jueves 23 de mayo, 2019

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Gobierno y expertos analizan si estamos o no preparados para otra catástrofe natural

La pregunta es válida si se consideran las inundaciones de 2006, los incendios de este año y la actividad de los volcanes Copahue y Callaqui. Hospitales, ONEMI, establecimientos educacionales, Ejecutivo, psicólogos, empresarios y otros son parte de un artículo que nos hace recordar a los fallecidos y a los desaparecidos de esta tragedia.


 Por BENJAMÍN AHUMADA

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El terremoto del 27 de febrero de 2010 es el octavo más rudo desde que los movimientos telúricos son medibles: alcanzó los 8.8 grados Ritcher de magnitud. Muy por debajo de los 9.5 del sismo más intenso que ha vivido el mundo: el terremoto de Valdivia en 1960.

La convergencia de las placas de Nazca y Sudamericana, a unos 150 kilómetros al noreste de Concepción, frente a las costas de Cobquecura, liberaron una energía equivalente a unas 800 mil bombas atómicas, y con ello una catástrofe natural que dejó 525 muertos, 23 desaparecidos, 2 millones de damnificados, 500 casas siniestradas y réplicas que se extendieron hasta el 2012.

La fuerza de la naturaleza afectó sin discriminación cerca de 640 kilómetros entre las regiones de Valparaíso y Araucanía, con apuntes de prensa que señalan incluso que se sintió más allá de Los Andes.

En nuestra provincia las cosas no fueron agradables, pero a nueve años de ese hecho, ¿estamos o no preparados para otra catástrofe natural?

La pregunta es legítima si se consideran las inundaciones de 2006, los incendios de este año y la actividad de los volcanes Copahue y Callaqui.

Bajo esta lógica, Diario La Tribuna quiso saber con el gobierno, centros de salud, expertos, constructores y establecimientos educacionales si estamos o no preparados, y aunque la respuesta es sí, una cosa queda clara: cada nueva catástrofe permitirá seguir mejorando nuestras reacciones, desde el ejercicio de evacuación denominado como el Plan Integral de Seguridad Escolar (PISA, ex operación DEYSI), pasando por nuevos equipos de comunicación, hasta las nuevas normas que rigen la construcción en Chile.

EL ESTADO Y SU ADMINISTRADOR

A nueve años del terremoto y posterior maremoto, podemos afirmar con toda certeza que la comunicación falló, tal como ocurrió el invierno de 2006 con la crecida del Bíobío. No se logró avisar lo que estaba pasando, y en consecuencia, hubo muertos.

Por lo mismo, el gobernador Ignacio Fica confirmó que se ha trabajado el tema de la seguridad ante una tragedia desde tres focos y pilares fundamentales: la comunicación, los Comités Operativos de Emergencia de cada comuna y una evacuación masiva en Alto Biobío ante una eventual erupción de los volcanes Copahue y Callaqui.

“El año 2018 comenzamos a realizar un catastro en la provincia respecto del tema telecomunicaciones, equipos de radio. Ahí nos percatamos de lo débiles que estamos, considerando la extensión territorial que tenemos en Biobío”, explicó la autoridad.

En concreto, Fica dijo que se invertirá en equipos de radio con repetidoras o conexión directa a la Gobernación: “la idea es que la Gobernación sea el punto de enlace de todas las comunas de nuestra provincia. Esto se refuerza, por ejemplo, por temas como el atentando a la antena en San Rosendo. Allí se vieron dos comunas afectadas. Si hubiera existido una emergencia, el tiempo de respuesta hubiera sido lento, entonces lo que buscamos en la emergencia es la respuesta inmediata, así como lo hicimos en Nacimiento, donde los plazos fueron inmediatos. Así, si se cae la antena, seguiremos conectados con un enlace directo; si falla uno, tendremos la otra”.

En paralelo, la Gobernación encabezará el trabajo para preparar a los equipos de emergencia de cada comuna. En este punto, Fica dijo que “el trabajo se hace junto al Ejército, y lo que busca esto es que las comunas estén preparadas, porque ellos son los primeros en actuar, en llegar en auxilio de sus vecinos en caso de una emergencia”.

Otro punto de las acciones del gobierno en la provincia apuntan derechamente a Alto Biobío, comuna cordillerana que convive con la furia del Callaqui y del Copahue, y con la que se realiza un trabajo particular: “a partir de marzo, junto a Carabineros, Ejército, servicios públicos, Gobernación y ONEMI, comenzaremos a ver el plan para evacuación, pero este trabajo es intenso y extenso. La idea sería hacerlo en el segundo semestre, pero para eso hay que hacer una preparación a la comunidad, a las autoridades y a las instituciones que van a participar. Ese es un gran trabajo que puede salvar vidas en el futuro”, aseguró el gobernador de Biobío.

En este punto, el incendio de la comuna de Nacimiento fue una pequeña prueba de coordinación en caso de emergencia y todo salió bien, y cuando hablamos de pequeña, no se trata de minimizar el siniestro, sino más bien de compararla con un terremoto de magnitud 8.8 de cuatro minutos, en las cercanías de su epicentro.

LOS CENTROS DE SALUD

Cada comuna tiene un centro de salud familiar, SAPU o SAR que responde a un protocolo establecido desde el nivel central, pero que es administrado según la realidad local.

En este sentido, existen turnos y no es el mismo protocolo para un día de semana que para un fin de semana.

Todos están conectados con el único hospital de alta complejidad que existe en Biobío: el complejo asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz.

El director del hospital de Los Ángeles, Bryan Romero, accedió a relatarnos cómo se han preparado desde 2010, sobre todo cuando fue reconocido con la categoría A por la Organización Panamericana de la Salud en cuanto al índice de seguridad hospitalario.

“El 2010 fue una prueba de fuego, pero también fue una instancia para poder aprender muchos de los protocolos que en ese momento podían estar vigentes. Como complejo asistencial podemos afirmar que estamos preparados para situaciones de contingencia, como pudiera ser un evento sísmico de gran magnitud”, dijo Romero.

El director agregó que existe “diseñado una serie de protocolos de evacuación, mantenimiento, abastecimiento de stock crítico de elementos que son indispensables para el funcionamiento del Comité Operativo de Emergencias, que año a año planifica actividades que van orientadas a probar los sistemas que están diseñados e implementados en el hospital, y que no pueden ser previsibles en la actividad diaria”.

En este tema, confirmó que cuentan con autonomía de una semana en cuanto a medicamentos y de cuatro días para mantener equipos de electricidad independientes y para suministrar agua potable, además de gas y otros insumos necesarios para un funcionamiento normal.

A diferencia de otros entrevistados, Bryan Romero habló desde la experiencia, pues son la única institución que ha realizado una evacuación masiva y real al recordar que “a raíz de una amenaza de bomba, nos vimos en la obligación de evacuar preventivamente el hospital, y en ese momento se pusieron a prueba, con la mayor eficacia, todas las coordinaciones para enfrentar una situación de emergencias, tanto al interior del hospital como con la red de emergencias pública y privada, que nos permitieron evacuar alrededor de 300 pacientes en un lapso de una hora”.

NUESTROS ESTABLECIMIENTOS EDUCACIONALES

El Ministerio de Educación posee un protocolo de reacciones ante eventuales catástrofes naturales que se agrupan en PISA y que no solo considera el segundo de la contingencia, sino que se preocupa de preparar todos los años a los llamados agentes de seguridad de cada establecimiento, respondiendo estos a un encargado de seguridad comunal que los dirige.

En nuestra provincia, el delegado provincial de educación, Emilio Díaz, es el responsable de dirigir una reunión mensual con los 14 encargados de seguridad de Biobío, y cada dos meses, asistir con ellos a otra cita regional con los responsables de todas las provincias.

En el caso de Los Ángeles, el responsable de tener el 100 por ciento de liceos (7), escuelas (39) y jardines (14) es el ingeniero en Prevención de Riesgos, Cristian Romero, quien agregó que “existe un convenio con la Universidad San Tomás para que todos los años certifiquemos a los encargados de seguridad de cada establecimiento, además de las reuniones con el delegado provincial, quien siempre nos aterriza y nos mantiene informados sobre la nuevas estrategias de seguridad que se aplican en el país y en el mundo”.

Orgulloso de su trabajo, explicó que “hoy todos nuestros colegios, liceos y jardines infantiles cuentan con su PISA y cada uno con su coordinador de seguridad. En conjunto, con ellos hacemos una reunión mensual donde trabajamos todo el tema y su actualización. Además, durante las vacaciones coordinamos con el Departamento de Obras municipal para hacer todas las mejoras en la infraestructura relacionada con las vías de evacuación, por ejemplo”.

NUESTRAS CONSTRUCCIONES

El terremoto y maremoto de 2010 mostraron al mundo que las construcciones en Chile están capacitadas para resistir los movimientos de la tierra, sin contar, claro está, el episodio del edificio Alto Río, ubicado en Concepción, y donde fallecieron siete personas, entre ellas una madre y su hijo de ocho años.

El presidente del Comité de la Vivienda de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) en la región de Biobío, Fernando Moraga, resaltó la calidad de sus obras en el país, las que son ejemplo a nivel mundial, pues están reguladas por la rígida norma de unos de los países más sísmicos del mundo, el nuestro.

Pese al estricto de nuestras leyes, lo cierto es que Moraga relató que tras el 27F hubo tres modificaciones importantes a sus códigos en relación con los suelos, el hormigón y los elementos no estructurales.

Respecto de los suelos, el consejero de la CChC y gerente de la constructora angelina CMG, Claudio Moraga, aseguró que la norma más estricta viene a mejorar la construcción, resaltando que un estudio de suelo y su mecánica puede cambiar en menos de 20 metros.

En este sentido, y si bien es imposible hablar de un mismo suelo, lo cierto es que estos deben tener rellenos especiales y estudios independientes, dependiendo del lugar donde se desee construir. Aunque esto signifique mayores costos, la CChC fue partidaria de la modificación legal posterior al terremoto.

En cuanto al hormigón, las calidades de estos y sus composiciones, también sufrieron modificaciones tras la tragedia, tal como ocurrió con los elementos no estructurales o las partes de adentro de, por ejemplo, un edificio.

En este sentido, paredes divisorias y tabiques deben ser aún más resistentes, pese a que no existan daños a la estructura, pues las caídas de estas generan pánico, y en algunos casos, la muerte.

ESTAMOS PREPARADOS

Hay un chiste que dice que los chilenos son sobrevivientes de terremotos, maremotos, aluviones, erupciones volcánicas e inundaciones, y es verdad. Por lo mismo, en las últimas décadas, las víctimas fatales de las catástrofes naturales son menores a las de otros países, lo mismo en construcciones y en la forma en cómo estamos preparados y ordenados para enfrentarlas.

Es cierto, tenemos una cultura admirable en este sentido, peronos ha costado vidas y por eso es tan importante recordarlo hoy, cuando se cumplen nueve años de esa madrugada veraniega, que permanece como una de las cicatrices más grande de los habitantes de nuestra región y provincia.

Cada demostración de fuerza de la naturaleza nos vuelve a educar y nos hace estudiar una vez más sus causas y consecuencias. Esa es la principal conclusión emanada tras las conversaciones con las fuentes de este artículo.
 


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