Opinión

La educación es la base de la libertad y el terror debe ser contenido antes de vivir una masacre

Administrador PúblicoLicenciado en Ciencias Políticas

Jorge Rivas Figueroa, Cedida
Jorge Rivas Figueroa / FUENTE: Cedida

No cabe duda que la invención de la rueda, la escritura y la imprenta fueron (entre otros) parte de la base para el avance de la civilización humana. Todos, ejercicios intelectuales que buscaban facilitar el trabajo, la comunicación y la masificación de textos que ilustraron los pensamientos venideros.

Lo que quiero decir, tal como le ha planteado innumerables veces en esta tribuna, es que pensar y poner en práctica las teorías es lo que nos hace crecer y para ello, hemos cedido la soberanía a nuestros gobernantes, los que están encargados de garantizar el libre pensamiento y de entregar las herramientas para esos fines, a través de la educación, ojalá desde la más temprana edad.

Cuando un gobierno elegido democráticamente disminuye los presupuestos en educación y se crean leyes que dan vida a instituciones como los SLEP, sin pensar en las realidades diversas de todos los territorios que componen Chile y con bajos presupuestos, lo que se hace es negar la calidad del proceso de enseñanza y eso, redunda, en ciudadanos y ciudadanas que no están preparados y preparadas para apoyar el crecimiento futuro de Chile.

Lo ocurrido hace una semana en el Liceo Miguel Ángel Cerda de Mulchén, donde aparecieron amenazas contra autoridades, apoyadas con elementos de rituales paganos, es una alerta, pero una alerta que nos advierte que el camino elegido para educar a las futuras generaciones está malo y no puede ser que las nuevas instituciones educativas consideren sueldos millonarios para quienes las administran, en desmedro de los elementos básicos que necesita cada establecimiento educacional del Estado.

Como ejemplo, basta recorrer las escuelas y liceos por lo que debe velar el SLEP Puelche y conversar con sus profesores y apoderados para saber que no llegan útiles de aseo y que faltan materiales de estudio para los niños y niñas, problemas elementales que hasta hoy han sido solucionados por donaciones de los mismos padres y de fundaciones que han visto el problema y han decidido ayudar a las comunidades educativas, que en el caso rural, viven con el miedo de cierre de sus establecimientos educacionales.

Además, las decisiones de suspender clases por estos actos atraviesan cuestionamientos, pues no es posible cerrar todo por miedo, porque eso significa que el terror provocado es más grande que la educación, lo que se traduce en un fracaso del Estado.

Si bien, la vida de las personas es lo más importante, lo cierto es que existen varias instituciones que garantizan aquello, sin embargo y alentados por medios poco rigurosos y sensacionalismo, la primera decisión, antes de pensar en las consecuencias, es arrancar.

La primera tarea de un establecimiento educacional, aunque parezca obvio decirlo, es educar, pero tras ello, las escuelas y liceos públicos, son muchas veces el único lugar donde un niño o niña puede comer, pero parece que eso no es importante para quienes toman decisiones relacionadas con la educación.

Cuando una nación vive bajo el terror, ya sea real (como era el caso de las anexiones de las familias a los territorios feudales), o ficticio como es el caso actual (apoyado por medios de comunicaciones sensacionalistas y las mentiras en redes sociales), lo que se hace es ceder nuestra libertad para sobrevivir y en el Chile de hoy, eso es evidente y el ejemplo es claro, una reforma de seguridad que busca monopolizar el poder atentando contra la democracia y eso, mis queridos lectores, es grave, por lo que urge educar a nuestro pueblo para evitar los abusos de los gobernantes.

Jorge Rivas Figuera

Administrador Público

Licenciado en Ciencias Políticas

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