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Opinión

Las verdades olvidadas


 Por Mario Ríos Santander

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Cuesta que la gente aterrice. Las rabias por lo ocurrido son de tales magnitudes que finalmente es mejor callar y nada más, Garretón, ex diputado del Mapu, miembro activista del Gap, (grupo de amigos personales), que cuidaban a Salvador Allende, exiliado y perseguido, no quiso el silencio y declaró una verdad indesmentible: Las dos más grandes derrotas de la izquierda latinoamericana, fue el 11 de septiembre de 1973 y el 4 de septiembre de 2022… es decir, la semana pasada. “A Chile no se le toca en septiembre”, elevaba la voz un huaso de esta tierra elevando una bandera nacional en un poste cualquiera aquel día del triunfo del Rechazo. ¿Pero es tan así?

Veamos a este Chile que levantó su voz el pasado 4 de septiembre:

En  1990, al menos en el Senado, trazamos caminos para el desarrollo integral de nuestro país. En salud, proclamamos el objetivo de lograr los 80 años en las expectativas de vida. En Educación, pusimos como meta alcanzar los mismos porcentajes de una población estudiosa del primer mundo, es decir en 7% de la población, en ese momento un millón de estudiantes en universidades y centros de estudios de educación superior, en vivienda, 2,8 habitantes por casa y en trabajo, nunca más del 5,8% de cesantía. Y el país se puso en marcha. Vinieron los gobiernos de la Concertación, todos exitosos, (especialmente el de Eduardo Frei que logró los mayores índices de desarrollo), lo que permitió, que hoy caminen por las calles de las ciudades de Chile, sus senderos campesinos y otros lugares, cuatro millones, doscientos mil profesionales que cada mañana concurren a sus labores profesionales en miles de lugares diferentes. Lo mismo, el INE comunica que Chile tiene 2,7 habitantes por casa y las expectativas de vida han superado por lejos los 80 años y se acerca, velozmente a un porcentaje histórico no solo para Chile sino que también para el mundo entero, los 90 años Y como suma de todo lo anterior, surgen 6 millones 200 000 propietarios, cifra está en relación a la población de nuestro país, realmente impresionante, no comparada con ningún otro estado de nuestro continente. Es decir, era un mundo desconocido para quienes en algún momento pretendieron asumir en ellos la única inteligencia nacional y más que eso, los verdaderos constructores de este pueblo. ¿Y porque les ocurrió esto? La razón es una sola, que por lo demás afecta a una buena parte de los que actúan en al ámbito público: Su falta de estudio e ignorancia del quehacer institucional de los últimos años de Chile, tiempos estos, que a partir de 1985, se transforman en los mejores años de nuestra historia nacional.

Este mundo, ya o digo, desconocido para muchos nos advierte que con el pueblo chileno no se juega.  Tampoco con sus signos y emblemas patrios ni muchísimo menos, con la familia, núcleo fundamental de la sociedad. Todo ello, sumado al concepto de naciones diversas, hecho este, negado incluso por los que se suponían eran los beneficiados de tan torpe proposición, las diversas comunidades representativas de los pueblos originarios, conforman un cuadro verdaderamente dramático.

Solo queda que los actores nacionales, partiendo por el propio jefe del Poder Ejecutivo, entienda que una nueva convención no será jamás aceptada por la mayoría de Chile. Avanzar en los estudios constitucionales, sí, pero en el Congreso, nunca más fuera de nuestra institucionalidad.

Mario Ríos Santander


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