Opinión

Día Internacional de la Mujer

Zenón Jorquera, Zenón Jorquera
Zenón Jorquera / FUENTE: Zenón Jorquera

Ayer en todo el mundo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer,   que recuerda la lucha de muchas mujeres por mayor y mejor participación  en la sociedad. Esta fecha se estableció para visualizar las desigualdades que persisten y como una manera de llamar a reivindicar la lucha para una efectiva igualdad de derechos de las mujeres en todos los ámbitos.

Redactar esta columna no es para repetir las consabidas frases de buena crianza -para quedar bien con las mujeres -, que por cierto las lectoras no desean leer; sino para hacer una reflexión sincera, genuina y veraz. Es reconocer que aunque mucho han logrado, aún falta otro tanto para la verdadera igualdad entre hombre y mujer y viceversa. Es desear que el desarrollo sea íntegro, que la percepción de igualdad crezca, sea real, y que las brechas que todavía persisten sean cada vez menores.

Si bien es un reconocimiento a lo que tantas y tantas mujeres han hecho, el verdadero reconocimiento se debe realizar en el día a día, con actitudes a veces muy simples pero que no dejan de ser importantes. Aunque también, a algunas más feministas suelen no parecerles apropiadas a esta altura del desarrollo. La conmemoración es para realzar el hecho, pero si hacemos un símil con el Día de los Enamorados, la realidad nos dice que las relaciones y la convivencia sana y respetuosa, no sólo deben ser en una jornada especial, sino constantemente. Siempre. Y que se haga costumbre, un hábito.

Igualmente esta conmemoración no es para una hacer una pugna entre géneros, que haya rivalidad entre ellos o que surja el fanatismo que sólo divide y exacerba las distancias, sino es para destacar el valor de cada uno y, lo más importante, cómo podemos vivir de mejor manera, mirando el porvenir juntos, apoyándonos, caminando unidos, con proyectos, sueños e ideales a realizar de manera conjunta. Esta conmemoración debe ser un auténtico  recordatorio de que es necesario eliminar la discriminación absurda e inicua en todo sentido. Que las mujeres puedan (y deben) acceder a todos las instancias manifestando todas sus capacidades, aptitudes y habilidades en igualdad de condiciones, con un trato acorde a sus funciones. Surge, entonces, la sempiterna pregunta que alguna vez, más temprano que tarde, tendrá un final justo y necesario: ¿por qué la desigualdad de remuneraciones entre hombre y mujer? Es imperativo luchar para que la respuesta sea pronto. Y justa. La inclusión en todos los escenarios de la vida debe ser verdadera. Son las capacidades las que deben ser evaluadas y reconocidas.

Igualmente las mujeres deben realizar acciones que eviten el consabido machismo consuetudinario, que un profesor de psicología en nuestra época universitaria nos describía con cierto histrionismo. El hijo no hace su cama cada mañana, pero al mediodía ya está totalmente estirada y su dormitorio pulcro y ordenado. ¿Quién lo hizo? La mamá con su inmenso cariño. ¿Qué le enseña con eso? Otro ejemplo: El niño regresa a la casa después de un reñido y cansador partido de fútbol con sus amigos. Desde su ingreso va botando sus prendas y atrás la mamá las va recogiendo... El inmenso amor suele confundirse y por lo mismo mal educar. Quizás son ejemplos un poco burdos y exagerados que nos dicen que es muy necesario enseñar desde la niñez la igualdad de género y el respeto entre hombre y mujer, ya sea por el sólo hecho de ser personas y porque es justo e indispensable para el desarrollo de ambos y de la sociedad toda.    

Zenón "Cheno" Jorquera

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