Opinión

Río Biobío, no solo historia...

Mario Ríos - Rodrigo Valenzuela, Cedida
Mario Ríos - Rodrigo Valenzuela / FUENTE: Cedida

Aquel día que se constituyó la Junta de Vigilancia del río Biobío (JVBB), nacía una institución, quien sabe si la más trascendente de nuestra historia local. Asumía la enorme responsabilidad de conducir los caudales de esta cuenca admirable, cuidar de la riqueza que produce y, quien sabe si lo más importante, ser nosotros y no otros, los responsables de mantener y acrecentar el proceso, laboral sumando decenas de miles de trabajadores, técnicos, profesionales, empresarios diversos, responsables de una variedad de industrias, laboriosas todas en las diversas áreas que esta cuenca conduce y protege. En efecto, a veces una sencilla organización que aparentemente vivirá el tradicional paso algo cansino, tan propio de nuestra Latinoamérica, Chile, entre otros, comienza a descubrir que en su actuar surgen, objetivos principales cuyas metas, adquieren una importancia tal que trasciende a nuestra Provincia y aún más allá, los límites de Chile y de nuestro propio continente. En Santiago se encienden 10 millones de ampolletas cada noche, de ellas 3 millones fueron generados por nuestra Cuenca. Igual en la conquista del mercado mundial, el sello Biobío, ya es parte del lenguaje planetario, maderas con un valor agregado admirable propio del primer mundo, frutas diversas, otros, en suma, una pequeña nación desde el punto de vista territorial, que hoy representa el 4,4% del PGB nacional, unos US18 000(MM).

Pero, ya lo decíamos, el Biobío no es tan solo historia. Reconocemos que ella, su historia fue parte de la Nación chilena. Sus pueblos, su gente, sus tierras, montañas, todo un mundo mediterráneo que no conoció el mar, pero si el futuro. Una provincia que se hizo sola. Nunca una ley especial tan propia de tantos lugares que extendieron sus manos en busca de apoyos económicos. Aquí nada, fue la cuenca del Biobío que trajo el capital a esta tierra lugar que ya habitaban personas laboriosas. La suma de ambos constituyó una sociedad laboral que hoy se reconoce por su eficiencia y cumplimiento de metas y objetivos.

Dudamos que exista otra provincia, salvo la capital y provincias puertos, que asuma un accionar institucional de dimensiones que superan la media nacional. Ello, nos entrega satisfacciones, pero también nuevas responsabilidades. Nuestro patrimonio de aguas nos está entregando señales preocupantes, sus caudales han ido descendiendo preocupantemente. Bocatomas, construidas para un caudal distinto al actual, están a punto de quedar marginadas en su servicio de captación de aguas. Las hectáreas regadas, pronto comienzan a descender, la fuerza hidroeléctrica, más limitada. En suma, la advertencia es anunciada por la propia naturaleza, nuestra cuenca.

En efecto, hay preocupación, así como hace un siglo personas organizadas construyeron obras cuyo objetivo era captar las aguas de fuentes naturales y conducirlas a través de red de canales cubriendo gran parte de la superficie de las provincias de Biobío. Con esto se mejoró la condición agrícola de la zona, logrando darle el impulso que esta región ostenta hoy se presenta nuevos desafíos. Visualizamos entre estas urgentes necesidades la construcción de embalses, adecuación de bocatomas, agua domestica rural (no es posible HOY depender de camiones aljibes), ampliación de riegos tecnificados etc. etc.

El mundo político está en un preocupante silencio. Ello implica multiplicar nuestras advertencias de esta realidad preocupante que ha llegado. Comienzan a surgir las primeras ideas que encaucen este problema. La Junta de Vigilancia del Biobío, esperamos, nos entregue una hoja de ruta. Hay que considerar en ella nuestras leyes existentes que permitan retener ciertos impuestos, (la cuenca genera miles de billones de pesos en tributos), para invertirlo en programas ejecutivos del agua y espacios de uso. Creemos que desde la región, a través de sus organizaciones y estructuras productivas se evalúan las soluciones en forma más efectiva ya que están enfrentando directamente estas amenazas.

Haber sido capaces de transformar nuestros arenales en áreas productivas, nos advirtió de nuestras capacidades para enfrentar este otro futuro.

Mario Ríos Santander

Rodrigo Valenzuela Cerda

Etiquetas:




matomo