Crónica Ciudadana

La historia de Jaime Molina, el profesor que logró puntajes PAES históricos en matemáticas en Mulchén

El docente asegura que la mejora no fue casual. Un método apoyado en práctica sistemática, evaluaciones periódicas y trabajo personalizado permitió elevar el rendimiento de sus alumnos.

Jaime Molina, docente Liceo Nuevo Mundo de Mulchén, Cedida
Jaime Molina, docente Liceo Nuevo Mundo de Mulchén / FUENTE: Cedida

Cuando Jaime Molina Flores habla de matemáticas, no lo hace solo desde los números. Habla desde la convicción de que una buena enseñanza puede cambiar destinos.

A sus 36 años, este profesor de matemática del Liceo Bicentenario de Excelencia Nuevo Mundo ha sido protagonista de un proceso silencioso pero profundo: transformar el rendimiento académico de sus estudiantes y, con ello, ampliar sus expectativas de futuro.

Egresado de Pedagogía en Matemática de la Universidad de Concepción, campus Los Ángeles, Jaime conoce bien la realidad de muchos de los jóvenes que hoy prepara para la PAES. El mismo fue estudiante de un contexto marcado por dificultades económicas que estuvieron a punto de truncar su ingreso a la educación superior.

"Siento que tengo un compromiso con la propia formación mía, porque cuando yo fui estudiante de enseñanza básica tuve una vida bastante precaria y gracias a Dios tuve tres profesoras que me apoyaron mucho, que son las tías de enseñanza básica, que siempre las recuerdo con cariño, la Miss Jaqueline, la Tía Sandra y la Tía Carmen. Incluso ellas, cuando yo ingresé a la universidad, me apoyaron con la matrícula porque en ese tiempo se pagaba la matrícula, no había gratuidad, y sin ellas no hubiera podido estudiar".

Jaime Molina

Es el mismo compromiso que ellas tuvieron con Jaime el que, de alguna forma, le gustaría tener y mantener con sus estudiantes, "poder entregarles herramientas para que puedan mejorar sus vidas, para que puedan tener mejores oportunidades. Es como una devuelta de manos en el fondo".

PREUNIVERSITARIO

Desde hace cinco años que trabaja de manera estable en el Liceo Bicentenario Nuevo Mundo de Mulchén y hace cuatro lidera un proyecto interno de preparación universitaria enfocado en matemática, cuando los puntajes máximos del establecimiento apenas superaban los 750 puntos.

El plan no fue improvisado. Ensayos constantes, estrategias para responder con mayor rapidez, material de práctica, mini evaluaciones con tiempo real de prueba y actividades extracurriculares como campeonatos internos y participación en torneos nacionales de matemáticas forman parte de una estructura que se fue consolidando con el tiempo.

Se trata de un preuniversitario que funciona al interior del liceo, en el cual Molina hace clases de matemáticas; "voy preparando a los estudiantes con ensayos, les voy enseñando estrategias para responder más rápido, les voy entregando herramientas para que ellos puedan responder y les voy entregando material para que puedan practicar", explicó el docente.

Las jornadas eran extensas. Después del horario regular, las clases se extendían hasta las siete u ocho de la noche. Invierno, lluvia, cansancio. "Había días en que salíamos completamente de noche. Era duro, tanto para ellos como para mí, pero valió la pena", señala. El sacrificio fue compartido y los resultados comenzaron a aparecer.

Este año, el nombre del liceo trascendió a nivel nacional gracias a Felipe, uno de sus estudiantes, quien obtuvo puntaje máximo en matemática y recibió un reconocimiento presidencial.

Otros dos alumnos, Joel Rubilar y Jorge Riquelme, estuvieron a una y dos preguntas de alcanzar los mil puntos. Además, varios estudiantes superaron los 800 y 900 puntos, cifras impensadas años atrás para el establecimiento.

Jaime evita personalizar los logros y prefiere hablar de procesos y de mentalidad. "Al inicio, lo más desafiante fue ampliar la forma en que ellos se proyectaban. Muchos tenían como meta inmediata terminar cuarto medio y optar por una formación técnica, que es una alternativa totalmente válida. Nuestro trabajo fue mostrarles que también podían abrir otras puertas, incluyendo la educación universitaria, si así lo deseaban". Para reforzar esa idea, incluso rindió él mismo la prueba hace algunos años y compartió públicamente su puntaje máximo, como una manera concreta de demostrar que el objetivo era alcanzable.

Hoy, ese cambio de mentalidad se replica; en la actualidad, el ejemplo de los que van egresando se ve reflejado en que estudiantes de cursos menores estén manifestando interés en obtener buenos puntajes. El logro de uno se convirtió en motivación colectiva.

Jaime atribuye buena parte del éxito al compromiso de los alumnos. "Cuando uno les entrega las herramientas, ellos responden. Se comprometen de verdad". Pero también reconoció que su motivación es más profunda; "siento ganas de ayudarlos, de entregarles herramientas que les permitan cambiar su vida. Eso es lo que me mueve".

A cinco años de haber comenzado este proyecto, el profesor que un día fue apoyado por sus propias maestras hoy sostiene a nuevas generaciones. En cada ensayo corregido, en cada hora extra de estudio, Jaime Molina reafirma una convicción sencilla pero poderosa: que la educación, cuando se ejerce con vocación, puede abrir caminos donde antes solo había límites.




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