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Canalistas del Laja: un siglo de riego frente a la sequía y la urgencia de la cultura hídrica

por La Tribuna

La Asociación de Canalistas del Laja (ACL) conmemora su centenario en medio de desafíos climáticos y sociales. La gerencia impulsa la modernización de sus más de 1.000 kilómetros de red para garantizar la estabilidad hídrica en la provincia de Biobío.

La asociación, que administra más de 1.000 km de canales, trabaja activamente en la modernización y automatización de su infraestructura, busca optimizar los tiempos de respuesta y asegurar un flujo constante para las 55.000 hectáreas de riego que dependen del sistema Laja. / Asociación de Canalistas del Laja

La Asociación de Canalistas del Laja (ACL) se encuentra en un momento cúlmine de su historia, conmemorando los 100 años desde la apertura inicial de sus compuertas en diciembre de 1925. Este hito significó la inauguración de una red que transformó radicalmente la economía de la provincia de Biobío, históricamente dependiente del secano.

En este contexto de celebración y desafíos, la asociación ha experimentado un cambio cultural no menor en su liderazgo. Juan Pablo Jara Oyarzún, el actual gerente, asumió la dirección en enero 2025. Cuenta con cinco años de experiencia en la organización, además de trayectoria previa en el rubro agrícola y una misión y visión clara mandatada por el directorio, encabezado por don Germán Hermosilla: modernizar y automatizar la red.

El impacto de la asociación trasciende lo agrícola, afectando la vida de la comunidad de manera integral, incluyendo el suministro de agua potable y la generación de energía. El gerente de la ACL, indicó que los agricultores que fundaron la red hace más de un siglo (unos 110 años atrás, incluso) tuvieron una visión "inimaginable" y una "proeza histórica" al lograr dimensionar y construir el sistema de riego sin la tecnología actual.

DIMENSIONES DE LA RED Y ALCANCE GEOGRÁFICO

La infraestructura de la Asociación de Canalistas del Laja cuenta con más de 1.000 kilómetros de canales, que es la distancia aproximada de Los Ángeles a La Serena.

En términos de operación, la función esencial de la asociación se basa en tres conceptos básicos: captar, conducir y distribuir las aguas.

Un elemento clave para optimizar la seguridad hídrica ha sido el revestimiento de canales. La asociación postula anualmente a la Ley de Riego para estos fines y, hasta la fecha, se ha revestido poco más de 70 kilómetros de canal. Este revestimiento resulta crucial para asegurar una mayor seguridad hídrica, además de reducir las infiltraciones y las pérdidas por conducción.

MODERNIZACIÓN Y OPTIMIZACIÓN TECNOLÓGICA

Actualmente, los "ojos" de la asociación son los celadores, un equipo compuesto por 23 vigilantes titulares más 4 bocatomeros. El concepto de celador de agua es el de "vigilante del agua". Su trabajo en terreno implica recorrer y chequear que no haya interferencia en la red. Un celador puede tener a su cargo hasta 100 kilómetros de canal.

Sin embargo, la dependencia exclusiva de la mano de obra humana presenta vulnerabilidades (por ejemplo, si el celador se enferma o se ausenta). Por ello, Jara Oyarzún necesita la tecnología para poder monitorear y acotar los problemas de distribución más rápidamente. Utilizando una metáfora, comparó la red de canales con la Red de Metro de Santiago, donde cada punto de medición actúa como una "estación de metro". Este mapeo permite identificar rápidamente dónde se localiza una falla específica en un tramo.

Para financiar estos proyectos de automatización y revestimiento, la asociación depende fundamentalmente de la Ley 18.450 y de los bonos de riego de la Comisión Nacional de Riego (CNR). La autoridad de la asociación recalcó que, al ser una organización sin fines de lucro, los altos costos de la tecnología no pueden ser traspasados a la cuota del regante.

EL FACTOR SEQUÍA Y LA GESTIÓN RESPONSABLE DEL LAGO LAJA

A pesar de que la provincia de Biobío aún cuenta con disponibilidad de agua, el factor sequía y el cambio climático representan la mayor amenaza futura. La ACL administra los derechos del Río Laja y el Lago Laja, lo que se conoce como el "sistema Laja".

Un indicador preocupante de la escasez actual es el comportamiento del Lago Laja. En años anteriores, la apertura del lago para suplir la necesidad de la cuenca ocurría en la segunda quincena de diciembre. Pero, en la temporada reciente, el lago tuvo que ser abierto el sábado 15 de noviembre.

El gerente explicó que, en tiempos de escasez, el mandato es "apretarse todos," ajustando la distribución. No obstante, lo que el regante necesita es estabilidad.

Jara Oyarzún advirtió que la preocupación no es solo la temporada actual, sino el futuro. Al abrir el lago un mes antes que el año pasado y ante la incertidumbre de cuánto lloverá o nevará el próximo año, el riesgo de agotamiento del lago, aunque no es inminente, se proyecta como crítico para el 2026 o 2027 si persisten condiciones similares a las actuales.

IMPACTO SOCIAL Y CONVIVENCIA CON LOS CANALES

A medida que los canales atraviesan zonas más pobladas, surge la "complejidad del factor humano". El gerente de la ACL denunció que los canales son usados frecuentemente como basurales. 

Estudios han revelado que el principal foco de contaminación no son herbicidas o químicos, sino coliformes fecales humanos. El ejecutivo lamentó que aún existe gente que instala letrinas sobre los canales. Esto es crítico, ya que el agua de riego se utiliza para hortalizas de consumo directo que terminan en la mesa de los ciudadanos.

Otro desafío de índole social es la falta de conciencia de los nuevos vecinos que han llegado a vivir en parcelas, especialmente tras la pandemia, que no conocen las normativas de riego. Un problema recurrente es la servidumbre de los canales, un espacio necesario para que el celador pueda acceder a limpiar y mantener la red. Cuando las personas lotean y cercan hasta el límite del canal, obstruyen el paso, dificultando la labor vital de los celadores, generando desconfianza y trabas en su trabajo.

VISIÓN DE FUTURO: DEL ESCOMBRO A LA CALIDAD DE AGUA

La Asociación de Canalistas del Laja, consciente de su rol social, busca intensificar la comunicación para dar a conocer su trabajo. Los agricultores (asociados) ya comprenden el valor del agua porque pagan por ella, pero la sociedad en general necesita entender el impacto de sus acciones.

Juan Pablo Jara Oyarzún enfatizó que el mensaje de los 100 años es promover la cultura de convivir con el agua y con el canal, entendiendo que no es un basural, sino una fuente de vida y calidad de vida. El agua, al cruzar la ciudad, aporta a la "calidad de vida, algo totalmente intangible".

"La visión que lograron tener estos próceres [hace 110 años] es impresionante... era un hito y un impacto que iba a tener para la provincia hasta la fecha"

Juan Pablo Jara Oyarzún, gerente de la Asociación de Canalistas del Laja


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