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Plurinacionalidad: un futuro que recuerda mucho el pasado de frontera

En la provincia de Biobío conviven distintos mundos, hace siglos. Por eso, al conversar en la zona sobre qué significa el reconocimiento a los pueblos originarios que se plantea en el borrador de la nueva constitución, hay opiniones fuertes. Fruto de la convivencia entre vecinos de hace mucho.


 Por Sebastián Henríquez

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Hace tiempo, dice Mauricio Rubilar, pero no hace tanto, esta tierra era de frontera. Los Ángeles, Santa Bárbara y Mulchén, eran los poblados chilenos ubicados más cerca del límite con el territorio mapuche.

Rubilar, doctor en historia en la Universidad de Valladolid, y docente de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, cuenta que este encuentro de mundos, forjó la sociedad de la provincia de Biobío.

“Los Ángeles era el último punto chileno… ir de ahí al sur o la cordillera, era meterse en tierra araucana. Y la mentalidad, las formas de vida, el tipo de sociedad que se construye en Los Ángeles, Santa Bárbara, era mentalidad de frontera”, cuenta.

Este mundo está marcado por los contactos de sociedades diferentes. Que conviven, a veces pacíficamente, otras en conflicto.

“Es un tema interesante, todas las crónicas de viajeros que visitan la Araucanía, cuentan que un poco más al sur de Los Ángeles se entraba en un territorio donde no solamente había mapuches, o araucanos, sino también población criolla, población que durante muchas décadas, había estado avanzando y ocupando el territorio, y que formaba parte de esta Araucanía”, relata.

En ese tiempo el Biobío marcaba una frontera, aunque una bien permeable en todo caso. Cruzada desde el norte por comerciantes, curas, peones sin trabajo y hasta viajeros. Desde el sur, llegaban animales, plata, y una multitud de mapuches que aprovechaba servicios en las ciudades. Incluso, dice Rubilar, a estudiar.

Esta convivencia se quiebra con las presiones económicas que se plantean hacia el fin del siglo XIX.

“La prensa del siglo XIX lo muestra, en Angol, Arauco, Los Ángeles, que esa prensa habla, desde 1850 a 1880, de la necesidad de que avance la frontera”, cuenta.

“Es un proceso gradual, primero con colonos espontáneos, luego una colonización planificada desde el Estado, pero primero gente que va y se asienta en el territorio nominalmente pertenecía a los pueblos indígenas, que a veces tenían autorización de los caciques”, dice.

“Hoy se recuerda poco que existían lo que se denominaba ‘indios amigos’, lonkos y comunidades que en ciertos territorios tenían vínculos con el mundo criollo, y tenían contactos permanentes”, afirma.

“Por otro lado, hay personas, chilenas, que llevaban décadas asentados en estos lugares, con autorización y sin problemas con caciques que controlaban esos territorios. En otros lados era diferente, porque acá hay que entender que era un mundo diverso, el mundo mapuche no es unificado, no lo fue ni lo ha sido, no tiene una estructura jerarquizada, unitaria, eran comunidades autónomas, con conflictos entre ellas, con actitudes distintas ante el estado chileno, unos colaboraban y recibían a los viajeros, permitían que se cruzara el territorio para llegar a Valdivia, otros eran más belicosos”, sostiene.

Este es el mundo que se ocupó, a fines del siglo XIX, por el Estado chileno. Con la superioridad de su ejército, fogueado en la Guerra del Pacífico, la frontera se corrió hacia el sur varias veces, hasta que se incorporaron todas las tierras indígenas al país.

Ahí comienza otra parte de la historia, dice Rubilar. La contemporánea. Pero, asegura el investigador, hay algo que no ha cambiado.

“Arauco y La Araucanía siguen siendo una zona de frontera, una zona donde por un lado el poder del estado chileno se diluye, no ejerce control concreto, y por otro lado es una frontera donde hay otras formas sociales y culturales, que son las del mundo indígena. Se produce una especie de vacío”, estima.

Más de un siglo después de la ocupación de la frontera, el proyecto de nueva constitución plantea el concepto de plurinacionalidad como una idea que contribuya a restaurar la convivencia entre los distintos pueblos que habitan el país.

Ha sido de las más polémicas.

Y cómo no, si como dice Rubilar, es una idea que se plantea en una sociedad que aún tiene mucho de frontera. Donde el que está del otro lado, genera desconfianza.

Es también, una idea que rompe con dos siglos de un Estado que concibe al país como una sola nación, con una sola identidad.

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CERTEZAS Y DUDAS

La plurinacionalidad es un concepto que la Convención Constituyente reconoció como relevante desde el inicio de su trabajo.

Parte de esto se explica por la presencia de 18 escaños reservados a una decena de pueblos originarios, siete de ellos para mapuche.

Según Adolfo Millabur, constituyente electo por el distrito 20 y ex alcalde de Tirúa, la idea venía de mucho antes, y formaba parte de las discusiones entre pueblos indígenas hace algunos años.

“Esto viene como un reconocimiento a los pueblos que conviven en el país. No a crear distintos países, sino a tener un esquema que permita hacer una convivencia desde ahí”, asevera.

“Chile debe reconocer que hay distintas miradas, en varios ámbitos, y uno de esos tiene que ver con los pueblos originarios, que tienen derecho a un lugar”, añade.

“Tenemos ejemplos en varios lugares del mundo. En Alemania o Suiza, por ejemplo, hay plurinacionalidad. Y por eso tenemos ahí democracias prósperas y estables, con una convivencia cívica sana. En Nueva Zelanda, hay otro caso”, explica.

“Yo lo considero como un requisito para el desarrollo, uno que resguarde los derechos de todos”, concluye.

La idea de plurinacionalidad entusiasma también al alcalde de Alto Biobío, Nivaldo Piñaleo. En esta comuna, donde un 80% de la población se reconoce pewenche, incluido su alcalde, se trata de una demanda de hace décadas.

“Nuestra propuesta es recuperar el territorio y que nos reconozcan como mapuche pewenche”, ha señalado el edil, en varias ocasiones.

Entre los gremios, por el contrario, la idea de plurinacionalidad genera más dudas que otra cosa.

Para José Miguel Stegmeier, presidente de Socabío, que agrupa a agricultores de la zona, hay un problema que subyace al concepto de plurinacionalidad.

“Yo estoy muy de acuerdo con reconocer el aporte cultural, económico y social de los pueblos indígenas, pero si hablamos de territorio, eso ya se conflictúa”, aclara.

“Además, es una idea que genera muchas expectativas, y eso genera conflictos, que es el temor nuestro, de los agricultores”, agrega.

“Y me pasa lo mismo con el sistema de consultas en la inversión, o con el agua, que se crea un aparato burocrático que es complejo. Yo entiendo que hay que avanzar en estas materias, pero sin olvidar que hay agricultores que están hace generaciones trabajando la tierra”, señala.

“Y Chile está complicado desde el punto de vista alimentario, y este rol es de cuidar”, advierte.

“Hay una mirada muy teórica, muy citadina, muy urbana, que no considera las necesidades del mundo rural”, concluye.

Sobre el ejemplo de plurinacionalidad en otros países, Stegmeier conoce el de Suiza a modo personal. “Tengo sangre suiza, y entiendo cómo conviven los italianos, franceses, alemanes y los suizos originales. Pero ellos no se movieron del territorio. Eso no pasa acá, acá hay gente que lo está ocupando”, señala.

¿UNA VUELTA AL ORIGEN?

En el capítulo del estado plurinacional y libre determinación de los pueblos, el artículo 5 señala que “Chile es un Estado Plurinacional e Intercultural que reconoce la coexistencia de diversas naciones y pueblos en el marco de la unidad del Estado”.

Artículos siguientes consignan que deben respetarse las cosmovisiones, tierras o costumbres de los pueblos originarios, y que debe garantizarse su participación en todos los niveles del estado.

Se reconocen además las lenguas originarias como oficiales, en territorios donde haya densidad poblacional significativa.

Para Rubilar, este sistema se parece mucho al que tenía la corona española con sus colonias. “Es paradójico, pero hay una situación que la consolidación del estado chileno moderno, con foco en el individuo, dejó de hacer. Y es lo que los españoles hacían en la colonia, que era dialogar en parlamentos con distintos grupos”.

“En ese sentido, la idea de plurinacionalidad es bien antigua”, señala.


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