Opinión

Un problema que se transforma en histeria colectiva tiene difícil solución

Administrador Público
Licenciado en Ciencias Políticas

Jorge Rivas Figueroa, Cedida
Jorge Rivas Figueroa / FUENTE: Cedida

Los procesos de aprendizaje social o, procesos de sociabilización del ser humano se practican desde la más temprana edad, tanto desde el Estado como desde las familias, influyendo en este camino los factores externos como la televisión y hoy las redes sociales.

En Chile, la educación estatal permite que un lactante pueda ser parte de una sala cuna dentro de un jardín infantil y si bien, esa posibilidad brinda mayor tiempo libre a los padres, lo cierto es que, a esa edad temprana, ambas educaciones deben ir de la mano, para evitar por ejemplo, que los niños se agredan entre sí, entregando las herramientas para que estos puedan vivir en sociedad.

Lo que hemos vivido durante esta última semana, no solo en nuestro país, da cuenta de un fracaso del Estado para poder atender a nuestros hijos, pero también la viralización de la violencia como un método para alcanzar objetivos da cuenta de ese fracaso y la inmadurez propia de la edad escolar, donde las amenazas y rallados, parecen cobrar sentido.

Esta suerte de temor colectivo que está presente, desde mi punto de vista gracias a la manipulación de las redes sociales y a la falta de preocupación de sus usuarios respecto del origen de su fuente de información, también influyen y eso, señores, se traspasa como el agua a una esponja en nuestros niños.

En este tema, los medios de comunicación, en especial la televisión, también tienen responsabilidad y de ahí que sea tan importante el Consejo Nacional de Televisión CNTV, pues es el responsable de regular el exceso de violencia (y varias otras cosas) que se publica en ella, porque aunque todos digan que no ven televisión, lo cierto es que nuestra sociedad está viviendo bajo un temor creado en base a la manipulación de imágenes y discursos.

Dicho lo anterior, es necesario convocar a los distintos actores de la educación en Chile a objeto de no actuar para responder a la consecuencia de un problema, del cual somos responsables, sino que al origen de este.

Por ejemplo, cuando en una Escuela de pueblo donde no existen registros de violencia, lo más fácil parece ser cerrar las puertas y pensar en la utilización de herramientas invasivas y represivas antes de establecer los diálogos y hablar con los niños y  niñas, sobre lo que sucede. Eso para generar conciencia.

En paralelo, las familias comparten sus comidas o sus espacios íntimos en medio de una violencia poco comprendida, porque es cierto que, en el último año, palabras como "comunistas", "fachos" y "migrantes" han sido utilizadas para denostar a otros seres humanos, generando de forma inconsciente un lenguaje de violencia que se contrapone a la educación, donde se trata de enseñar a los niños y niñas a vivir en sociedad.

Todo acto debe ser analizado en su mérito y, si bien es cierto, lo ocurrido con Hernán Meneses Laal, el estudiante de 18 años que asesinó a María Victoria Reyes en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama es un llamado de alerta, lo cierto es que es un acto aislado, para el cual el joven imputado por homicidio se preparó durante cuatro meses (según los medios de comunicación que ha seguido el caso de cerca dada su singularidad).

Si bien es cierto, las consecuencias de una sociedad que se alimenta de violencia solo terminarán en más violencia, lo cierto es que las familias, los establecimientos educaciones, el Estado, la prensa y los manipuladores de redes sociales deben sentarse a conversar y evitar la histeria colectiva en lugares donde la realidad no es como la que se ve en televisión.

Chile es un país sano, debemos mantenerlo igual y, para eso, deben volver los diálogos reflexivos, siendo estos la base para evitar histerias nacidas en la ignorancia y, por cierto, para seguir creciendo en la educación de nuestros hijos y de nuestras hijas.

Jorge Rivas Figueroa

Administrador Público

Licenciado en Ciencias Políticas

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