Opinión

La familia y las vacaciones

MARIO RIOS (10),
MARIO RIOS (10) / FUENTE:

El pasado lunes 13 de julio, en La Tribuna, un columnista, Juan Pablo Catalán, académico de la UNAB, nos advierte sobre un problema que, por su dimensión, es de la más extrema gravedad. Su enunciado central se encuentra en el titular de dicha columna: "La escuela se cerró, ¿también la familia?".  Más adelante, a modo de graficar el problema generado por las vacaciones, expresa: "En una habitación, un niño pasa horas frente a una pantalla" ... en otra, "una adolescente conversa más con un algoritmo que con su propia familia". Mientras tanto el comedor permanece en silencio. Las vacaciones, destinadas a compartir, han desaparecido. De la familia, quedan algunos esbozos. Los padres, de vez en cuando, emiten alguna interjección o elevan la voz en demanda de algo odioso. En la TV, la farándula distrae en tonos ordinarios, superficiales, sin valor alguno, destructora de la armonía, en suma, un desastre. Recuerdo nuestra Constitución, ley primaria de nuestro país: "La familia es el núcleo fundamental de la sociedad". No existe ninguna otra Constitución en nuestro planeta que señale en su artículo primero tal declaración. Algunas semanas atrás, en la misa dominical, el sacerdote comentaba la visita de una pareja, hombre y mujer, que anunciaban su determinación de contraer matrimonio. El sacerdote los felicitó y animó a construir, "una familia en que sus hijos vivan la alegría del amor y paz que da el hogar". La mujer, ante tales orientaciones sacerdotales se apresuró en aclarar:

"No, padre, no es tan así. Nos casaremos, pero tenemos el compromiso de no tener hijos. Tenemos dos hermosos perros que son nuestra preocupación". El sacerdote los miró asombrado. "Parece que aquí pronto habrá más veterinarias que consultorios... no es posible que desaparezcan los niños". El futuro marido, guardaba silencio. La mujer volvió a la carga. "Los niños de ahora son insoportables. Lo que pasa es que saben más que una. Alegan por todo. Si no les gusta algo de la comida, lo rechazan y hay que hacerle otra comida...no padre, niños no. Nuestros perritos nos reciben felices cuando volvemos a casa... los hijos no". El sacerdote guardó silencio y los "novios" se marcharon. Ya tenían día y hora para que los perritos tuvieran en sus casas, padres bien constituidos. La veterinaria del barrio los inscribiría para proporcionarles las vacunas del caso. En Chile, la alimentación de perros y gatos llegó a los mil millones de dólares, unos $950 mil millones de pesos chilenos. 

¿Qué hacemos entonces?

Con los perros, nada. Es un asunto de economía familiar. Allá ellos con sus presupuestos caninos. Pero con la familia, todo lo que hay que hacer.

Veamos. No hay censo, pero en una observación empírica se concluye que cada semana ingresan tres millones de personas a algún templo católico, cristiano. Unos diez millones de chilenos ven alguna imagen de TV diariamente. Otros cinco millones de niños y jóvenes, estudian en algún colegio o universidad. ¿Entonces? ¿Quién parte? Yo propongo. Las prédicas, los sermones. Cada sacerdote, cada pastor, al menos dos veces al mes, su sermón, dedicado solo a la familia. Hay decenas de citas bíblicas y otros, documentos de Iglesia que alientan a la familia. El tema es que ahora hay que comenzarlos a recordar.

Mario Ríos Santander  

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