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Reportajes

La primera vez que un avión aterrizó en Los Ángeles

Desde aquel primer aterrizaje en 1927, harta agua ha corrido bajo el puente. Desde el aeródromo El Avellano hasta el de María Dolores que, se espera, pronto pueda volver a recibir vuelos comerciales.


 Por Juvenal Rivera

11,1, obras de construcción aeródromo María Dolores, fines de los '60 (2)

Fue en 1927 cuando se produjo, por primera vez, el aterrizaje de una aeronave en Los Ángeles en lo que – muy seguramente – debió ser todo un acontecimiento para los habitantes de la ciudad de hace un siglo.

De acuerdo a lo que está documentado, hace poco más de 90 años, específicamente un 27 de noviembre de ese año, el comodoro Arturo Merino Benítez, quien fuera el principal impulsor de la aeronáutica en el país, llegó a esta ciudad en su avión Moth Cirrus.

¿Pero dónde aterrizó si no había aeródromos, ni pistas ni nada parecido? Muy buena pregunta, diría el profesor Salomón.

Lo hizo en la calle Almirante Latorre, conocida en ese tiempo como “cancha de carreras”, a un costado de la población Villa Hermosa, cuyas viviendas ya estaban consolidadas de algunos años.

Lo que no está documentado es lo que debió ser la natural expectación de los residentes de Los Ángeles que debe haber presenciado un evento de esa naturaleza. Hasta antes de aquella jornada, los vuelos eran asuntos demasiado lejanos para una ciudad demasiado apartada del centro del país y que, a lo sumo, probablemente vio a algún avión surcando los cielos de la zona.

No debió ser de otra forma. Durante siglos, el sueño de volar era algo prácticamente imposible. Sin embargo, los hermanos Orville y Wilbur Wrigth cambiaron el curso de la historia cuando el 17 de diciembre de 1903, consiguieron hacer volar por primera vez un primer aeroplano en el mundo. Es decir, recién habían pasado 14 años de ese hito en la historia de la humanidad cuando un avión Moth Cirrus estaba posándose sobre la polvorienta calle Latorre.

La presencia de Arturo Merino Benítez en la ciudad fue parte del esfuerzo monumental del oficial para abrir nuevas rutas a lo largo del territorio nacional, en una industria aeronáutica que daba sus primeros balbuceos.

Este hecho fue el antecedente para que, en 1947, se pusiera en marcha el primer aeródromo en la ciudad: El Avellano, situado en el sector nororiente de la ciudad de Los Ángeles (ahora está poblado de viviendas para la clase media).

Aparejado a lo anterior, inmediatamente se iniciaron comerciales de la Línea Aérea Nacional (LAN) que se prolongaron hasta abril de 1959. Sin embargo, las precarias condiciones de seguridad en el aeródromo obligaron a buscar alternativas para el despegue y aterrizaje de aviones de mayor envergadura.

Y no hubo mayores demoras. Porque a poco del fin de los vuelos en El Avellano, se recibió una donación sustantiva: 106 hectáreas en el sector poniente de Los Ángeles. ¿Quién hizo tamaño aporte? Fue el médico Alonso Acuña Rebolledo, quien pidió que el lugar llevara el nombre de su madre. Originalmente se llamaba Salto el Perro por un estero cercano pero la denominación “María Dolores” prevaleció definitivamente y su nombre corresponde al de la madre del médico que hizo semejante aporte.

MARÍA DOLORES

Recién en 1969 se puso en marcha el recinto de María Dolores, El 15 de julio de 1968, justo en la década de los vuelos espaciales y poco antes de la llegada del nombre a la luna, el aeródromo María Dolores fue inaugurado con la presencia de las más altas autoridades del país.

Sin embargo, sus operaciones recién se iniciaron un año más tarde. Antes, hubo que instalar luces y radioayudas para iniciar vuelos de itinerario. Recién el 2 de junio de 1969, un avión turbohélice con capacidad para 44 pasajeros de la empresa Lan Chile, aterrizaba en la pista angelina. Ese aparato hacía el itinerario Cerrillos-Los Ángeles- Temuco. Dichos vuelos duraron hasta el 14 de marzo de 1974 por ser antieconómicos para la empresa que era estatal en ese entonces.

Otro dato. El camino de acceso desde la ruta principal se pavimentó recién en 1970.

Desde ese día de marzo de 1974 debieron pasar más de 13 años para que se restablecieran los vuelos comerciales. En el intertanto, en el terminal aéreo sucedió de todo. Hubo un tiempo en que estuvo administrado por el Club Aéreo de Los Ángeles. Después estuvo totalmente inactivo e incluso fue abandonado. Lo sorprendente es que  fines de los 70 funcionó una discoteque, muy acorde a la música que imperaba en ese entonces.

En los años 80, la administración paso a ser administrado por la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

Recién el 14 de diciembre de 1987, Ladeco inauguró servicios regulares a Los Ángeles, a través del vuelo entre Pudahuel-Concepción-Los Ángeles. El avión era un Fokker turbohélice con capacidad para 48 pasajeros.

Sin embargo, hubo un duro golpe a María Dolores cuando entre agosto de 1988 y enero de 1989, los vuelos fueron suspendidos por la falta de instrumental técnico. Sin embargo, Ladeco y Lan Chile, en pleno auge de la guerra comercial entre ambas compañías y soslayando las carencias de seguridad, escogen a Los Ángeles como una ciudad de destino para sus vuelos.

De hecho, en 1990 ambas aerolíneas coincidían dos veces a la semana en sus arribos al terminal aéreo local. Un dato adicional: entre abril y mayo de ese año, más de mil personas se embarcaron en un avión desde María Dolores. Durante todo 1990, hubo más de 8 mil embarques.

Pero la bonanza duró poco. En diciembre de 1990, Ladeco y Lan anunciaron con días de diferencia la suspensión de sus vuelos a Los Ángeles. La primera esgrime la necesidad de 200 metros más de pista para sus aviones mientras que la segunda sostiene que el itinerario no es rentable.

Un par de años más tarde, finalmente se pavimentaron los 8 kilómetros desde Los Ángeles hasta el aeródromo y, más importante aún, se amplió la pista y se mejoraron los equipos de navegación. Ladeco volvió a la carga en 1994 y un año después se sumó la línea aérea Alta.

Pero como sucedió en los intentos anteriores, los itinerarios pocos adecuados causaron un sostenido descenso en el número de pasajeros, al punto que los vuelos comerciales en Los Ángeles se volvieron a cancelar… hasta nuevo aviso.

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