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Opinión

Formación  ciudadana


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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“Para alcanzar la calidad de Empleado Público se requiere estar instruido en gramática y ortografía castellana y en la Constitución del Estado, y en algunas de las principales lenguas vivas de Europa”. Diego Portales Palazuelos.

La propuesta de aprobar o rechazar una Nueva Constitución, que va a regir la vida de todos, no solo de algunos, coloca al proceso de formación o educación ciudadana, más allá de los límites de la educación cívica, como un elemento de fundamental importancia en la educación, no solo de niñas y niños, también de jóvenes y adultos, cuando éstos últimos hoy, o aquellos mañana, deban manifestar su opinión consciente e informada sobre distintas materias que afectan a las personas y la vida en sociedad.

La Formación Ciudadana, en términos  simples (para Ortega, “la claridad es la gentileza del filósofo.”), se diferencia de la Educación Cívica en cuanto esta última se refiere a la adquisición de conocimientos que tienen que ver con el funcionamiento del Estado, así como el Sistema Político, en tanto que la Formación Ciudadana está referida a la adquisición y práctica de competencias y habilidades para convivir de manera democrática en una sociedad.

En el año 1901, el Ministerio de Culto e Instrucción Pública estableció para la enseñanza primaria la clase de Educación Cívica que solo era impartida en el cuarto año primario y se centraba en el concepto de patria y su historia, así como en los deberes y derechos del ciudadano y en la organización del Estado. La “Cartilla de Educación Cívica”, escrita en 1897 por Malaquías Concha, abogado y parlamentario, sirvió como manual  de estudio a las alumnas de la Escuela Normal de Niñas de Santiago, ”a fin de que sirvan de texto a las alumnas normalistas destinadas a formar a los niños que se le confíen al  buen ciudadano consciente de sus deberes para con la Patria, para consigo mismo y para los demás”.

En el año 1997 la Educación Cívica desaparece como asignatura y se la define como un objetivo transversal del currículum escolar, aprobándose el año 2016 el “Plan Transversal de Formación Ciudadana”, desde Kinder a 4º medio y en 3º y 4º medio la asignatura “Educación Ciudadana”, uno de cuyos objetivos es habilitar a las personas para “Tomar decisiones fundadas en principios éticos, valores y virtudes públicas en prácticas ciudadanas, resguardando la dignidad del otro y la vida en democracia”.

El sucinto e incompleto relato anterior evidencia  el bajo nivel de  certeza  y cierta distancia que ha tenido en el sistema educacional  la educación cívica, al igual que  la formación y educación ciudadana, que no se asume plenamente en el sistema escolar, como si  educar o formar en una materia de tanta relevancia para la vida de un sistema democrático, que se tiene que construir y reconstruir cada día, no termina de agradar a todos los sectores que ejercen el poder político, económico o ideológico, como si desarrollar la capacidad de aprender, conocer, reflexionar y decidir de manera libre y consciente de los ciudadanos resulte ser un factor que, de algún modo, sea un impedimento para sus particulares visiones y objetivos de la vida en sociedad. De ahí que la Educación Ciudadana como actividad humana debe ser entendida y asumida con una visión ética de la política de modo de superar los aspectos que oscurecen la política como una función de equilibrio ciudadano y democrático.

Cualquiera que sea el resultado del Plebiscito del 4 de septiembre, no cabe duda  que tanto la Formación Ciudadana, como la Educación Ciudadana, constituyen un desafío ineludible para la sociedad y el Gobierno para que las actuales y futuras generaciones vivan en una sociedad que supere las desigualdades, de oportunidades a todos, devuelva las confianzas y asegure la paz.

Alejandro Mege Valdebenito.


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