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Opinión

En los dirigentes sociales y comunitarios está el verdadero puente


 Por Jorge Rivas Figueroa. Administrador Público - Licenciado en Ciencias Políticas

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La migración campo ciudad provocada durante y después de la Revolución Industrial es fundamental para entender la importancia de los dirigentes sociales y comunitarios de nuestro país, mismos que calzan de manera perfecta con la metáfora del puente, que presente en casi todas las filosofías  del mundo, les permite actuar como verdaderas herramientas que facilitan el traslado de las demandas de los vecinos y vecinas a sus gobernantes, transformándose en consecuencia, en verdaderos gestores de la felicidad de todos y todas.

En la década del 60, cuando el centralismo era aún más brutal que en el presente y cuando los habitantes del sector rural de Chile proyectaban su progreso y desarrollo en Santiago y en las urbes buscando mejores empleos, las agrupaciones de vecinos y vecinas existentes y al margen de la legalidad, exigían viviendas dignas. Ese grito de auxilio, que sumaba todas las voces populares y que se expresaba a través de las palabras de sus dirigentes, cobró fuerza con un histórico de la Democracia Cristiana.

Radomiro Tomic exigió el reconocimiento legal de las agrupaciones de vecinos y vecinas en 1963,  cuestión que llegó el 7 de agosto de 1968, cuando el entonces Presidente, Eduardo Frei Montalva hizo publicar la Ley 16.880, la que da vida legal y canaliza las demandas del “mundo popular” en las Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias.

Sin entrar en los detalles de uno de los episodios más tristes de nuestra historia, el retorno de la democracia volvió a poner a los dirigentes en el lugar merecido y fue el hijo de Frei Montalva, el Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle el que determinó que todos los 7 de agosto se celebrara, al menos en Chile, su día.

De esta forma el Estado y sus instituciones han elevado al podio merecido a los dirigentes sociales y comunitarios, verdaderos servidores públicos que resumen su trabajo en un juego de palabras que emociona y nos da fuerzas: amor, compromiso, voluntad y pasión.

El trabajo de nuestros y nuestras dirigentes sociales y comunitarios es hermoso, ellos y ellas realizan una labor desinteresada (sin remuneración), de la mano de los municipios y  de los gobiernos provinciales y regionales. Aquí, otro punto es destacable, la paciencia con la que enfrentan día a día las batallas que significan mejorar la calidad de vida de sus barrios y, como lo he dicho en más de una oportunidad, la suma de todos esos esfuerzos nos lleva finalmente al anhelado Bien Común. En consecuencia, el camino es claro y los puentes para llegar al objetivo aún más.

Como alcalde en mi último periodo, teniendo en mi cuerpo dos más como concejal, conozco en detalle el sacrificio que significa ser un y una dirigente, sé a través de la experiencia, que muchas veces son incomprendidos e incomprendidas por sus pares. Sé, por testimonios y vidas de ustedes, con quienes hoy somos amigos, que su trabajo es difícil y agotador y por eso quiero saludarlos, felicitarlos y reconocerlos.

Quiero contarles que como gobernante muchas veces saqué fuerzas de sus ejemplos, porque, así como sirven desinteresadamente a sus vecinos, me han ayudado a mí a seguir adelante y es el momento de dar las gracias porque muchas veces tomé de vuestra fuerza y en cada reunión me llené de su energía. Como un sentido homenaje póstumo, quiero dar las gracias a todas y todos ustedes en los nombres de Flor Constanzo Constanzo, Bernardino Yáñez Quintero y José Lillo Valenzuela.

De la mano de todos y todas ustedes seguiremos buscando eso que todos deseamos y que tan difícil se nos hace conseguir, la felicidad basada en el Bien Común, sin distinciones de condición social, religión o etnia.

Jorge Rivas Figueroa

Administrador Público – Licenciado en Ciencias Políticas


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