Policial y Judicial

Desde funciones operativas a jefaturas: historias de tres carabineras en Biobío

A 64 años de la creación de la primera Brigada Femenina, más de 14.700 funcionarias integran hoy las filas de la institución, enfrentando el desafío de armonizar la alta exigencia del servicio operativo con la vida familiar y la identidad personal.

Suboficial Náyade Muñoz, suboficial mayor María Isabel Rozas y sargento primero, Fabiola Valenzuela, tres carabineras de Biobío que conjugan mando, patrulla y maternidad.
Suboficial Náyade Muñoz, suboficial mayor María Isabel Rozas y sargento primero, Fabiola Valenzuela, tres carabineras de Biobío que conjugan mando, patrulla y maternidad. / FUENTE: Diario La Tribuna

A 62 años del ingreso de las primeras mujeres a Carabineros de Chile, el rol femenino en la institución no solo se ha consolidado, sino que también se ha diversificado en funciones, territorios y niveles de responsabilidad. Hoy, las mujeres no solo forman parte del despliegue operativo, sino que también lideran unidades, toman decisiones estratégicas y sostienen el vínculo directo con la comunidad en contextos muchas veces exigentes.

En ese escenario, el desafío ya no pasa por abrir espacios, sino por sostener múltiples roles de manera simultánea. La vocación de servicio convive con la vida familiar, la maternidad y las exigencias propias de una institución de alta demanda, donde los tiempos personales suelen subordinarse a la urgencia del deber.

Las historias de tres carabineras de Biobío permiten observar esa realidad desde distintos escenarios: el liderazgo operativo, la jefatura en zonas rurales y el patrullaje directo con la comunidad. Tres experiencias que, desde lugares distintos, convergen en una misma convicción: servir, cuidar y responder, incluso cuando eso implica postergar lo propio en favor de los demás.

SUBOFICIAL NÁYADE MUÑOZ NORAMBUENA

Se desempeña como jefe de la Sección Centauro en la Prefectura Biobío, la clave de su éxito profesional y personal radica en la integración de sus facetas. Desde su posición de liderazgo en una unidad operativa de alto impacto, Muñoz sostiene que los roles de mujer, madre y carabinera no son entes en disputa, sino componentes esenciales de una identidad única. Sin embargo, reconoce con honestidad que el desafío más crítico no es la jerarquización de estos deberes, sino la capacidad de sostenerlos en el tiempo sin sucumbir al agotamiento o a la sensación de insuficiencia.

Enfatiza que la maternidad exige una presencia emocional constante, mientras que su labor en Carabineros demanda una disciplina férrea y sacrificios energéticos, que a menudo, compiten por el mismo espacio temporal. "Si uno de estos roles queda relegado, tarde o temprano todo se desbalancea", explica la jefa de la Sección Centauro. En su visión, el equilibrio perfecto es un mito diario; en cambio, existe una adaptación dinámica donde, según la etapa de la vida o las urgencias del servicio, se debe aprender a priorizar sin perder de vista las necesidades personales, logrando así una convivencia armónica entre la responsabilidad del mando y el cuidado de los hijos.

SUBOFICIAL MAYOR MARÍA ISABEL ROZAS LARA

Ostenta el cargo de jefe del Retén Polcura. Su posición representa la culminación de años de experiencia y la superación de barreras en sectores donde la presencia del Estado es vital. Para Rozas, ser carabinera ya constituye un desafío de magnitud, pero sumar a ello la jefatura de un cuartel y la responsabilidad de la maternidad eleva la exigencia a niveles máximos. Su día a día está marcado por la toma de decisiones institucionales que afectan a la comunidad, lo que a menudo implica postergar intereses personales en favor del bienestar colectivo.

A pesar de las largas jornadas y los momentos familiares que la labor policial inevitablemente arrebata, la suboficial mayor encuentra su motor en dos pilares fundamentales: su hija Antonia y el apoyo incondicional de sus padres. Es precisamente esa red de soporte y el amor filial lo que le otorga la resiliencia necesaria para comandar su unidad. Con el orgullo que otorgan los años de servicio, Rozas reflexiona sobre su trayectoria institucional como una búsqueda constante de armonía, donde la vocación de servir se funde con el compromiso del hogar. Para ella, ambos escenarios son igualmente significativos y se gestionan con la misma cuota de corazón y profesionalismo.

SARGENTO 1º FABIOLA VALENZUELA SEPÚLVEDA

Se desempeña como motorista en la Subcomisaría Paillihue. Su función le permite una interacción directa y ágil con la ciudadanía, donde la figura de la mujer carabinera aporta una mezcla distintiva de firmeza, sensibilidad y, sobre todo, empatía. Esta capacidad de conexión es especialmente evidente con los niños de los sectores que patrulla, quienes ven en ella un modelo a seguir y proyectan sus propios sueños de servir a la sociedad.

Valenzuela es franca respecto al costo emocional que conlleva su profesión. Describe la maternidad en Carabineros como un acto de "dividir el corazón", debido a las ausencias en hitos importantes del desarrollo de sus hijos por cumplir con el deber. Sin embargo, esa nostalgia se compensa con la satisfacción del coraje demostrado al servir a la ciudadanía con total disposición. Su convicción es tan profunda que asegura que, si tuviera que elegir su camino nuevamente, volvería a vestir el uniforme verde, reafirmando que el orgullo de ser madre y funcionaria es el motor que dignifica su sacrificada pero noble carrera en la Subcomisaría Paillihue.

DESDE JULIO DE 1962

La historia de Carabineros de Chile dio un giro irreversible el 16 de julio de 1962. En aquella fecha, un grupo de más de cien mujeres valientes cruzó el umbral del primer curso de la Brigada Femenina, rompiendo moldes en una institución que hasta entonces era exclusivamente masculina. Este hito no solo abrió las puertas a la equidad de género en las fuerzas de orden, sino que cimentó un camino de profesionalismo que ha crecido exponencialmente. En la actualidad, la cifra de mujeres en la institución supera las 14.700 integrantes, quienes se despliegan en todas las áreas de la gestión policial, desde el patrullaje preventivo hasta el mando de unidades territoriales. Estas mujeres no solo visten el uniforme con orgullo, sino que gestionan diariamente una compleja arquitectura de roles donde la vocación de servicio, la maternidad y el bienestar individual deben encontrar un equilibrio en un entorno de alta demanda emocional y física.




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