Opinión

Sin educación, no hay progreso ni ciudadanos preparados para proteger la democracia

Administrador Público - Licenciado en Ciencias Políticas

Jorge Rivas Figueroa, Cedida
Jorge Rivas Figueroa / FUENTE: Cedida

Para poder hablar del presente de la educación pública en Chile, es necesario retomar la historia y entender que en la Edad Media esta era administrada por unos pocos para otros pocos, ocultando la verdad para mantener el poder y las naciones bajo el miedo, que provocó, por ejemplo, el "Cisma de la Iglesia" o surgimiento del protestantismo de la mano de Martín Lutero, un ser humano que quiso hacer masivo el conocimiento de la Biblia.

Tras este hito de la historia, surge el "Renacentismo", un movimiento artístico y cultural que en su avance buscó la trascendencia del "hombre", más allá de la muerte. Con ello, la Edad Media dio paso a la Edad Moderna.

Tras el "Renacentismo", surgió inevitablemente "La Ilustración", un periodo donde la educación era la base de todo progreso. Esto es importante para este texto, pues es cuando nuestros próceres libertarios se educan en Europa y vuelven a América buscando la Libertad.

La educación adquirida en Europa, Perú y Chile (con profesores particulares, en establecimiento para la elite criolla y en los ejércitos del viejo continente), por personajes tan importantes como José Miguel Carrera y O´Higgins, es la base para comprender por qué,  tras nuestra independencia, la Constitución de 1833 hablaba de una "instrucción pública" (instrucción como sinónimo de instruir) que debía ser prioridad de los gobiernos, pues ellos sabían que la educación era un camino hacia la libertad y el bienestar común. Cada uno desde su punto de vista e ideología, lo entendió de esa manera.

En Chile, durante el Siglo XIX y XX, los gobiernos de José Joaquín Prieto, de Manuel Montt y Carlos Ibáñez del Campo fueron la base del fortalecimiento del rol del Estado en la Educación Pública, pero solo, hasta la creación y fortalecimiento del Ministerio de Educación ese rol quedó claro, con la oración "gobernar es educar", del presidente radical, Pedro Aguirre Cerda.

Tras ello, la dictadura militar quitó responsabilidad al gobierno central iniciando el proceso de municipalización de la educación, que hoy da paso a los Servicios de Educación Pública (SLEP), con la desmunicipalización exigida en revoluciones como "La Pingüina de 2006".

Educar a nuestros niños y niños ha sido responsabilidad del Estado, ya sea con escuelas y liceos públicos o autorizando la existencia de colegios de elite privados para quienes puedan pagarlo. Eso dio paso a una buena y a una precaria educación.

Hoy los SLEP, no están lejos de solucionar el eterno problema de la Educación Pública, la que dependiendo de la administración del Estado (gobierno de turno), será prioridad o no. En el presente, no es prioridad.

Pero esta nueva forma de administración tiene un problema mayor que no solo afecta a esta materia, sino que a todo lo que pasa en Chile, a saber: el centralismo.

Chile geográficamente es dispar, nada es igual, pero las decisiones sobre cualquier tema se toman en Santiago, por expertos que desconocen los territorios, lo que genera problemas tan grandes como llegar a todos lados cuando las comunas no están conectadas por una carretera o cuando olvidan que en Chiloé las comunas están compuestas por islas. No es lo mismo el SLEP Chiloé, que el SLEP Puelche (Antuco, Quilleco, Tucapel, Quilaco, Alto Biobío, Santa Bárbara y Mulchén) o los SLEP de la Región Metropolitana.

Las distancias no fueron consideradas, no existen establecimientos de educación rural en la capital, por lo que no hay problemas de transporte. Allá el dinero alcanza y allá todo se soluciona rápido, no como en el resto del país.

Hoy los SLEP están quebrados, han demostrado ineficiencia por falta de recursos y preparación, por falta de materiales, como el papel, para poder estudiar.

No comprendo la rebaja del presupuesto de educación del presidente Kast, pero sí entiendo cómo afecta a nuestros niños y niñas y, eso mis amados lectores, lo detallaré en una próxima columna, porque parece que hemos vuelto a la Edad Media.

Jorge Rivas Figueroa

Administrador Público - Licenciado en Ciencias Políticas

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