miércoles 18 de septiembre, 2019

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El director de “Jackie” y “Neruda”, sus películas más recientes

Sarah Lyall / © 2016 New York Times News Service


 Por ALEJANDRA SANCHEZ OCAMPO

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NUEVA YORK _ ¿Qué tan arriesgado es hacer una película sobre un personaje histórico de la vida real que las audiencias piensan que ya conocen? Los productores cinematográficos lo hacen todo el tiempo, por supuesto, con distintos grados de habilidades y éxito. Pero es raro intentarlo dos veces al mismo tiempo, con dos películas impactantemente distintas filmadas en distintos idiomas y escenificadas en distintos países, como lo ha hecho Pablo Larraín, un director chileno de 40 años.

Por alguna suerte de programación, sus dos películas más recientes (“Jackie” y “Neruda”) tenían planeado lanzarse con una separación de dos semanas una de otra. La primera, que se estrenó el 2 de diciembre, trata de cómo reaccionó Jacqueline Kennedy al asesinato de su esposo, el Presidente John F. Kennedy, en 1963; cómo se dispuso a escribir el guión que establecería el lugar de su esposo (y el de ella misma) en la historia. La segunda, estrenada el 16 de diciembre, trata de cómo el adorado poeta, senador y comunista chileno Pablo Neruda se tuvo que esconder cuando el gobierno prohibió su partido en 1948.

De cierta forma, las películas no podrían ser más diferentes; una fuertemente controlada y estructurada por el registro histórico, irradiante de verisimilitud pese a las libertades que se toma, y la otra que envía a un personaje histórico a una fantasía ficticia picaresca. Pero ambas se preocupan por crisis, con los protagonistas intentando escribir sus propias historias en medio de eventos más grandes que ellos mismos.

“Los iconos siempre han estado involucrados en la formación de sus propias leyendas, pero a menudo termina yendo a otra parte, donde no pueden controlarla”, dijo Larraín durante un desayuno en un hotel de Manhattan. Larraín vive en Santiago, Chile, y estuvo en Nueva York promocionando “Jackie”. “Hay una laguna, y esa laguna es el momento incontrolable, y eso es lo que hay que analizar”, afirmó.

Intenso, exigente, tendiente a examinar a sus sujetos a través de perspectivas múltiples, Larraín es considerado uno de los productores cinematográficos más interesantes y atrevidos de Chile. Antes de “Jackie”, solo había hecho un puñado de películas, todas escenificadas en Chile y a menudo tocando, en varias formas, la divisiva y traumática historia política del país. “The Club”, por ejemplo, trató de sacerdotes católicos romanos que cometieron abusos infantiles y otras crímenes, a veces en nombre del Estado; “Post Mortem” fue sobre el derrocamiento del gobierno a manos del general Augusto Pinochet en 1973, y “No”, su película más famosa, trató sobre la maestral y extrañamente jovial campaña de un ejecutivo de publicidad para derrotar a Pinochet en el referéndum de 1988 sobre su presidencia.

Larraín viene de una familia políticamente conectada, con padres que han estado involucrados en políticas de ala derecha, aunque él se inclina mucho más a la izquierda. “Cómo se sienten al respecto es una pregunta para ellos, pero pienso que están muy orgullosos”, dijo respecto a su relación con su familia.

“Hicieron algo que a mí me parecería muy difícil hacer, que fue criar a alguien que piensa tan distinto a uno mismo”, explicó. “Tengo dos hijos, y no sé cómo lo tomaría si en algún punto tuvieran perspectivas ideológicas diferentes. Habría que aceptarlo, y eso fue lo que hicieron”, subrayó.

“Jackie” también es política, una intersección entre lo personal y lo político en un momento singular de la historia, pero en muchas formas es una partida: es la primera película de Larraín en inglés, su primera filmación en Estados Unidos, su primera con una mujer en el centro. Sabía sobre Jacqueline Kennedy, por supuesto, pero no como un estadounidense.

“A veces, la perspectiva más interesante viene de afuera”, dijo Darren Aronofsky, un productor de la película que se acercó a Larraín para hablar de “Jackie” luego que “The Club” ganara el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Berlín 2015 (Aronofsky presidió el jurado).

“Estaba claro que era un autor muy diverso, pero también extremadamente preciso, y es extremadamente inteligente y no teme a tramar muchas, muchas capas para pensarse en una película”, indicó Aronofsky por teléfono. “Se acerca mucho a los actores y a los personajes, y es inquebrantable”, afirmó.

La primera respuesta de Larraín a la oferta, dijo, fue “¿Estás loco?” Pero luego empezó a pensar. “Para mí, Jacqueline Kennedy probablemente era la más desconocida de las mujeres famosas del siglo XX”, apuntó. “Hay tantas biografías sobre ella pero pese a ello realmente nadie sabe quién fue, y en ello hay un increíble misterio que me resulta muy sensual y atractivo”, indicó.

Aceptó hacer la película, con la condición de que Natalie Portman tomara el papel principal. “Por supuesto que se necesita a alguien que se parezca a ella, que tenga su estilo, elegancia, belleza, sofisticación; OK, ella lo tiene, bien”, explicó. Pero con Portman en pantalla: “Cuando la vemos, hay otra cosa que sabemos que está pasando, pero no se sabe qué. Es como si siempre estuviera a punto de explotar, pero lo controla”, afirmó.

El elemento central de la película es la entrevista que dio Jacqueline Kennedy una semana después del asesinato a la revista Life Magazine (el reportero fue Theodore H. White; aquí simplemente se le menciona como “el periodista”), en la que le metió a la fuerza la metáfora que llegó a definir la presidencia de Kennedy: que fue un Camelot estadounidense, “un breve momento brillante” trágicamente perdido.

Si “Jackie” fue un reto porque Larraín tuvo que aprender mucho sobre ella, entonces “Neruda” presentó el problema opuesto, “otro tipo de miedo”, porque Larraín ya sabía demasiado, dijo.

“Está en mi sangre; sus palabras describen a mi nación”, indicó. “Neruda, en Chile, está en el agua, en la tierra, en los árboles. Entonces, cuando se lo aborda, es difícil y desafiante y atemorizante. Se comprende que es inasequible, que nunca será de nadie”, explicó. Los extranjeros tienden a conocer a Neruda, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1971, a través de sus poemas de amor y posiblemente a través de su representación sentimental en “Il Postino”, una película italiana de 1995.

Pero es mucho más que eso. Larraín había estado hablando durante años sobre hacer una película sobre Neruda. Decidió abordar el tema de lado, rehuyendo de lo literal como forma de liberarse él mismo de su ansiedad sobre el tema.

“Pienso que responsabilidad es una palabra muy delicada para un artista”, precisó. “A veces la gente espera que uno haga un trabajo responsable al manejar hechos históricos. Otra gente espera que uno legitime lo que sea que ellos piensan o lo que sea que piensan que la persona hizo o fue”, explicó.

“Pienso que soy responsable en términos de lo que estoy expresando, pero pienso que estoy ocultando el mensaje lo más posible. No quiero dar todas las respuestas. Quiero que la audiencia lo descubra por sí sola”, continuó.

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