Opinión

Neurodiversidad: sentir distinto también importa

Académica Magíster Interdisciplinario para el Acompañamiento de Personas AutistasUniversidad de Las Américas, sede Concepción

Yasna Anabalón, Universidad de Las Américas, Concepción
Yasna Anabalón / FUENTE: Universidad de Las Américas, Concepción

Durante mucho tiempo, hablar de neurodiversidad ha significado centrar la conversación en diagnósticos, dificultades o necesidades de apoyo. Sin embargo, cada vez existe mayor consenso en que para poder comprenderla se deben reconocer variadas formas de percibir, procesar y experimentar el mundo, todas igualmente valiosas. Entonces, ¿qué ocurre con el lado emocional de las personas neurodivergentes?

Sentir de manera diferente también importa, no porque las emociones de quienes presentan alguna neurodivergencia sean más intensas o menos legítimas, sino porque muchas veces se expresan, interpretan y regulan de formas distintas a las socialmente esperadas.

La evidencia científica reconoce una amplia diversidad en la comunicación, interacción social, percepción sensorial y expresión emocional de estos seres humanos. En este sentido, Happé y Frith destacan la necesidad de respuestas educativas y sociales flexibles, que reconozcan fortalezas, apoyos requeridos y múltiples formas de participación.

En Chile, la Ley Nº 21.545 incorpora un enfoque de derechos humanos, inclusión social e intersectorialidad. Sin embargo, su implementación exige transformar las culturas escolares, revisar las prácticas pedagógicas y promover una convivencia que reconozca la diversidad. Persisten experiencias de sobrecarga sensorial, incomprensión, aislamiento y dificultades emocionales en entornos que privilegian formas únicas de comunicación e interacción.

La educación emocional debe reconocer que las competencias no se desarrollan ni expresan de manera uniforme. Bisquerra y García-Navarro señalan que deben abordarse considerando características individuales, contextos socioculturales y diversas formas de experimentar el mundo. Desde la neurodiversidad, esto implica valorar distintas maneras de sentir, comunicar, regular las emociones y construir vínculos en ambientes seguros y accesibles.

La neurodiversidad nos recuerda que no todas las personas sienten, interpretan ni expresan sus emociones del mismo modo y que, precisamente, en esa diversidad existe una oportunidad para enriquecer la convivencia. Una sociedad verdaderamente inclusiva busca comprender las diferencias, respetarlas y generar las condiciones necesarias para que todos puedan desarrollarse plenamente.

Cuando una escuela aprende a valorar distintas formas de sentir, comunicar y relacionarse, no solo mejora la calidad de vida de los alumnos neurodivergentes. También fortalece la empatía, la convivencia democrática y el bienestar de toda la comunidad educativa.

Yasna Anabalón

Académica Magíster Interdisciplinario para el Acompañamiento de Personas Autistas Universidad de Las Américas, Sede Concepción

Etiquetas:




matomo