Opinión

Cesantía y migrantes

MARIO RIOS (10),
MARIO RIOS (10) / FUENTE:

La cifra que más se expresó en la prensa, en lo que fue la "última ola" de migrantes a Chile, fue de un millón seiscientas mil personas llegadas al país. Esto corresponde a la última y más importante migración proveniente de Venezuela, Haití y Colombia, sumándose últimamente los bolivianos. Otras migraciones, como las peruanas y ecuatorianas, que corresponden a comienzos del siglo XXI, se ubicaron entre 300 y 400 mil ciudadanos arribados a Chile.

Se multiplicaron los restaurantes peruanos, todos con comidas deliciosas, y los ecuatorianos se ubicaron en el área de la salud, con resultados también muy positivos. Los bolivianos conquistaron la agricultura. Otras naciones, como Cuba, Argentina y países centroamericanos, si bien es cierto tienen alguna presencia, esta nunca ha sido cuantificada, por lo que entendemos que la suma de ellas a las anteriores mencionadas no modifica sustancialmente este análisis.

Vistas las cifras, que entre "pitos y flautas" se acercan a los dos millones de personas, es posible concluir que, de tal número, la mitad, un 50 %, puede corresponder al mundo laboral, es decir, personas que llegan a Chile como sostenedores de una familia que ha llegado con ellos o que deben enviar remesas a su país de origen. No conozco el monto de las remesas, pero deben ser, en el año, varios millones de dólares que salen de nuestro país, provocando, de paso, efectos positivos, por cuanto el dólar no despega a cifras mayores.

Pero volvamos al medio laboral que representa el migrante que arribó a nuestro país y se quedó. De partida, este 1.600.000 representa, para todos, autoridades y pueblo, la cantidad de mayor significación. Es la migración más reciente e identifica en un 90 % a las administraciones políticas de Bachelet y Piñera.

Una interrogante: ¿Estaba Chile preparado para tal nivel de migrantes arribados en tan poco tiempo? La pregunta surge por la información del INE con respecto a la cesantía, que la ubica en un millón de desocupados en el país, aprox. un 10 %. Ello conlleva una serie de interrogantes. ¿Ese millón de personas cesantes está compuesto básicamente por chilenos o por una gran mayoría de migrantes que, por el hecho de no ser nacionales, quedan en segundo lugar al momento de la contratación? Misterio.

Nada se conoce sobre esta cuestión, salvo en el caso agrícola, en que la migración boliviana simplemente conquistó el agro chileno, marginando al criollo en casi todas las variedades de fruta existentes en Chile.

En Santiago, los venezolanos administran, al día de hoy, el más alto porcentaje del sistema Uber, quienes, al consultarles por los ingresos que ello representa, expresan: "La mayoría de los días laborales nos acercamos a los $100.000, descontados los porcentajes que debemos entregar a la plataforma".

Una buena parte de estos conductores señala su disposición a quedarse en Chile definitivamente. Lo mismo, un altísimo porcentaje declara: "Mi señora también trabaja", expresando una variedad laboral que incluye la atención doméstica por $35.000 diarios y cuatro horas nada más. Algunas más "empeñosas" atienden dos clientes domésticos en el día.

Vistas así las cosas, la suma de trabajos sin obligación previsional (aunque todos debieran tenerla), suma muchos miles de trabajadores extranjeros, advirtiendo en ello, que los chilenos, definitivamente, dejaron en manos externas trabajos ya conocidos. Concluimos, con un parecer: El millón de cesantes, está compuesto básicamente por chilenos que viven de ahorros, pero especialmente del sistema social de nuestro país. ¿Es bueno eso? No, definitivamente no. Esperaremos datos más precisos para dar una opinión final. Sería interesante que los municipios colaboren en estas interrogantes al menos en su territorio comunal. 

Mario Ríos Santander

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