Opinión

¿Pagar por el agua o por el servicio?

PresidenteAsociación de Agricultores de Ñuble

Carlos González, Cedida
Carlos González / FUENTE: Cedida

Las recientes declaraciones del ministro de Agricultura, Jaime Campos, en una radio nacional, han abierto un flanco de incertidumbre innecesario en un momento especialmente crítico para la agricultura nacional. Al señalar que los agricultores deben acostumbrarse a pagar por el agua, bajo la premisa de que este recurso no es infinito como el aire, se incurre en una imprecisión conceptual que requiere ser aclarada.

Contrario a lo planteado por el ministro, el agua en su estado natural —proveniente de las lluvias o del deshielo que alimenta los ríos— es un recurso de la naturaleza que no tiene un propietario originario en su fuente. Tal como ocurre con el agua potable domiciliaria, lo que los usuarios pagan no es el agua en sí, sino los servicios de captación, potabilización, almacenamiento, conducción y distribución que permiten su disponibilidad y uso.

En la agricultura sucede algo similar. Los agricultores, las organizaciones de usuarios de agua y las asociaciones de canalistas financian y mantienen la infraestructura necesaria para captar, conducir, almacenar y distribuir el recurso. Si el objetivo es desarrollar grandes obras hídricas mediante concesiones u otros mecanismos de inversión, es legítimo discutir cómo financiar esa infraestructura. Sin embargo, las declaraciones del ministro confunden ambos conceptos. No queda claro si se refiere al financiamiento de estas obras o si pretende instalar un cobro por el uso de derechos de aprovechamiento de aguas ya constituidos. Esa ambigüedad resulta preocupante.

Más allá de la discusión semántica, existe un impacto económico concreto. Imponer un costo adicional por el uso del agua, sin distinguir entre el recurso y los servicios o la infraestructura asociados a su gestión, encarecería la producción agrícola y situaría a los productos chilenos en una posición de desventaja frente a sus competidores internacionales. En un mercado global cada vez más exigente, incorporar nuevos gravámenes a la producción primaria solo debilita la competitividad de la agricultura chilena.

El país y la agricultura no necesitan declaraciones ambiguas ni mensajes que generen más dudas que certezas. Lo que corresponde es que se aclare cuál es el verdadero alcance de estas afirmaciones. Es imprescindible que el ministro precise sus dichos, ya sea porque fueron interpretados fuera de contexto o, lo que sería más preocupante, porque reflejan un diagnóstico equivocado sobre el funcionamiento del sistema de riego y de los derechos de aprovechamiento de aguas en Chile.

La agricultura requiere reglas claras y certezas. Frente a la creciente escasez hídrica, el debate debe centrarse en fortalecer la inversión en infraestructura, mejorar la gestión del recurso y entregar señales claras, no en generar incertidumbre mediante declaraciones que solo añaden confusión a un sector estratégico para el desarrollo del país.

Carlos González Mufdi

Presidente

Asociación de Agricultores de Ñuble

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