Opinión

Una mujer secuestrada. Una sociedad interpelada

Somos Mujeres por Chile

Claudia Hurtado, Cedida
Claudia Hurtado / FUENTE: Cedida

Lo ocurrido en Santa Bárbara es de una gravedad que exige nuestra atención y una condena categórica. Los antecedentes conocidos, que deberán ser establecidos por la investigación, dan cuenta de una mujer que habría permanecido durante más de dos semanas sometida a amenazas, agresiones, humillaciones y un trato profundamente degradante. Es difícil siquiera dimensionar lo que significa vivir una situación así. Pero precisamente por su gravedad, este caso no puede quedar reducido a la conmoción inicial ni a la reacción de las autoridades. Debe abrir una conversación más profunda sobre cómo estamos previniendo la violencia y, sobre todo, sobre nuestra capacidad para advertir a tiempo cuando alguien cercano está viviendo una situación de riesgo.

La prevención comienza muchas veces mucho antes de una denuncia. Comienza cuando escuchamos, cuando preguntamos y cuando estamos atentos a cambios que no debemos normalizar. Una mujer que deja de ver a sus amigas, que se aísla, que parece tener miedo, que ya no dispone libremente de su dinero, que está permanentemente controlada o que vive una afectación psicológica puede estar enfrentando una situación de violencia. No todas las formas de violencia dejan huellas visibles. Existe también el control, la violencia económica, el sometimiento y ese dolor que muchas veces se lleva en silencio. Por eso es tan importante conversar, generar confianza y no soltar el tema cuando percibimos que algo no está bien.

Esta tarea requiere también un compromiso permanente de las instituciones. La reacción de las autoridades frente a lo ocurrido es necesaria, pero debemos ser capaces de avanzar hacia una prevención mucho más activa y cercana a las comunidades. Esto es particularmente relevante en sectores rurales, donde las distancias, el aislamiento y las dificultades de acceso pueden hacer todavía más difícil pedir ayuda o detectar oportunamente una situación. Necesitamos fortalecer las redes locales, acercar los servicios, coordinar a quienes están en contacto cotidiano con las personas y entregar herramientas para que una señal de alerta no pase inadvertida. Prevenir es llegar antes de que el daño sea irreparable.

Y quizás la pregunta más importante que nos deja Santa Bárbara es cuánto de esto puede estar ocurriendo más cerca de lo que creemos. Puede ser una vecina que dejó de salir y nadie pregunta por qué; una amiga que siempre está justificando el comportamiento de su pareja; una mujer que ya no administra su propio dinero; alguien que dejó de hablar, que vive angustiada o que parece haber perdido su autonomía. No sabemos siempre lo que ocurre detrás de una puerta. Por eso, no dejemos pasar las señales. Estemos atentos, conversemos, acompañemos y, cuando sea necesario, busquemos ayuda. Santa Bárbara nos duele y nos indigna, pero también debe enseñarnos que la prevención es una responsabilidad de todos y que cuidar comienza, muchas veces, simplemente por mirar, escuchar y preguntar.

Claudia Hurtado

Somos Mujeres por Chile

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