Opinión

"Como decíamos ayer..."

Zenón Jorquera, Zenón Jorquera
Zenón Jorquera / FUENTE: Zenón Jorquera

"Como decíamos ayer" es una célebre frase atribuida a Fray Luis de León, escritor y profesor español del siglo XVI, quien acostumbraba comenzar sus clases resumiendo la clase anterior. La habría utilizado cuando retomó su cátedra en la Universidad de Salamanca tras pasar cinco años en prisión, castigado por la Inquisición. Esta frase también se asocia a Miguel de Unamuno, quien la usó cuatro siglos después, en 1930, al volver a impartir clases, tras siete años, también en la misma Universidad, al caer la dictadura de Primo de Rivera.

Recordé esa frase cuando, en el Ciclo de Encuentros Biobío 2050, organizado por La Tribuna, la directora del diario, inmediatamente después de nuestro mutuo afectuoso saludo, me invita una vez más a retomar esta costumbre de escribir columnas. Hubo una situación puntual por la que hice un paréntesis y ahora es otra ocasión especial para reanudar este ejercicio intelectual que me apasiona, y por haber recibido la consideración y el trato deferente de la directora. Así que vuelvo a escribir, motivado por su amable consideración, por mi acostumbrada práctica de reflexionar sobre diversos temas y por la libertad que me da para expresar mis opiniones a través del atractivo oficio de escribir.

Una noticia que no debe pasar desapercibida es el cierre de dos unidades de maternidad en sendos hospitales nacionales. Por el momento no es dramático, pero lo puede ser a futuro.

La escasa natalidad que se está notando en el país es una situación que debe preocupar a toda la clase política y a la comunidad nacional en general. Quizás puede verse como una afirmación apocalíptica, pero no es una exageración si la analizamos con un poco más de profundidad y con la seriedad que merece.

Hay que mirar a futuro lo que puede ocurrir si no nacen más niños en Chile. Es un tema para tomarlo muy en serio. Los jóvenes de ahora prefieren criar animalitos, a los cuales humanizan. No está mal querer los animales, es propio de seres de buenos sentimientos, pero no pueden dejar de engendrar hijos. El mandato bíblico del Génesis dice: "Sean fecundos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla". Es una invitación o una orden a descubrir la vida, formar familia, transmitir los valores humanos y, de paso, cuidar el entorno que habitamos. Esto debería ser prioritario en la vida de los jóvenes de ahora, de lo contrario no habrá nuevas generaciones o las habrá en un número muy pequeño de personas.

¿Y qué podría pasar?

No se trata de ser pesimista o agorero. No. No estoy prediciendo o anticipándome a los males, sino poniendo énfasis en un tema que debe preocuparnos, por el futuro de nuestro país. Pensemos la debacle que quedaría. Chile se convertiría en una nación de viejos, que por sus años no pueden realizar las mismas actividades que los jóvenes. Los que ya tenemos setenta años lo podemos comprobar diariamente. Y, digámoslo sin ambages, ya no somos los mismos, aunque queramos y lo intentemos. Podemos poseer la experiencia y, tal vez, cierta cuota de sabiduría, pero no la misma energía de un joven para emprender cualquier empresa.

Al haber menos habitantes en el país, habrá menos profesionales y menos técnicos y, ciertamente, menos mano de obra en todos los oficios. Por tanto, todos los precios por los trabajos serán más altos. Todo disminuiría. El Estado no daría abasto.

En fin, una crisis demográfica puede traer consecuencias fatales para el futuro del país.

Zenón "Cheno" Jorquera

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