viernes 28 de febrero, 2020

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Policial

Muerte de joven haitiana revela la dura realidad de los migrantes

La mujer había llegado hacía unos días a Los Ángeles en búsqueda de mejores oportunidades de vida. Sin embargo, aparentemente por causas naturales, falleció en la jornada de ayer en la pieza que arrendaba en la población Domingo Contreras Gómez.


 Por Arturo Ledezma

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Dyseline Louis tenía 22 años y durante la mañana de ayer avisó a su pareja que se sentía mal. Para cuando llegaron a verla estaba tendida en su habitación del pasaje Volcán Pemehue de la población Domingo Contreras Gómez, sin signos vitales. Al lugar llegó personal del Servicio de Atención Médica de Urgencia (Samu), quienes trataron de reanimarla. Sin embargo, todo fue infructuoso. Dyseline falleció en el mismo lugar ante el dolor y la impotencia de las pocas personas que la conocían.

Siguiendo los procedimientos de rigor, efectivos de Carabineros también llegaron hasta la casa habitación situada a pasos de uno de los terminales de buses rurales, a unos metros del estero Quilque y el populoso sector de la Vega.

Ese lugar, hace ya varios años, arrienda piezas a precios muy módicos para alojar a quienes buscan estar cerca del centro de la ciudad y pocos metros de los terminales.

Luego de constatada la muerte, se estacionó en el pasaje una camionera del Servicio Médico Legal en el cual levantaron el cuerpo para llevarlo a la morgue a los exámenes del médico legista.

Según lo informado por personal de Carabineros cuando aún estaba realizándose el procedimiento para esclarecer las causas del deceso, fue descartada la participación de terceras personas.

Sin embargo, la historia de la repentina muerte de Dyseline va mucho más allá de un hecho policial ocurrido en una tarde de verano en Los Angeles.

Ella, al igual que muchos haitianos, había llegado a la capital provincial para buscar un empleo que le permitiera seguir subsistiendo después de salir de su país que arrastra por años una severa crisis económica y social.

De acuerdo a lo que relataron los propios residentes, ella había arribado recién el sábado, es decir, cuatro días antes de su intempestiva muerte. No tenía amigos en sus vecinos de las piezas contiguas y los pocos que la conocieron, lo hicieron de manera circunstancial, a razón de encontrarse en un pasillo y cruzar unas pocas palabras. Sin embargo, poco y nada pudieron decir de ella, de su pasado, o de los motivos que la trajeron a vivir a Los Ángeles. Sólo comentaron que se le vio cansada durante el domingo, y que quizá su agotamiento fue parte de lo que al fin le quitó la vida, pero eso es únicamente especulación, relataron algunos.

Al final de cuentas, de ella solamente se pudo averiguar que vivía en una pieza con su novio quien, sin hablar fluidamente el español, tuvo que hacer los trámites al SML local con la ayuda de algunos coterráneos que viven cerca, y también con el apoyo de la dueña de la casa en la que arrendaba.

Su caso revela la cruda realidad que viven miles de haitianos que emigraron de su tierra natal para buscar un mejor futuro en tierras lejanas y distintas. Algunas personas conjeturaron con que llegó a la ciudad para emplearse de temporera en algunas de las faenas de extracción de frutos que está en su máximo apogeo. Otros plantearon que iba en tránsito a otra ciudad.

Los cierto es que su cuerpo sin vida reposa en la morgue del Servicio Médico Legal angelino y ahora viene el lento proceso de repatriación de sus restos a su tierra natal, en el caso que algún familiar reclame su cadáver.

LOS HAITIANOS DE CHILE

La presencia de población haitiana ha crecido de forma notoria en los últimos años. Y si bien emigraron de su país superados por la pobreza, en los lugares de destino han sufrido la segregación y la xenofobia.

De acuerdo a los estudios sobre el flujo de migrantes haitianos, se han determinado tres categorías para entender cómo y porqué llegan a Chile.

Primero está el grupo “A” en el que se encuentra el grupo de migrantes de Haití con mayor capital cultural, económico y social, quienes además cuentan con redes de apoyo desde hace mucho tiempo en el país al que llegan como destino. Este grupo emigra principalmente a naciones como los Estados Unidos, Canadá o Francia, que son países que históricamente les resultan más cercanos y próximos en términos idiomáticos y culturales, además de que entregan mejores condiciones de vida.

Luego viene un grupo, o perfil “B”, que dice relación a aquellos haitianos que presentan algunas carencias en relación al perfil “A”. Estas carencias tienen que ver con los recursos disponibles, y que no les permiten llegar a países que tienen requisitos selectivos del primer mundo como los antes mencionados, pero que aspiran a tener la misma calidad de vida y el mismo desarrollo humano. Este segundo grupo es el que, bajo esta lógica, prefiere alternativas menos próximas a su cultura, como Brasil o Chile, pero que pueden proyectarse, en muchos casos, como un paso intermedio en el intento de llegar al primer mundo.

Y en tercer lugar está el grupo “C”, que corresponde a un perfil mucho más precarizado, que aspira principalmente a mejorar sus condiciones de subsistencia a las que tienen en su país, y esta es la población migrante que por lo general está asociada a la migración históricamente rural, que se desplaza hacia los ingenios de azúcar ubicados en República Dominicana.

Cabe señalar que nuestro país, y en el caso particular de nuestra ciudad, es ser un referente migratorio para los flujos “C” y “B”, y en especial para el grupo “B”, quienes siendo un segmento de la población con recursos económicos y culturales, que antiguamente prefería ir a Brasil por la afinidad cultural que encuentran en ese país, hoy en día están prefiriendo venir directamente a Chile o, incluso, en algunos casos, prefieren trasladarse desde Brasil hacia Chile, para cumplir con los objetivos y estándares que les permitan, o tener un cambio hacia países del primer mundo o, como señalamos antes, poder tener las condiciones de vida cercanas a ese tipo de países. Por su parte el segmento menor del grupo más pequeño de haitianos que corresponde al tercer segmento, y a pesar de que saben que Chile va a presentar dificultades culturales y de idioma para poder realizarse correctamente, han tenido que hacer frente a que en la República Dominicana tienen muchas dificultades y por ello es que asumen el riesgo de buscar en Chile una nueva alternativa de vida.

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