suscríbete al boletín diario

Tiempo libre

Cultura y Evolución del Pensar Humano

Cómo fue desarrollando el ser humano su capacidad de pensar y por ende de crear cultura?


 Por La Tribuna

15-05-2016_18-28-4123115-05-16-1

 

Decíamos en el artículo anterior, que de la controversia entre Heráclito y Parménides sobre la realidad circundante, si es cambiante o no; o si sólo es una mera apariencia sensorial al decir de Parménides, en que sólo la razón lo puede determinar, se  harán posteriormente cargo los filósofos de la antigüedad clásica, como lo fueron Sócrates, Platón y Aristóteles. También señalábamos que con Sócrates se inaugura una nueva etapa del pensar, porque ya no se sigue pensando en la naturaleza, sino en el hombre, en el ser humano y que por eso constituye una Filosofía Antropológica; sin embargo, él no enfrenta directamente la controversia señalada, pero inicia un estilo de pensamiento donde desarrolla las ideas, los conceptos, los “logos”. Y también planteábamos que en el contexto de desarrollo cultural del siglo de Pericles, expresan sus ideas, Sócrates, Platón y Aristóteles en el cual encuentran un campo muy fértil; estos dos últimos harán de las ideas socráticas la base de sus doctrinas. Veamos.

 

Platón (427 – 347 A.C.), nació en Atenas y fue discípulo extraordinario de Sócrates y brillante pensador, de procedencia aristocrática. A la muerte de su maestro Sócrates, abandona Grecia y viaja por diversas partes,  entre ellas  Egipto, donde conoce la tradición judía y la cultura oriental. De regreso a su patria, inauguró una escuela de filosofía llamada Academia, donde se enseñaba el platonismo, doctrina considerada como la más elevada expresión del idealismo. ¿Por qué? Aquí está el meollo de su doctrina filosófica conocida como la teoría de los “dos mundos”: el de las “cosas” y el de las “ideas”, en que  estaría la respuesta a la controversia entre Heráclito y Parménides.  Platón piensa, y plantea, que la realidad es dual.

 

Por una parte está el llamado “mundo de las cosas” que es cambiante, efímero, pasajero y, por lo tanto, imperfecto, que es captado por medio de los sentidos, que nos entregan información incompleta. Y  por otro, está el “mundo de las ideas”, que es perfecto, eterno e inmutable;  es el que aporta la razón.  El  problema es que el ser  humano está en el mundo de las cosas y, entonces, ¿cómo se relaciona con el de las ideas? La  respuesta podría ser que porque piensa, razona; y en parte eso es correcto. Pero Platón  no se queda ahí, sino avanza más. Ejemplifica tal problema con su “mito de la caverna”,  diciendo que el ser humano es como un esclavo encadenado en una caverna en donde sólo  puede mirar el fondo de ella, en que se proyectan los entes (ideas) que están a su espalda,  pero que no las puede ver y sólo ve sus sombras, a las que le  atribuye la condición de los  objetos cotidianos. Pero,  que sólo son reflejos de aquéllas; meras  apariencias. Ahora,  la condición de la razón del ser humano la relaciona con el “alma”, entelequia que ya se venía  planteando desde hace siglos.

 

Y,  dice, que la morada natural del alma es  el  mundo de las ideas y que estando allí las contempla directamente e  interactúa con ellas. Y que cuando  ella se  inserta en  el hombre al nacer, las  olvida, más las va  recordando  poco a poco  utilizando la razón.  Pero  nunca va a  tener acceso directo a las ideas, sólo a sus recuerdos. En consecuencia, la  realidad ontológica es  bidimensional: la realidad física (que nos rodea) y la realidad metafísica (lo que está más allá de lo físico); aquélla puede ser desentrañada por los sentidos y ésta -la metafísica- por la razón.  Y así resuelve esa controversia entre Heráclito y Parménides.

 

¡Interesante!, ¿verdad?

 

Según los estudiosos, algunas de  sus obras maestras fueron  “La República”, “Las Leyes”,  “Apología”,  los “Diálogos”.  En La República sostiene que el gobierno debe estar en manos de gente culta e inteligente; virtuosos y sabios al decir de Sócrates. Como vemos, incursiona también en las formas de gobernar, en el pensamiento político.

 

Aristóteles (384 – 322 a.C.) fue discípulo de Platón; nació en Estagira (Macedonia). Algunos historiadores y filósofos plantean que llegó a ser el filósofo más asombroso de la humanidad. Sus estudios abarcan diversas ramas del saber de su tiempo, como astronomía, zoología, botánica, poesía, etc.; además se le atribuye como el fundador de la Psicología y de la Lógica (estudios del alma y del pensamiento, respectivamente). Fundador de una institución educativa, el Liceo, en homenaje a un Dios, similar a la Academia de Platón.

 

Con la lógica como ciencia, opuso al principio de Platón de la “ciencia por las ideas”,  el de “la ciencia por las causas”. En el campo de la metafísica- hasta entonces dominado  por Platón- en el que tenían predominio las ideas y por lo tanto, el mundo ideal sobre la realidad y la experiencia, él decidió crear bases diferentes para constituir en ellas la filosofía y la ciencia. De él rescata el concepto de alma a la que le atribuye la forma superior de la materia humana.

 

Su gran aporte ideológico lo hace en el campo de lo que hoy conocemos como de la teoría del conocimiento, en que señala que sin experiencia no hay verdad. Según él, las ideas las entiende como la esencia de las cosas reales; dice  “nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.” Con ello pone las bases del empirismo, pues considera que todas las filosofías y las ciencias tienen que partir de las experiencias, es decir, de  las sensaciones que nos ofrecen el mundo de la percepción y el conocimiento sensible. O sea, no hay dualidad en la realidad ontológica; en ella hay un continuo a partir de la experiencia sensorial que culmina en la razón, en el pensamiento, en el conocimiento. Y así él resuelve la controversia entre Heráclito y Parménides.

 

Como se advierte, uno de sus grandes aportes es que redescubre la experiencia y la erige como la base del conocimiento verdadero. La percepción que había sido desechada como conocimiento impreciso y engañoso, para él es el punto de partida necesario y obligatorio, no sólo de toda la filosofía, sino de todas las ciencias. El mismo desarrolló y construyó por primera vez en Occidente las bases de casi todas las ciencias naturales más importantes,  tales como la física, la química, la geografía y también las ciencias sociales más significativas, como la ética, la política y en general el estudio de la sociedad. 

 

Esto tendrá una extraordinaria importancia en el empirismo científico a partir del Renacimiento.

 

Entre algunas de sus obras destacan: La Política, Metafísica, Poética, Retórica, ética, etc. y al igual que su maestro desarrolla un ideario político.

 

Platón y Aristóteles  tendrán una extraordinaria influencia en dos pensadores cristianos de la Edad  Media: San Agustín y Santo Tomás. El primero adaptará la filosofía platónica a su concepción religiosa y el segundo seguirá principalmente a Aristóteles, pensamiento que impregnará prácticamente toda  esa época.

 

Pero un pensamiento original, filosófico, se presentará en los albores del Renacimiento, que viene a presentar una nueva mirada del pensar, y que esbozaremos en el próximo artículo.

Especial Coronavirus

  • Compartir:
etiquetas
cultura

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes