de las profesoras de Cuñibal era bastante especial. Hablando de esta idea con una amiga periodista en la ciudad, me dio el contacto de un policía que tenía un caso muy impactante. Luego esta persona me habló de otro caso,  y así fui juntando las historias que están en la novela y otros que estarán en la segunda parte.

Tu historia se sitúa en Los Ángeles, pero con elementos ficcionalizados, ¿Por qué decidiste ambientarla en este contexto y qué relación tienes con la ciudad?

La ciudad en la que ocurren estos hechos está inspirada en Los Ángeles y la provincia de Biobío. Pero nunca se hace mención a ella. Tampoco dejo en claro si se sitúa en Chile. Hay elementos que, cuando leas la novela, te van a confundir. 

Decidí usar este escenario pues cuando empecé a interesarme por estos casos, descubrí que la ciudad no era lo que yo, inocentemente, pensaba. Que aun luminosa, urbanizada y moderna, con edificios, mall, supermercados grandes y calles pavimentadas, contrastaba mucho con los entornos rurales, alejados y solitarios. Y el primer femicidio que cubrí -y que aparece en la novela-, me dio la sensación de que habiendo en Los Ángeles plazas tan lindas, siendo tan limpia y con todo a mano, tiene a su alrededor pueblos donde no pasa ni la micro. Y en esos lugares, donde la gente vive muy sola y lejos de sus vecinos, ocurren hechos espantosos.

El eje central de la novela es el femicidio de dos profesoras en el fundo Cuñibal.  ¿Qué te motivó a abordar una temática tan sensible?

El caso me interesó porque escuché rumores que me dejaron boquiabierta. En mi pueblo, Chacayal Sur, había varios antiguos peones del fundo. Hablé con algunos que dijeron que los verdaderos asesinos fueron los dueños, la patrona. Un señor muy mayor en ese momento (año 2008) me contó que había estado con uno de los culpados el mismo día y hora en que se suponía debía estar en la escuela cometiendo el crimen. Estos comentarios me intrigaron y pensé que, de ser así, la historia tendría valor periodístico. Pero ese proyecto murió porque no fui más allá.

Además, el caso jamás se abordó como femicidio pues en ese momento no existía la carátula legal. Muchos años después, cuando retomé estas indagaciones, me pareció que la historia, prudentemente abordada, podría ser temática de una novela de ficción y luego se fue dando en ella el género policial.

¿Cómo fue el trabajo de investigación para construir este caso?

Además de los peones, también pregunté en mis familiares y la gente de mi pueblo que era contemporánea de este hecho. Eran personas mayores que guardaban recuerdos vagos. Muchos hablarían por hablar o seguramente recordaban cosas que no querían decir, por miedo tal vez.

En el registro civil di con la dirección de Aladino Burgos y lo fui a buscar a su casa. Él no estaba y me atendió una sobrina suya, recuerdo que era muy amable. Esto fue en el año 2009. Aladino me llamó de vuelta y aceptó reunirse conmigo. Lo triste de ese encuentro fue que el hombre no tenía muchas habilidades comunicativas y no pude entender lo que decía. Ahí murió la historia real. Ante mi pregunta: "¿usted asesinó a las profesoras?" recuerdo que respondió que no. Me encontré en una encrucijada laboral: seguir indagando o no. Decidí por lo segundo. Con los años, retomé la historia, y otras más, con el fin de darles otra forma y lo transformé en una ficción.

¿Qué mirada quisiste dar sobre el periodismo y su relación con este tipo de hechos?

Soy mujer, periodista y feminista. Por eso quiero brindar una mirada sobre lo necesaria que es la perspectiva de género en estas narrativas. El personaje de Soraya llega para hacer preguntas incómodas, este es un recurso que empleo para poner sobre la mesa algunas reflexiones: ¿Quiénes son los verdaderos victimarios? A veces el Estado llega solo para imponer castigos, pero, ¿dónde estaba antes que se desatase la tormenta?

Los medios y el periodismo son herramientas de socialización que construyen sentidos, dan significados y validan conductas o ciertas prácticas. ¿Te acuerdas cuando a los femicidios se les llamaban "crímenes pasionales"? Este eufemismo restaba gravedad al crimen y a los victimarios, dejando en los lectores -las lectoras- la enseñanza de que si la mujer se "porta bien", no terminará muerta ni descuartizada en un baldío. O que si así ocurre, es porque se lo andaba buscando. Por eso la perspectiva de género es necesaria para hacer un periodismo que construya democracia.  

Como autora debutante, ¿cuáles fueron los principales desafíos al momento de publicar?

Encontrar una editorial y luego ese trabajo. Pero tuve suerte por lo que mencioné antes. Que el proceso fue cuidadoso y respetuoso, acompañado. Y con ellas ha venido la difusión, las redes, los influencers... todo un mundo nuevo.

Con la novela en circulación, la empecé a ver como a mi hija. Veo a la gente tomarla y me molesta que no lo hagan con cuidado.  Me costó tanto hacerla, escribirla, pensarla y corregirla... Tengo con ella una relación que debe sentirse como una madre con su criatura. Mi primer desafío fue soltarle la mano y dejarla ir a corrección de estilo. Luego, impresa, volver a leerla. Y después, la crítica.

Pero he sido afortunada en todos ellos. Mis amigas, las primeras en darme su opinión, fueron muy cuidadosas. Una noche en que me di cuenta que había diez personas que compraron mi libro y nadie me decía nada, tuve un ataque de pánico. Sentí que había escrito una burrada y que mis seres queridos eran muy gentiles al no darme su opinión. Pero, obviamente no iban a decirme nada, yo dije que no quería saber.

Una amiga muy querida me dio su opinión y sus palabras fueron justo lo que necesitaba escuchar: "No puedo creer que soy amiga de la persona que escribió este libro. Cuando describías la cordillera, los árboles, el cóndor (...), me sentía en Chile sin conocerlo. Y en muchas líneas, vi que quien escribía eras tú".

¿Qué aprendizajes te dejó este primer libro?

Que el oficio de la escritura me ha llevado a lugares impensados, maravillosos. He conocido gente increíble, y vivido experiencias muy positivas. Me encantaría dedicar todo mi tiempo a crear estos mundos ficcionales y vivir de y para eso. Y que para crear, es necesario tener tiempo.

Finalmente, ¿qué esperas que le quede al lector después de leer tu novela?

Que la disfruten como yo lo hice escribiéndola. 

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