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Opinión

Convivencia escolar y sociedad


 Por Mario Morales Burgos

MARIO MORALES DAEM 2019 (32)

La escuela nace como el espacio mágico de protección y aprendizaje que asegura el desarrollo integral de los niños. Este notable espacio, siempre ha sido el espejo de la sociedad, por lo tanto, podemos hablar de muchas modelos de escuelas que han contribuido a perfilar el corazón social de Chile. Así tuvimos la segmentada escuela pública y confesional de comienzos de la República, que abrió limitadamente sus puertas a la emergente aristocracia criolla, luego surge la escuela rural, en un chile mayoritariamente campesino, escuela integral, acogedora y solidaria, liderada por docentes extraordinarios formados en el rigor de nuestras desaparecidas y recordadas escuelas normales. Con el avance de la República, la escuela también se consolida y en ella se reflejaba lo mejor del chile democrático, con sus valores y con todas sus luces que iluminaron y modelaron al continente, siendo objeto de admiración y respeto

La escuela silenciosa de la dictadura, que reflejaba los miedos y la desconfianza que propagaba el régimen; ésta la conocimos y la vivimos en carne propia.

Como podemos constatar, históricamente, la escuela ha reproducido las principales características de la sociedad a través de su desarrollo.

La escuela de hoy no constituye una excepción, muy por el contrario, es la escuela que con mayor intensidad refleja los problemas del entorno social en que se encuentra.

Nuestra sociedad intolerante, “mal hablada” , violenta, discriminatoria, irrespetuosa , desobediente de muchas normas fundamentales se reproduce en la escuela . Las conductas indeseables que vemos en la escuela no han nacido en su interior, la escuela enseña y educa, pero gran parte de esa “mala educación “viene de fuera, de la calle y lamentablemente también de la familia .

En nuestros liceos , los estudiantes sin uniforme ( el uniforme cumple un rol simbólico e identitario de la escuela) y sin la exigencia de la presentación personal ( cabelleras largas , barbas , y todo tipo de maquillajes y “adornos” ) , los transforman en ciudadanos , en “ civiles “, capaces de decir y cometer cualquier acto reñido con las normas establecidas y , por cierto, con la buena convivencia.

Frente a este panorama tan preocupante , es urgente materializar algunas propuestas ministeriales y hacer realidad aquello de “SEAMOS COMUNIDAD”; pues una comunidad es aquella que dialoga, debate , se pone de acuerdo y hace cumplir los acuerdos expresados en los Reglamentos , en los Proyectos Educativos , los cuales nacen como producto de amplios consensos , de los padres y apoderados . Una comunidad de verdad requiere coraje para establecer el orden y hacer cumplir las normas fundamentales de la convivencia: la obediencia, el respeto y la participación.

Nuestras escuelas y liceos han sido lo que decíamos al comienzo ; espacios de protección y desarrollo integral y deben volver hacerlo ; así como hablamos y exigimos con fuerza y convicción escribir en la Constitución nuestros derechos fundamentales , los profesores exigimos que se cumplan en la escuela, sin dudar, las normas fundamentales , ya que su cumplimiento representa el primer aprendizaje vinculado con la ciudadanía , pues estamos hablando de los deberes , de los inclaudicables deberes , que toda persona debe cumplir en una sociedad .

Chile debe cuidar y proteger sus escuelas , recreando las viejas y buenas prácticas que tanto nos ayudaron como país , recuperando también el orden y desarrollo social inclusivo y terminar con todo tipo de discrecionalidades y ambigüedades .

La historia nos ha enseñado que aquellos pueblos que establecen el respeto, el orden y la disciplina, como acciones permanentes, han alcanzado el desarrollo y la justicia social para todos sus habitantes.

Mario Morales Burgos


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