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Reportajes del mundo

La adorable transformación de un caudillo militar, con un gesto dirigido a Donald Trump

Neil MacFarquhar / © 2016 New York Times News Service


 Por La Tribuna

02-12-2016_18-50-47201-copia

MOSCÚ _ Caudillo militar caucásico, entusiasta de las artes marciales mixtas, flagelo de cualquier oposición; Ramzan A. Kadyrov, el líder autocrático de una república montañesa turbulenta, quiere convencer al resto de Rusia de que la imagen que tiene de él está totalmente equivocada.

Tomando prestado el manual de Donald Trump, Kadyrov, el líder de Chechenia, está protagonizando este otoño una competencia de televisión de realidad llamada “El equipo”. En un formato que se hace eco de “El aprendiz”, el programa que lanzó a Trump a la fama, Kadyrov está filtrando a un grupo de 16 telegénicos rusos jóvenes para seleccionar al que se convertirá en su asistente.

El bajo y fornido líder checheno de barba pelirroja _ quizá el personaje político ruso de más alto perfil aparte del presidente Vladimir Putin _ empieza un episodio explicando por qué su imagen necesita una transformación.

“La gente cree que mi imagen fue creada por los liberales, que soy aterrador, que mataré a quienquiera que diga algo sobre mí, que los pondré en un calabozo y los apuñalaré”, dice Kadyrov, conduciendo su vehículo SUV a través de un impresionante paisaje de picos escarpados.

“Eso fue inventado por los enemigos del pueblo, enemigos de nuestro Estado, que saben que en tanto yo esté en el Cáucaso, los servicios especiales occidentales y europeos no se las arreglarán para cambiar la situación aquí”, dice, haciendo referencia a la convicción oficial aquí de que Occidente busca orquestar un cambio de régimen en Rusia. “Esa es la razón de que quieran que el pueblo ruso tenga una mala actitud hacia mí. Quieren convertirme en enemigo del pueblo. Al contrario, la gente corre hacia mí. Me abrazan”.

Kadyrov, de 40 años de edad, claramente está siendo abrazado por el Kremlin, con transmisiones en la televisión estatal que representan casi un infomercial semanal. La razón para ello es menos obvia.

 

La primera posible razón es económica.

Chechenia, con una población de 1.4 millones de habitantes, cuesta al Kremlin alrededor de mil millones de dólares en subsidios anuales, según calculó el periódico RBC. Moscú anunció recientemente que los persistentes problemas económicos significaban que la república enfrentaría recortes del presupuesto federal como todas las entidades gubernamentales.

El programa parece destinado a convencer a más inversionistas y a turistas rusos de abrir sus billeteras en Chechenia para que Moscú no tenga que hacerlo. “Pensé que ser soldado era la parte más difícil, pero atraer inversión lo es”, lamenta Kadyrov en un episodio, jactándose de su papel al combatir a las fuerzas rusas antes de que su padre llevara al clan a cambiar de bando.

El programa también podría ser un intento de preparar a Kadyrov para un papel nacional.

 

“Están conscientes de la experiencia de Trump; están conscientes de la experiencia de otras personas que han usado estereotipos mediáticos para sus carreras políticas”, dijo Grigory S. Shvedov, editor del Nudo Caucásico, un servicio noticioso basado en internet. “Esto es evidentemente relaciones públicas políticas”.

“El equipo” describe a Kadyrov, a menudo vestido en varios todos de camuflaje, como una especie de osito de peluche adorable. Habla largo y tendido de las tradiciones aldeanas y de su propia biografía: lo que aprendió en las rodillas de su padre, cómo cortejó a su esposa, por qué ama a los árboles.

Al mismo tiempo, hablando en staccato, en un ruso con fuerte acento, dispensa un torrente de filosofía de héroe de acción, como la creencia de que cualquier hombre debería saber montar a caballo, disparar un arma y nadar.

Mientras Rusia se promueve mundialmente como el modelo antioccidental y el refugio de los valores conservadores, Kadyrov es descrito como un hombre carismático arraigado en la familia, la naturaleza y la tradición.

“No es ningún radical”, dice con entusiasmo un concursante llamado Andrei, un hombre de negocios moscovita de 31 años de edad.

En muchas formas, “El equipo” sigue un formato estándar de programa de realidad. Los concursantes, principalmente rusos con experiencia en mercadotecnia, están divididos en dos equipos y compiten en todos los episodios por cumplir una tarea, como producir un video que promueva a Chechenia. Hacen comentarios mordaces unos de otros, y Kadyrov envía al menos a uno a empacar semanalmente, escribiendo el nombre de la persona con una pluma de oro.

Varios políticos y estrellas pop rusos hacen apariciones especiales, desarrollando una competencia paralela de elogios a Kadyrov.

Lo que distingue al programa es que lo protagoniza un personaje cautivador que trabaja duro para ahogar su reputación brutal en una ola de encanto. La persistente militancia islámica y la propia campaña de islamización de Kadyrov son tratadas por encima.

Los chechenos están acostumbrados a ver a Kadyrov en la televisión local. Primero, la usa para presumir sus acciones diarias. Segundo, en una realidad mucho más sombría, busca eliminar a la disidencia humillando públicamente a cualquiera que se atreva a expresar siquiera una vaga crítica a su régimen. Abundan los abusos de derechos humanos, como detalló un reciente informe de Human Rights Watch.

Lo peor sucede fuera de cámara: los críticos desaparecen y algunos aparecen muertos. El baño de sangre no se limita a Chechenia. Las fuerzas de seguridad chechenas han sido vinculadas a asesinatos en Rusia y el extranjero. El más reciente fue el de Boris Nemtsov, un importante crítico de Putin acribillado cerca del Kremlin en febrero de 2015.

El líder checheno toma como blanco a los periodistas en particular. En septiembre, Zhalaudi Geriev, un reportero del Nudo Caucásico, fue encarcelado por tres años por posesión de mariguana. Su abogado dijo que las drogas habían sido sembradas y que le arrancaron una confesión bajo tortura.

Algunas organizaciones no gubernamentales ya no se sienten seguras celebrando conferencias en Chechenia, así que las organizan en Moscú, donde los críticos pueden hablar libremente.

“En la república chechena, hay una ley no escrita: se llama ‘Ramzan dijo’, y está por encima de todas las demás leyes”, indicó un participante en una conferencia sobre los derechos de la mujer este año, quien no quiso que se mencionara su nombre por temor a represalias violentas.

 

Inevitablemente, parte de la realidad se filtra al programa

Las cuatro mujeres entre los 16 concursantes en “El equipo fueron rápidamente eliminadas. “Las mujeres son amas de casa naturales”, dice Kadyrov.

También apoya la poligamia en Chechenia, aun cuando es ilegal en Rusia.

Cualquiera que sea el propósito de “El equipo”, la mayoría de los analistas le dirá que las barreras para que Kadyrov se convierta en el presidente de Rusia son demasiado altas para un musulmán y un ruso no étnico.

Putin no ha designado un heredero, sin embargo, y algunos imaginan que, si una sucesión resulta caótica, Kadyrov pudiera avanzar con su Guardia Pretoriana de 20,000 hombres y reclamar imponer el orden por el bien de toda Rusia.

Repetidas guerras en el norte del Cáucaso han inspirado a generaciones de artistas rusos, desde Mijail Lermontov hasta León Tolstoi y el escritor moderno Zakhar Prilepin. Ayudaron a encasillar a la región en la psique rusa como eternamente violenta, y no está claro que un programa de realidad pueda borrar eso.

La impresión más duradera podría resumirse en un poema de Lermontov titulado “Al Cáucaso”, que empieza: “¡Cáucaso! ¡Una tierra lejana! ¡Hogar de una libertad sencilla! Y estás llena de penas y manchada con la sangre de la guerra…”.

 

IMAGEN: Ramzan Kadyrov, líder de Chechenia, en una competencia de artes marciales mixtas en Grozny, Rusia, 15 de marzo de 2015. Tomando prestado del libro de jugadas del presidente electo Donald Trump, Kadyrov en 2016, protagoniza un reality show llamado 'The Team', en donde “el señor de la guerra caucásico”, obtiene un grupo de 16 jóvenes telegénicos, y sólo uno se convertirá en su asistente. (Sergey Ponomarev / El New York Times)

 

 

 

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