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Tragedia Antuco, 10 años

El desconsuelo de las familias a 10 años de la marcha mortal

El luto y el manto de dudas respecto al hecho sigue hoy tan vivo como aquella jornada del 18 de mayo de 2005.


 Por La Tribuna

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Exactamente hoy se cumple una década desde la fatídica marcha en los faldeos del volcán Antuco, la cual -debido a un acto de irresponsabilidad- cobró la vida de un sargento y 44 jóvenes soldados conscriptos mientras realizaban su servicio militar en el Regimiento Reforzado Nº 17 Los Ángeles, transformándose en la peor tragedia militar en tiempos de paz que se recuerde en la historia de Chile.

Es en esta fecha que el dolor se incrementa aún más por parte de sus familiares, quienes esperan que en algún momento salga a la luz toda la verdad de lo que realmente sucedió y se les dé respuesta a las miles de interrogantes que aún persisten en aquellas 45 familias que cargan con el recuerdo de la campaña en la cordillera del 18 de mayo del 2005, que les abrió un sufrimiento que jamás sanará. 

Los testimonios de dolor se repiten en cada padre, madre, hermano, hijos, esposas y amigos de los fallecidos, mientras el paso del tiempo ha hecho que esta historia se olvide poco a poco en el transcurso del tiempo.

Ruth Monares y Carolina Renca, quienes perdieron a sus hermanos, relataron a La Tribuna cómo han sido estos 10 años sin ellos, su lucha por hacer justicia, las interrogantes que aún no tienen respuesta y los detalles que respaldan su versión de los hechos.

CAROLINA RENCA, HERMANA DE JULIO RENCA NAVARRETE

“Estos 10 años sin mi hermano han sido igual de dolorosos que el primer día”

 

Luego de la muerte de su hermano menor, su familia se sumió en un gran dolor. La situación gatilló que, dos años más tarde, su padre -sin poder asumir ni superar la partida de su hijo- tomara la decisión de quitarse la vida con la esperanza de reencontrarse con Julio.

Producto de todas las penas, la madre del conscripto fallecido ha estado con graves problemas de salud, por lo que Carolina tuvo que asumir la responsabilidad de sacar adelante, apoyar y levantar a su familia.

La joven cuenta que estos 10 años sin su hermano han sido igual que el primero. “Para la gente son diez años, pero para las familias es siempre volver al principio. Yo siempre digo que en esto nosotros tenemos la labor de informar a la gente para que no se olvide, pero para nosotros, como familiares, todos los días son muy difíciles, uno se acuerda de su familiar pensando en qué hubiese sido de ellos ahora, en qué hubiesen estado, algo que todos los días te lo preguntas”.

Añadió que “durante todo este tiempo tuvimos que asumir la pena como familia y sobre todo buscar responsables de la tragedia, porque esto sí los tuvo y como familia lo sabíamos”.

La hermana de Julio agregó que “tenemos la convicción que, si hubiese habido mandos realmente a cargo de los niños, no hubiese sucedido esta tragedia”.

La despedida

La última vez que Carolina vio a su hermano fue en una de sus salidas, donde estuvieron todos juntos en la casa tomando once. “No recuerdo bien si fue una semana antes de la tragedia la última vez que estuve con Julio, sólo recuerdo que estuvimos tomando once en familia, nunca pensé que no lo volvería a ver más con vida. De hecho, cuando lo fuimos a dejar, yo era la que lloraba porque no lo quería dejar ahí”.

Nunca imaginaron la tragedia que se vendría tras esa despedida, hasta que se enteraron por la prensa que un camión del regimiento de Los Ángeles se había volcado, enterándose un rato después por un vecino que, al parecer, el accidente no era menor. Una tormenta de nieve sorprendió al sector cordillerano, donde una de las compañías que se encontraba realizando ejercicios de instrucción en ese lugar era a la que pertenecía Julio.

En ese instante comenzó un martirio para ellos y todas las familias esperaban impacientes obtener alguna información del estado de sus seres queridos. Carolina recuerda ese momento como uno de los más dolorosos episodios de su vida. “La espera de saber si mi hermano estaba vivo o muerto fue terrible, uno nunca piensa que le pueda pasar algo así”. Luego de diez días de angustia, el 28 de mayo, apareció el cuerpo de su hermano, momento que dio comienzo a la lucha de hacer justicia por la muerte.

La lucha por hacer justicia y la sentencia

Si bien se dictó sentencia a quienes en virtud de su responsabilidad fueron considerados culpables de la mayor tragedia del Ejército chileno en tiempo de paz, los familiares de los 45 fallecidos consideran que las condenas otorgadas a los responsables fueron injustas y una falta de respeto para quienes perdieron la vida.

En esta línea, Carolina Renca enfatizó su decepción e indicó que nunca se hizo justicia por las víctimas de Antuco: “Para nosotros nunca va a ser suficiente lo que la justicia nos dio. Para empezar, nunca cumplieron y el único que cumplió cárcel no cumplió la sentencia completa. Los demás, que lo encuentro insólito, trabajando para el Ejército todavía, entonces, de qué justicia hablan si nunca se ha hecho”.

Aunque esta resolución no es lo que buscaba Carolina y los demás familiares de los soldados fallecidos, ahora sólo esperan que se cuente toda la verdad y que el Ejército tome conciencia y se preocupe de los que siguen cumpliendo con su Servicio Militar, para que nunca más inocentes jóvenes vuelvan a perder la vida.

 

La entrega del cuerpo

Cuando a la familia Renca Navarrete le entregaron el cuerpo de Julio, estaba sin ropa de nieve, lo que evidenciaba la falta de implementación con la que debían contar quienes marcharon ese 18 de mayo. Muchos de esos chicos nunca habían visto la nieve, mucho menos habían pasado frío a causa de ella.

“Yo no digo que no tuvieran las herramientas, sino que se debe tener el resguardo para todos, a ese punto vamos nosotros. Aunque para algunos sea repetitivo, en este país hay que hacerlo para que las cosas no se vuelvan a pasar”.

Añadió que “no sé cómo he estado de pie, luchando todos los días por mi hermano, el afán de que esto salga a la luz y que nada se calle. Mi hermano ya murió y no hay nada que pueda hacerlo volver. Nosotros, como familiares, y mi familia no queremos que esto le vuelva a pasar a  otros. Es imprescindible que tengan el resguardo e implementación necesaria para todos los jóvenes que están en el Ejército”, recalcó Carolina.

Hoy siguen arrastrando la misma tristeza que hace 10 años. “Pesa lo mismo, pero trato de sobrellevar la carga de menor manera, por mi hermano, mi familia y quienes quedamos acá”, concluyó la hermana de Julio Renca.

RUTH MONARES, HERMANA DEL SARGENTO LUIS MONARES

“Nunca va a dejar de dolerme saber que mi hermano murió sin alguien que cerrara sus ojos”

 

Durante estos 10 años, Ruth Monares, junto a su hermana Angélica, desde que se enteraron de la muerte de su hermano Luis, el único sargento fallecido en la tragedia, quien salvo la vida de seis soldados, son quienes han estado a la cabeza de la lucha para hacer justicia por la muerte de estos 45 inocentes soldados.

Si bien el perder a su hermano fue un gran dolor, Ruth comenta que han logrado sobrellevarlo y que durante esta década su misión es y ha sido hacer justicia y sacar la verdad a la luz, luchar por todas las injusticias que se cometieron con los 44 conscriptos y su hermano, antes y después de la fatídica marcha.

Ruth comenta que en este tiempo ha podido pensar y superar el odio que sintió en un principio contra todos, “Ahora ya no estamos llenos de odio. Yo reconozco que durante los primeros años sí, pero entendí que eso es un proceso, es parte del duelo. Hay enojo hasta con el fallecido, porque te preguntas el porqué de un montón de cosas que después, con el tiempo, van madurando, pero la gente no comprende, hay muchas verdades no dichas y otras a medias”.

“Nosotros esperábamos un proceso judicial del que sabíamos que, si estaba a cargo de los militares, no íbamos a sacar nada, pero esperábamos que se conociera la verdad por lo menos”, explicó Monares.

Ruth y su hermana Angélica crearon la Agrupación de Familiares y Amigos de Soldados Fallecidos en Antuco, donde todos quienes tenían un lazo, ya sea familiar o de amistad con alguno de los mártires, se juntaron para luchar con más fuerza por sus seres queridos, la que en cierto modo les ha servido para apaciguar la pena y el rencor provocado por la tragedia de Antuco.

La Agrupación

La Agrupación de Familiares y Amigos de Soldados Fallecidos en Antuco nació con el objetivo de aglomerar a quienes resultaron afectados con la tragedia, con el fin principal de hacer justicia, además de organizar algunos beneficios del Estado. ”Eso fue lo que perseguimos, hasta lo poco que logramos, que fue con las condenas que se terminó, y hasta ahí llegamos y no pudimos más, porque la justicia en Chile no lo permitió”, explicó Ruth Monares, quien tiene el cargo de directora de la Agrupación.

Actualmente están dedicados a recordar y hacer conciencia en la comunidad para que no se olvide, ese es su objetivo, comentó Monares, agregando que “no voy a decir que ahora no tenemos nada más que hacer, pero sí estamos pendiente. Hay mucha gente que se acerca a nosotros, por ejemplo, familiares de personas que están haciendo el Servicio o del personal militar que han sufrido vejaciones o maltrato, esa gente llega a nosotros con el objetivo de saber cómo puede hacer un trámite, dónde ir y con quién hablar”, enfocados netamente en lo social.

“Si nosotros no nos hubiésemos agrupado como ahora, nadie se acordaría de lo que pasó en Antuco”, declaró Monares.

Todos los años, en esta fecha, realizan actividades y ceremonias en recuerdo de los 45 fallecidos para refrescar la memoria de la gente y mantener vivo el recuerdo de estas inocentes víctimas.

También, esta agrupación ha sido un apoyo para cada uno de los que la integran, transformándose en una familia. Así lo dejó en manifiesto Carolina Renca, hermana de uno de los soldados conscriptos fallecidos, quien afirmó que “juntarse con las otras familias ha sido un apoyo entre nosotros para poder sobrellevar un poco esta pérdida. Se forman lazos que no vas a tener con otras personas, hablamos el mismo idioma, sentimos lo mismo, puedes saber cuánto sufre la otra persona. Se han hecho lazos y amistades fuertes”.

Ayuda de primera necesidad

Los primeros años después de la tragedia, las víctimas, familiares de los fallecidos y los propios sobrevivientes recibieron ayuda y apoyo, sobretodo en el tema de salud. Es en base a este punto que Ruth Monares y Carolina Renca cuentan que están bastante olvidados, enfatizando que nunca se hizo un seguimiento del estado de salud de los afectados.  

Si bien se les otorgó una tarjeta de salud del Programa de Reparación y Atención Integral de Salud y Derechos Humanos, Prais, cuentan que no existe un decreto de salud de lo que se les ofreció en ese instante por parte de quien presidia el país en aquella.

“En ese minuto se nos ofreció una tarjeta de salud para atendernos en el Prais, no hay un decreto, no están los recursos para que te atiendan. El programa Antuco existe, pero sólo de nombre”, comentó Carolina.

A esto, Edith agregó que “tú revisas la prensa de esa época, y en salud, que es lo más importante en este minuto, hay varias mamás que han muerto, padres enfermos, con depresión, suicidios. Yo no le estoy echando la culpa a nadie, pero quizás, si hubiese habido un seguimiento dedicado a cada familia, tal vez no hubiese pasado”.

En concreto, para ellos el tema salud es necesario, no sólo para la familia de los fallecidos, también para los sobrevivientes, porque son muchachos jóvenes, ellos sufren, eso debiera resolverse. Eso es lo que Carolina, Ruth y todos quienes son parte de la agrupación esperan.

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