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Opinión

SIMCE otra vez


 Por Isabel Loncomil, profesora y cofundadora de LIRMI

Isabel Loncomil

Durante estas semanas se ha vuelto a realizar la prueba SIMCE, un sistema de evaluación que entrega datos sobre el nivel de logro de objetivos de aprendizaje a nivel nacional. Desde el año 2019 que no se llevaba a cabo esta prueba, o sea, hace dos años no se cuenta con datos a nivel país, para la creación de soluciones y políticas para mejorar las brechas.

Cuán importante es que se retomen estas herramientas de medición y cuán necesario también, porque saber si quienes forman parte del sistema educacional formal están logrando aprendizajes -sobre todo en el contexto en que nos encontramos, donde es evidente que ha habido un retroceso significativo en el aprendizaje de los jóvenes-, es clave para actuar en el actual contexto educativo reconfigurado. Sin embargo, es muy relevante que se aborde esta evaluación con un enfoque formativo, donde el foco está en poder identificar dónde se encuentran los estudiantes de Chile, las dificultades que enfrentan en su proceso de aprendizaje y determinar qué es lo que sigue y hacia dónde deben dirigirse para cerrar la brecha entre el conocimiento actual y donde debieran estar. Si avanzamos con esta mirada, cómo sociedad y sistema educativo veremos el real valor y sentido a la evaluación

La relevancia aumenta considerablemente sobre todo porque recientemente hemos conocido que Chile fue el país de la OCDE que más tiempo tuvo cerrados los colegios durante la pandemia. De una buena evaluación surgen y, en este sentido, conocer y entender los niveles de aprendizaje logrados por los estudiantes para identificar desafíos y fortalezas que nos permitan crear estrategias orientadas a eficientar y mejorar los procesos educativos es casi una obligación del Estado.

Durante la ausencia del SIMCE este rol quedó en manos de los propios colegios y sus docentes, que tuvieron que sondear -prácticamente a pulso- si la modalidad híbrida y las improvisaciones con las que tuvieron que responder ante tan adverso escenario, estaban funcionando o no.

Los propios establecimientos y los profesores encontraron buenos aliados para esto en las plataformas de digitalización de procesos educativos con las que contaban, y esto es lo que justamente se ve reflejado en que -según datos del informe “Panorama de la Educación 2022” de la OCDE- un 70% de los países pertenecientes a la misma organización -es decir 16 de 23- hayan realizado sus propios sondeos para medir la efectividad de las estrategias de enseñanza a distancia durante el cierre de escuelas. Hoy, inmersos en esta “nueva realidad”, contar con protocolos establecidos y herramientas definidas para apoyar la educación remota ya no es una alternativa, es más bien una necesidad.

Este nuevo SIMCE finalmente comprobará cuál es la brecha que nos deja este particular periodo en que el mundo se detuvo y en que disminuyeron enormemente las oportunidades de aprendizaje. Pero esto también abre un espacio de oportunidad y hoy ya sabemos el aprovechamiento que podemos hacer de las tecnologías para mejorar los procesos de enseñanza. Es más, según el mismo estudio, un número importante de países planean continuar con el uso mejorado de herramientas digitales.

Si podremos o no recuperar el tiempo perdido, sólo el tiempo (y los resultados) nos lo dirán. En el intertanto, Estado, comunidad escolar y todo un país quedan expectantes, porque la educación es integración, inclusión y desarrollo.

Isabel Loncomil, profesora y cofundadora de LIRMI


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