Opinión

Día de la Educación Técnico Profesional: el valor de saber hacer

Educación técnico, Shutterstock
Educación técnico / FUENTE: Shutterstock

El 13 de octubre de 2010, Chile y el mundo contuvieron la respiración. Tras 69 días bajo tierra, los 33 mineros de San José comenzaron a regresar a la superficie y la imagen de la cápsula Fénix 2 quedó grabada para siempre en nuestra memoria. Pero toda hazaña tiene una parte menos visible: la que hace posible que ocurra.

Detrás de ese rescate hubo ingenieros, técnicos, operadores y especialistas que convirtieron la urgencia en soluciones concretas: perforaciones, sistemas de izaje, comunicaciones, logística y una cápsula diseñada para una misión inédita, desarrollada por técnicos y profesionales de Codelco, la Universidad de Chile y ASMAR. Y cuando surgieron dificultades, fueron los conocimientos técnicos los que permitieron responder. Porque no basta con saber qué hacer: hay que saber cómo hacerlo. Esa es -precisamente- una de las grandes fortalezas de la educación técnico-profesional.

Durante demasiado tiempo la hemos presentado como una alternativa secundaria frente a la universidad, pero los datos nos demuestran lo contrario. Según el SIES, en 2026 los centros de formación técnica e institutos profesionales concentran el 44,7% de la matrícula de pregrado del país, más de 610 mil estudiantes, y las carreras técnico-profesionales ya representan el 59,5% de los títulos de pregrado del sistema. La formación técnica no es la excepción: es la mitad del sistema.

Y aquí el ejemplo adquiere una dimensión especialmente relevante para el Biobío. Nuestra región concentra más de 130 mil estudiantes de educación superior, cerca del 10% de la matrícula nacional, y es el principal polo formativo fuera de Santiago. Una región que busca recuperar dinamismo necesita volver a poner en el centro aquello que mejor sabe hacer: producir, transformar, conectar y generar valor. La modernización de la actividad pesquera y forestal, el fortalecimiento de puertos y logística, y el desarrollo de nuevas industrias requieren algo que no se puede importar: capital humano capacitado. Técnicos preparados para operar tecnologías, mantener procesos y elevar la productividad pueden convertirse en una de las principales palancas del desarrollo regional. Quizás allí tenemos una oportunidad que todavía no hemos puesto suficientemente en el centro de la conversación: formar a las personas capaces de hacer realidad el próximo Biobío.

Los 33 no fueron rescatados por una sola profesión ni por una persona. Fueron rescatados por un equipo donde cada conocimiento tenía valor. Por eso, cada 26 de agosto, cuando conmemoramos el Día Nacional de la Educación Técnico Profesional, no celebramos simplemente una modalidad educativa: reconocemos una forma de aprender haciendo, de resolver problemas reales y de poner el conocimiento al servicio de las personas. Porque detrás de cada gran proyecto hay alguien que lo diseña, alguien que lo ejecuta, alguien que lo opera y alguien que sabe cómo hacerlo funcionar cuando aparece lo inesperado. El desafío del Biobío no es solamente imaginar cómo volver a crecer, es formar a las personas capaces de hacerlo realidad.

Roger Sepúlveda Carrasco

Rector Universidad Santo Tomás

Región del Biobío




matomo