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Reportajes

La desconocida (y muy azarosa) llegada de los colonos alemanes a Los Ángeles

El arribo de los inmigrantes a la zona se produjo justo cuando se gestaba una revolución que levantó en armas a los ejércitos instalados en la zona en contra el gobierno del Presidente Montt. Uno de esos ciudadanos alemanes narró esa experiencia en un diario de viaje.


 Por Juvenal Rivera

Monumento llegada de los alemanes a Los Angeles

Es conocida la historia de los inmigrantes alemanes que, entre 1857 y 1858, recorrieron la mitad del mundo para radicarse en Los Ángeles, en ese entonces, una villa situada en la Alta Frontera, es decir, el límite sur del Estado chileno.

Pero lo que es una historia prácticamente desconocida es que el arribo de dichos colonos a esta zona se produjo en el peor momento posible. ¿Por qué? Porque en esos meses se estaba en todo su apogeo una revolución que tenía alzados en armas a miles de soldados e indígenas en contra del Gobierno que era encabezado por el Presidente Manuel Montt.

Sí, estimado lector, aunque usted no lo crea, esos años fueron extremadamente convulsos para esta zona y el país. Poco se sabe al respecto.

Fue conocida como la Revolución del 59 y fue una reacción al poder absoluto de los Jefes de Estado en aquel entonces. Los sublevados incluso abogaban por una convención constituyente que reemplazara la Constitución Política de 1833 (de esos años que se hacen peticiones en tal sentido).

La sublevación más conocida ocurrió en Copiapó – una de las provincias más ricas del país en ese tiempo- y fue encabezada por el empresario y político Pedro León Gallo que, incluso, se nombró “intendente revolucionario” y armó a su propio ejército privado para combatir al Ejército regular.

En el sur, la situación era de la misma efervescencia. En enero de 1859, Bernardino Pradel y Nicolás Tirapegui levantaron en armas a la zona de “La Frontera” y eligieron como su líder a Benjamín Videla Guzmán, quien estableció su campamento en San Carlos de Purén.

Aunque fueron atacados sorpresivamente el 8 de febrero, los líderes rebeldes escaparon y rearmaron sus fuerzas hasta juntar 400 hombres. También se aliaron las huestes del cacique wenteche, Juan Manguin Hueno, que saqueó Negrete.

Enseguida, los rebeldes ocuparon Los Ángeles y Nacimiento y obligaron al intendente Cornelio Saavedra Rodríguez a retroceder hasta Chillán.

Decididos a continuar su avance hacia el centro del país para derrocar al gobierno, los sublevados decidieron atacar Chillán por estar menos guarnecida.

Las fuerzas insurgentes salieron de Los Ángeles el 26 de marzo y se llevaron nueve cañones, además de armas y pertrechos. Dos días después, Yumbel fue ocupado por los revolucionarios. Sin embargo, el objetivo más importante en esta primera etapa era tomarse la villa de Chillán.

Sin embargo, no contaban con el coronel José Manuel Pinto Arias, comandante de la División Pacificadora del Sur, que tenía 2 mil hombres bajo su mando, otros mil civiles armados y algunas piezas de artillería.    

A las 2 de la tarde del 12 de abril de 1859 se inició la batalla en el estero Maipón, conocido ahora como Las Toscas, que culminó cuando los revolucionarios fueron vencidos y se dieron a la fuga. Además de abandonar su artillería y armamento, tuvieron 20 muertos, 70 heridos y 300 prisioneros. Por su parte, las tropas de Pinto contabilizaron 13 fallecidos en combate y 55 heridos.

De esa forma, se puso fin al alzamiento en el sur.

¿Y LOS COLONOS ALEMANES?

En medio de toda esa refriega revolucionaria, se produjo el arribo de las familias de colonos alemanes a la zona de Los Ángeles. Los primeros llegaron a fines de 1858 cuando el panorama local otorgaba un mínimo de certezas. Sin embargo, la segunda oleada de inmigrantes se radicó en los primeros días de marzo de 1859 cuando estaba el peak de los sublevados.

Esos episodios son narrados por Wilhelm Jacobs, uno de esos inmigrantes que el 3 de septiembre de 1859 se embarcó junto a su familia y varias más en el puerto de Hamburgo con rumbo a un país muy lejano llamado Chile. A bordo del velero “Australia”, surcaron el Océano Atlántico, cruzaron el Cabo de Hornos y se adentraron por las costas chilenas hasta recalar en Talcahuano. Después remontaron el río Biobío hasta Santa Fe para terminar su viaje en carreta hasta Los Ángeles. 

El señor Jacobs tuvo un gran mérito en ese viaje de más de cuatro meses y medio: iba anotando cada una de las experiencias en una suerte de diario de viaje.

El 1 de marzo de 1859, escribió: Finalmente, a las 9 horas, llegamos a nuestro destino”. También advirtió que la situación estaba muy incierta: “Encontramos todo bastante complicado para nosotros, ya que nadie sabe qué es lo que pasa. El antiguo intendente (Nota de la redacción: se asume que se refiere a Cornelio Saavedra) ya no está y el nuevo tiene muy poco poder y tampoco está a favor de nosotros”.

Las anotaciones de ese día, que debieran haber sido llenas de ilusión y esperanzas, son diametralmente opuestas: “¡No tenemos ayuda y estamos solos hasta que vuelva la tranquilidad al pueblo! ¡Qué infeliz situación llegar en este momento”.

Es cuestión de imaginarse lo difícil para esas familias llegar en un momento de semejante incertidumbre en que, además, el idioma era una barrera tremendamente difícil de superar. La presencia de familias llegadas cuatro meses antes a la zona fue la clave para superar ese trance.

En este diario de viaje, el señor Jacobs va describiendo los sucesos de la revolución en marcha. Fue un testigo privilegiado de ese momento tan singular en la historia local.

Su relato está contenido en los “Documentos de la historia de la inmigración alemana en Chile, tomo IX”, editado por Ingeborg Schwarzenberg de Schamlz en 1968 y narrados en el libro “La Colectividad Chileno-Alemana en la zona de Los Ángeles, Recopilaciones históricas” de Agnes Brachmann de BornHardt editado en abril de 1999.

LOS RELATOS DEL SEÑOR JACOBS

Domingo 6 de marzo: Hoy a las seis de la mañana llegó a la ciudad una tropa de caballería desde Santa Fe con gritos de “viva” (el partido opositor). Sin más, se apropiaron de todo, especialmente de las armas. Como a las cuatro y media de la tarde se marcharon sin ningúb alboroto. Tambié se llevaron todas las telas.

20 de marzo: Llega el intendente con sus tropas. La caballería también ocupa el hospital.

22 de marzo: las tropas parten nuevamente, se dirigen hacia el norte, Copiapó.

24 de marzo: Nuevamente llegan a la ciudad los crucistas para dirigirse definitivamente el 28 hacia Concepción para luchas con los de allá. Las tropas son una verdadera banda de ladrones pues se robaron todas las vacas.

14 de abril: Hoy se divulgó la noticia que de los crucistas fueron vencidos totalmente en Chillán ¡una verdadera alegría interna mara mí!

20 de abril: los militares (llegados el día anterior) permanecen aquí. Son alrededor de 400 hombres y como a las 11 de la mañana llegan 200 más, comandados por el general Salvo. Ayer tuvieron batalla con 200 indígenas. Las tropas fueron saludadas con cañonazos porque impidieron un enorme levantamiento.

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