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Opinión

La próxima Constitución de Chile


 Por Bryan Smith. Cientista Político

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Durante los últimos meses, los chilenos y chilenas hemos sido testigos de un proceso constituyente que, para bien o para no tan bien, a nadie ha dejado indiferente. Como país hemos acumulado una rica experiencia única en el mundo respecto a cómo abordar un proceso constituyente en el siglo XXI, considerando la revolución tecnológica vigente (revolución 4.0), la emergencia climática creciente, además de los tan profundos cambios de paradigmas sociales, culturales y políticos a nivel planetario, como lo son la equidad de género, el reconocimiento de la multiculturalidad, la profundización de las democracias mediante la participación cada vez más directa, la transgeneracionalidad, la diversidad sexual, la descentralización y la modernización de los Estados, por mencionar algunas muy notorias. Por esta misma razón es que nosotros, la gente de Chile, no podemos sino aprender de todo lo que hemos vivido en este proceso, reflexionar, autocorregirnos, ser autocríticos y continuar en el camino hacia una nueva y buena constitución que nos permita abrirnos paso hacia el futuro y sobre todo avanzar hacia un punto de estabilidad y paz social.

Es irrelevante pretender defender la constitución actual, cuando ya ha sido desahuciada, no solo por el plebiscito de entrada, sino también por los bloques políticos que han mostrado su disposición a avanzar hacia un Estado Social de Derecho, lo cual cambia la esencia de este documento que se sostiene sobre el Estado Subsidiario. En ese sentido, el plebiscito de salida no es un segundo aire para la carta magna vigente, más bien es un rechazo a la convención constituyente, su proceso interno y el resultado final que presentaron, especialmente – y acorde a los estudios posteriores al plebiscito – a temas como la plurinacionalidad, eliminación del Senado, múltiples sistemas de justicia, sistema político desequilibrado y su larga lista de incertezas e incertidumbres que devinieron de un proceso tan cargado ideológicamente como viciado por el fuerte ego de un grupo de constituyentes que prevalecieron los personalismos por sobre la altura de la instancia, atribuyéndose la representación de una mayoría que no comprendieron, que no supieron leer, una especie de despotismo pero no tan ilustrado, que desembocó en los gustos personales, sacando a flote la inexperiencia y la inexpertis, pero por sobre todo, la falta de sabiduría que la instancia requería.

Hoy, las fuerzas políticas tienen la trascendental tarea de recoger la experiencia acumulada y traducirla en un acuerdo que nos permita avanzar hacia una nueva y buena constitución, pero antes de lo meramente formal – proceso, organismo, reglas, tiempo, composición, etc. – es importante lograr un acuerdo transversal que establezca los principios que definen a nuestro país, los valores nacionales bajo los cuales nos sentimos todos y todas identificados, por ejemplo, del proceso reciente podemos comprender la solidaridad como un valor nacional, pues quién podría contrariar los derechos sociales como un mecanismo para alcanzar una sociedad más justa y sin duda, estos no suceden sin la solidaridad. Quién pudiese oponerse a la rectitud como un valor nacional, si todas y todos queremos terminar con la corrupción en todas sus formas, así también poner fin al terrorismo para avanzar hacia una paz social. O quién pudiese contrariar la unidad como un principio, cuando una de las grandes razones para votar rechazo fue la plurinacionalidad que nos terminaría dividiendo. Quién pudiese negar que el equilibrio y la templanza deben ser valores previos a un acuerdo, cuando la eliminación del Senado, las complejas autonomías territoriales, la fragmentación del poder judicial, fueron otros fuertes argumentos que nos condujeron a rechazar y que surgieron justamente de la falta de templanza, entendimiento y respeto por las instituciones que hemos construido.

Y así una serie de principios y valores de la republica que hemos levantado en poco más de 200 años, con las luces y sombras de nuestra historia, deben ser establecidos de forma previa a un acuerdo constituyente y para eso están los cuerpos políticos, los partidos, los bloques, la posición, el oficialismo, las instituciones, la sociedad civil organizada y toda persona que, dada su trayectoria, pudiese aportar para definir en términos generales quienes somos y hacia dónde queremos ir, para que – posteriormente – se dé a luz a un organismo que se dedique a confeccionar con altura de miras y lecciones aprendidas, la próxima Constitución de Chile.

Bryan Smith

Cientista Político


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