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Opinión

La educación pública y los Slep


 Por Alejandro Mege Valdebenito

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En los diálogos propiciados por el proyecto “Tenemos que hablar de Chile” (2020), impulsado por las universidades de Chile y Católica, las frases que más se escucharon entre los participantes fueron: “Hay que mejorar los nuevos líderes, invirtiendo en que tengan mejor educación” y, “como dicen el conocimiento  es poder, garantizar una educación es la piedra angular de las demás transformaciones”,  certeras afirmaciones que indican las debilidades que sufre nuestro sistema educacional  y que constituyen un desafío no solo para las autoridades del gobierno, sino que para toda la sociedad, desafío que las distintas reformas de la educación realizadas en diferentes gobiernos,  con pocos  o nulos avances, no han superado. De hecho, las palabras y actuaciones de nuestros líderes, de antes y de ahora, demuestran cuánto al debe estamos de tener una educación a la altura de los requerimientos de la sociedad global del siglo que se vive.

La Educación pública, como responsabilidad del Estado, cuya administración fuera traspasada a los municipios en el año 1986 con la intención declarada  de mejorar la administración centralizada del sistema público, hacerla más ágil, eficiente y cercana a las realidades y necesidades locales, optimizar la calidad educativa, para entregar a la sociedad personas “mejor educadas y de bien” (y no solo instruidas, como resultan ser las   personas mal educadas, pero bien instruidas, convertidas en enemigos públicos), habilitadas como ciudadanas y ciudadanos para un desempeño como personas responsables, con conciencia social, eficientes y éticas, ya sea como empleadas(os), funcionarias(os), técnicos o profesionales, comprometidos como individuos con el futuro de su familia y de la sociedad de la que forman parte, pero cuyos resultados no han sido, ni  son los que se esperaban, pasando a constituirse, en su momento, la municipalización de la educación, en una herramienta de poder político partidista – es cuestión de recordar el concepto  acuñado por la ciudadanía de  “alcaldización” de la educación -que no ha beneficiado a la educación de los  estudiantes (formación ciudadana incluida), especialmente a los de menores recursos. Por ello, como una forma de rehabilitar a la venida a menos educación pública, en el año 2017, se optó por desmunicipalizar la educación, traspasando su administración a los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) que reemplazan a los municipios o corporaciones municipales, con similar objetivo del sistema que se abandona, al que la ley suma más atribuciones, mayor participación y con la asignación de los recursos que sean necesarios para su funcionamiento.

Los SLEP han sido considerada una de las reformas más importantes realizada a la educación pública con la instalación de 70 SLEP, proceso programado para finalizar el año el año 2025, pero que ha sido retrasado al año 2027, con señales que se puede prolongar aún más, por distintos problemas que ha presentado su implementación, por no haber sido dimensionado la magnitud que significaba el cambio de un sistema a otro, por el deterioro de la infraestructura educacional, la sobredotación del personal causada por la baja ostensible de la matrícula pública, matrícula y asistencia que ha sido  la fórmula de financiamiento del sistema por parte del Estado. Resulta entonces que, por lo avanzado hasta le fecha, los nudos que atan el despegue de una educación pública de calidad no se van a desatar solo por la acción de los  SLEP, como lo ha dejado en evidencia los dispares resultados de los cerca de 11 Servicios en funcionamiento, a los que se acusa de un “desorden administrativo que va aparejado con la parte técnico pedagógico”.

Por otra parte,  un problema no menor lo constituye el sobrecargado currículo escolar, corazón del proceso educativo, que debería ser actualizado y rediseñado, haciéndolo más práctico y pertinente. Y, claro, asumir la tarea del perfeccionamiento y actualización  permanente de los profesores en servicio, sin los cuales no hay reforma posible cumpliendo además, en el funcionamiento de las SLEP, con  la implementación de las tres unidades que contempla su estructura: a) De apoyo Técnico-pedagógico; b) De planificación y Control de Gestión y c) de Administración y Finanzas.

Para que los SLEP no sean solo un proyecto educativo más, el gobierno, los actores políticos y sociales  deben tomar las acciones y las decisiones más acertadas y oportunas posibles.

Alejandro Mege Valdebenito.


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