Opinión

Educación y tecnología

ALEJANDRO-MEGE-4,
ALEJANDRO-MEGE-4 / FUENTE:

"Tecnología de la educación y la construcción de la escuela van de la mano. Modernización, actualización, instalaciones educativas, y hacer una inversión en la educación están incluidos."   

Major Owens. 1936-2013

La pandemia solo puso en evidencia los problemas de larga data que sufre el sistema educativo nacional, situación que ha costado reconocer en toda su amplitud, especialmente a las autoridades y, lo que es peor, asumirlo como un desafío, también nacional, para resolverlos cuanto antes por el alto impacto que tiene la educación como medio no solo de movilidad social (que la sociedad y los gobiernos de turno siempre  han prometido a las nuevas generaciones) condición que va fuertemente asociada al crecimiento y desarrollo del país en todas sus áreas, sin lo cual la educación sigue siendo solo una promesa, por lo menos para un gran sector de la sociedad. Al respecto, estudios e investigaciones, tanto internas, como externas, han llegado a la conclusión que, en educación, por lo menos en lo que a Chile corresponde: "seguimos atados a un modelo ineficiente y que lleva demasiado tiempo, con un profesor entregando a un grupo de estudiantes un mensaje dirigido a un alumno promedio que no existe" (Palma y Prieto. 2023) Cuando lo que ocurre en una clase es que las diferencias individuales y los aprendizajes previos impiden que éste sea captado y entendido por todos. Así, mientras la ciencia y su expresión práctica, la tecnología, avanza y se renueva a pasos agigantados e influye en todos los ámbitos de la vida social, la educación no se mueve y la clase sigue su misma rutina, atada a un currículo que "no respira", que no concita interés ni atención y donde los avances tecnológicos- que algunos alumnos manejan, a veces con más propiedad y destrezas que el profesor- suelen resultar para el docente un elemento que no contribuye a la realización de lo que se considera una típica clase ordenada donde el docente es el que sabe lo que los alumnos deben aprender, más si el docente está "atado" a cumplir con un programa de estudio y que los alumnos, mediante evaluaciones estandarizadas, deben demostrar cuánto aprendieron ya que "el actual sistema educativo obliga a que todos aprendan lo mismo, al mismo tiempo y de la misma forma" en establecimientos educacionales cuya ubicación geográfica (escuelas del centro de la ciudad, de la periferia o rurales) con recursos pedagógicos y condiciones culturales, socio económicas de los estudiantes diferentes, lo que afecta el proceso de aprendizaje  y como el docente no dispone de espacio, tiempo ni de recursos para atender la diversidad no tiene otra alternativa que la enseñanza frontal para obtener de los alumnos los resultados que el sistema administrativo burocrático fija y espera ya que de ellos depende también su propia evaluación de desempeño que incide en su condición profesional y laboral establecido en la "carrera docente."

Ese panorama de desigualdad educativa y para mejorar la calidad y pertinencia de la educación puede ser remontado mediante el uso con criterio pedagógico de la tecnología, la que debe estar al alcance de todos los establecimientos educacionales y con  profesores habilitados para usarla. La tecnología -que ha sido elevada a un nivel de dogma- no reemplaza al docente (y que es difícil que lo remplace aún la inteligencia artificial mientras ésta no sea capaz de sentir ni pensar como un ser humano), sino que le asigna un nuevo rol, o le rescata su rol auténtico: ser guía, orientador y motivador, desafiando al estudiante a que resuelva por sí mismo lo que debe aprender, cómo, cuándo y cuánto, para alcanzar lo que sea capaz de ser.

El sistema educativo debe superar el estrés crónico y recargo de aprendizaje de un currículo frondoso y desactualizado que requiere de tiempo para aprender lo que luego hay que olvidar, con incoherencia entre los objetivos y las prácticas, que no enseñan a pensar ni a ser capaz de tomar decisiones adecuadas ni sensatas. Hacer de la escuela un lugar atractivo y acogedor a la que los alumnos se sientan convocados a no faltar, donde la clase sea un espacio de diálogo, de comprensión, afectos y de responsabilidad en la práctica de los deberes y derechos y donde la tecnología reemplace el pizarrón por un proyector, el computador al libro y al cuaderno y donde el celular no sea un elemento que desvirtúe la clase, sino que la complemente cuando sea utilizada como una herramienta pedagógica.

El sistema educativo no puede quedar al margen del creciente e inevitable avance tecnológico que nos invade y, tanto los sostenedores, como los actores del proceso de aprender primero y enseñar después deben asumir la tarea que se requiere para mejorar la educación que la sociedad necesita.

Alejandro Mege Valdebenito.

Etiquetas:




matomo